El dilema de la inmigración
Últimamente me ha estado preocupando el diálogo sobre el tema de inmigración. No pasa un día que no vea un artículo sobre el tema en los medios de comunicación o algún discurso. Lo que me inquieta es la cantidad de mal información y de xenofobia demostrado por muchos.
Actualmente hasta el KKK–una organización fundada en el ano 1866 por Veteranos de la Guerra Civil de Estados Unidos cuya función siempre fue racista apoyando una creencia en la supremacía de la raza blanca (caucásica)—está usando el tema de inmigración para fundir una resurrección de su membresía. Grupos como el KKK (que usan sus plataformas para difundir odio contra diferentes grupos) han incrementado un 33% solo en los últimos 10 años.
Algunos de los puntos de mal información que he escuchado de algunos es que todos los hispanos o latinos son de origen mexicano y han inmigrado ilegalmente. Dicen que no tenemos intención de asimilarnos al país, no hacemos el esfuerzo de aprender el idioma, somos todos criminales, estamos haciendo un complot para tomar el país, solamente estamos interesados en mandar dinero a nuestros países, etc.
La verdad es que este tipo de acusación mal informada ha sido dirigida hacia casi todos los grupos que han inmigrado a este país en números significativos como los irlandeses, los italianos, los judíos, los chinos, los japoneses, etc.
La primera ley de inmigración de este país fue exclusivamente hecha ley para prevenir la inmigración de los chinos en 1882. No digo esto como excusa por el racismo y la ignorancia demostrada por aquellos que hacen estas acusaciones sino para ayudarnos a ponerlo en contexto.
Nuestras leyes de inmigración no funcionan y necesitan ser completamente reformadas. En mi opinión esta administración y las grandes corporaciones han querido que las leyes continúen exactamente como han funcionado hasta hoy.
Las corporaciones de construcción, de limpieza, tiendas, etc. contratan a subcontratistas que ellos saben contratan indocumentados para luego decir que ellos no lo hicieron y no sabían que eran indocumentados.
Sí estoy de acuerdo con una amnistía general y que aquellos que no caigan dentro del periodo de amnistía se les permita ser patrocinado por sus empleadores y paguen una multa.
Sería totalmente imposible hacer una reforma de las leyes sin hacer una amnistía general. Primeramente no tenemos los recursos, los medios o la voluntad necesaria para perseguir, encarcelar y luego a deportar 20 millones de indocumentados —las implicaciones a nuestra economía y las consecuencias a las familias serian catastróficas.
Y dar una amnistía a medias solamente serviría para continuar el sistema que tenemos ahora que básicamente sirve para mantener dos niveles de empleos y honorarios el de los legales y el de los indodumentados—una manera de discriminación a nivel institucional.
Sin embargo también estoy de acuerdo de que se implemente algún tipo de Plan Marshall (el Plan Marshall fue usado en Europa para reconstruir el continente después de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial) para mejorar los sistemas económicos y educativos de México y Centro y Sur América.
Si realmente nos ponemos la meta de aumentar la tasa de ingreso de estos países sus habitantes no tendrán la necesidad de inmigrar ilegalmente.
A la misma vez que México y los países de Centro y Suramérica deben de comenzar una campaña pública para pedirles a sus habitantes que empiecen a crear maneras de resolver los problemas de sus países en vez de buscar salidas en inmigrar.
Además de lo que pueden hacer los gobiernos pienso que también tenemos una obligación lo que estamos aquí. Debemos de hacer un esfuerzo de aprender el idioma, de hacernos ciudadanos lo antes posible y de ejercer el derecho del voto. Es sumamente importante que participemos activamente en la educación de nuestros hijos.
Otro ejemplo de lo que se puede hacer, una amiga de El Salvador de nombre “Gloria” me pidió una máquina vieja de imprimir que yo tenia en la casa. Gloria me explicó que quería la máquina para enviarla a El Salvador para que su hermana comenzara una escuela de computación.
Le dije a Gloria que no solamente se llevara esa maquina sino que yo tenia mas de 10 otras maquinas y computadoras que tenían problemas insignificantes. Gloria las envió a un pequeño pueblo de El Salvador adonde las arreglaron y están siendo usadas para enseñar computación a jóvenes que no hubiesen tenido acceso a computadoras si no fuera por Gloria y su hermana.
Además la hermana de Gloria está recibiendo ingresos de la escuela y no tiene que preocuparse si Gloria no le puede enviar dinero. En vez de solamente mandar las divisas a nuestros países de origen, es tiempo que sean invertidas en pequeños negocios o industrias que puedan asegurar futuros ingresos y dignidad para aquellos que quedaron en nuestros pueblos.
La historia de Gloria me recuerda de una verdad que aprendí cuando era pequeña: ¿qué es mejor? ¿Regarle un plato de comida a tu vecino pobre o enseñarle cómo pescar para que pueda proveer comida continuamente a su familia?
La mayor parte de los inmigrantes que he tenido el privilegio de conocer me han demostrado que solamente desean el sueño americano que es realmente el sueño de toda la humanidad—alcanzar la meta de una vida mejor y ¡respirar el aire de la libertad!



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