La tragedia humana detrás del incendio de la calle Mount Pleasant
La ciudad de Washington, DC está
cambiando rápidamente. Los edificios de apartamentos de lujo
continúan construyéndose en los barrios de la ciudad y esto llena de
entusiasmo a los que vivimos en el distrito. Pero algunos habitantes
de la ciudad no están siendo beneficiados con estos cambios.
Sobretodo aquellos que sienten que están siendo expulsados de sus viviendas
para favorecer a los adinerados. Esto es justamente lo que sienten los inquilinos del edificio Winston de la calle Mount
Pleasant 3145 en NW, DC, el cual se incendió completamente en la madrugada del 13 de marzo.
Como voluntario de la organizacion
comunitaria Neighbors Consejo, he tenido la suerte de ayudar a las
victimas de esta tragedia y al conversar con ellos, he escuchado
relatos estremecedores. Los nombres que incluyo aquí son ficticios
pero los relatos son verdaderos.
La señora Isabel está furiosa, ella
dice que no es justo que 23 años de duro trabajo se desvanezcan en diez
minutos, “Todo mi esfuerzo estaba ahí y ahora no tengo nada.” Los
hermanos Fernández son de México, y hace 6 años vivían en ese edificio.
Ellos tenían ahorrando dinero y regalos para sus familiares y el
armario de su apartamento era su único banco, y uno de ellos dice haber
perdido más de 8 mil dolares en bienes y efectivo. “El dueño nos
quería sacar hace tiempo, pero habíamos ganado en la corte y ya
teníamos los papeles finales para un acuerdo que nos permitiría vivir
ahí y en mejores condiciones. Todo se ha quemado.” Los cortes de luz,
agua, calefacción, las rajaduras en los muros, las ratas,
los vagos, borrachos y drogadictos durmiendo y orinando en los
pasillos son parte de los problemas que tuvieron que enfrentar a
diario por años. “Nosotros creemos que todo ello era una forma de hacer
que los inquilinos se muden” me dice
uno de los hermanos.
Leslie y Marcelo pronto dejarán de ser
niños, pero ya conocen lo que significa el perder su hogar, el único que habían
conocido y que ahora ya no existe. Leslie lamenta no haber podido salvar
su chanchito para ir al concierto de su grupo favorito este fin de
semana, mientras que Marcelo lamenta haber perdido sus fotos y colecciones de
música. Luz que es la madre de ambos, se siente afortunada por
salvar la vida de sus hijos, pero recuerda que tuvo que regresar al edificio y
patear la puerta de sus vecinos que seguían durmiendo: los ancianos
del costado y que vivían juntos desde hace más de 15 años en ese piso 3 del
antiguo edificio. Marcelo había regresado a buscar a su madre en el
interior del edificio, pero ya no podía ver nada por el humo. Alguien
lo jaló del brazo hacia la calle.
“No sé porque se demoraron tanto en apagar
el incendio,” dice la señora López, y agrega que después de evacuar a
todos los habitantes, los bomberos esperaron bastante tiempo para actuar contra el fuego, e incluso
ellos cerraron una bomba de agua. Recién cuando las llamas cubrieron la
iglesia metodista Meridian Hill, es que los bomberos comenzaron a
echar agua. “Get away! me gritaron cuando les reclamé que echen
agua.”
Daniel y Mercedes viven en el edificio
del costado junto al Winston. Ellos crecieron en ese barrio y hablaron
conmigo en
diferentes ocasiones. Daniel dice que él ha visto estas cosas desde
niño. Los “landlords” o dueños de los edificios, ponen a gente de mal
vivir en los
edificios para hacer que los inquilinos se vallan con miedo, también
descuidan
todo, hasta dejan que entren ratas e insectos. Si eso no funciona,
queman los apartamentos para construir apartamentos de lujo. “Ya estoy
cansado de esto, ya basta de
injusticia.” me dice con pena y rabia en su mirada. Mercedes estaba un
poco ebria cuando habló conmigo y ella venía del trabajo. Me dice que
ha
tenido que tomar un trago porque esta deprimida. “Esto es guerra,
estos gringos no nos quieren en este barrio, este es mi barrio, yo
nací y crecí en este lugar y de aquí solo me sacan muerta.” me dice
antes de
entrar a su edificio.
He escuchado más historias, cada una es
terrible. Pero la tragedia también tiene espacio para las historias
felices. La más impresionante experiencia que estoy siendo testigo, es
la respuesta solidaria de los
inquilinos y los vecinos de Mount Pleasant. Casi todas las víctimas
están hospedadas en
un hotel gracias al gobierno de la ciudad de DC, y ellos van a ser
ubicados pronto en viviendas temporales en la misma zona donde vivían.
José cuida a la bebé de Luisa, aunque ellos antes no se saludaban en el
edificio pero ahora se apoyan, mientras Luisa organiza las donaciones
y la comida para todos. Roberto y María están a punto de ser padres:
“nos conocimos en ese edificio y ahí concebimos a nuestra hijita” me
dicen sonriendo mientras reciben ropa de maternidad,
zapatos y artículos de limpieza personal. Los ancianos son cuidados
por sus vecinos, en los pasillos se escucha inglés, y español; y se ven
rostros de todos los colores. Me doy cuenta del sentido de unidad
y solidaridad que existe entre ellos, todos quieren vencer a la
adversidad.
Los amigos de Neighbors Consejo han
trabajado desde la misma mañana del incendio, todos los días y casi sin
descansar, recibiendo donaciones y repartiéndolas a los inquilinos. Los
vecinos de Mount Pleasant y otras áreas de DC, MD y VA han
llegado con todo tipo de donaciones, y para ayudar a clasificar las
mismas. Desde zapatos hasta abrigos, comida y medicinas, tarjetas de
regalo y dinero en efectivo. Todos sienten que deben ayudar a sus
vecinos. Una pareja de ancianos llegó desde Virginia, ellos dicen que
los inmigrantes están siendo atacados. También han apoyado negocios,
organizaciones, escuelas, grupos, estudiantes, autoridades, etc. Y la
mayoría lo hace
anónimamente.
La labor de apoyo para los vecinos del
Winston vá a durar varios meses, muchos van a tener que recibir ayuda
profesional para superar el trauma de lo vivido. Pero la mejor forma
de ayudarlos será encontrando justicia y a los responsables del
origen de esta tragedia. Si los rumores que se comentan son ciertos,
será una vergüenza para los culpables y para las autoridades que
siguen permitiendo esos crímenes. Pero es necesario que se haga algo para
evitar que los dueños de edificios de apartamentos de alquiler en
Washington, DC continúen expulsando a sus inquilinos ilegalmente.
Una
ciudad sin habitantes es una urbe muerta, pero una ciudad que pone el
dinero
y los negocios por encima de los derechos humanos de sus habitantes,
esta destinada
a ser un triste lugar de superficialidad y de infelices, donde la
violencia y la división entres sus habitantes será inevitable. DC
merece un
futuro mejor. Las fachadas bonitas y balcones pretenciosos no
podrán ocultar las historias dramáticas que se esconden detrás de esas
construcciones. Más
de 200 personas de la calle Mount Pleasant pueden ser testigos de
ello.



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