¡La guerra! (de las tarifas aéreas)
Las aerolíneas siguen anunciando enormes descuentos a la mayoría de los destinos del mundo y en Latinoamérica la guerra es a muerte. Y las mejores tarifas y todos los descuentos los podemos encontrar a través de las agencias de viajes que continúan prestando el mismo servicio amable y libre de esos riesgos que a veces nos sujetan las comprar por Internet que requieren un pago inmediato con una tarjeta de crédito. Además, las agencias de viajes nos dan por lo menos 24 horas para definir la compra después de hacer la reserva y siempre, siempre hay una voz amable y lista para ayudar cuando el computador con frecuencia rehúsa hablarnos. ¡Weepaaa..! Me salí del tema que me encomendaron.
Ah, volvamos, ¡la guerra de las tarifas aéreas! Podríamos pensar que la causa de todos estos magníficos descuentos son a cuenta de la inmisericorde recesión que nos sigue golpeando o la cruel necesidad que tienen las aerolíneas de sentar a alguien en un asiento a cualquier precio con tal que ese asiento no se convierta en un perecedero artículo al despegue del vuelo 666. Y aunque en parte es cierto, la vaina vuela más alto… o más bajo pa’ los miedosos.
Por un lado tenemos que en general el volumen de pasajeros embarcados ha caído entre un 12 y un 15 por ciento comparado con el año pasado, lo que ha llevado a las aerolíneas a parquear parte de sus flotas de aviones por allá en un desierto en las afueras de la agradable ciudad de Tucson; la combinación de menos aviones en el aire y tarifas económicas nos da la impresión que seguimos en el “boom” aéreo de 2006 y 2007. por otro lado, la llegada al mercado latinoamericano de las llamadas aerolíneas de bajos costos tiene a las más establecidas volando a mil nudos por hora, mientras se preocupan por la salud de sus asuntos contables e inventan toda clase de trucos para reducir costos e incrementar entradas. Y es que la novedad de estas nuevas aerolíneas michicatas hija de la globalización afectan negativamente el factor “ocupación” de las que entre cúmulos, vacíos y turbulencias han volado por décadas sus acreditadas y abanderadas colas por los más altos cielos del nuevo continente.
Entonces no es tanto la recesión como la reacción a, digamos, la agresión. Y si San Espíritu Air ofrece una tarifa de $79 devaluados dólares por transportar a Miguelito de Florida a Locombia, entonces Aerocuando asume la precaria necesidad de igualar dicha tarifa para no quedarse… en la rampa calentando turbinas. Claro que cuando regresamos a los $79 espirituales dólares todas las otras arandelas extras popularmente conocidas como “hidden costs” y la ausencia de los tradicionales servicios a bordo, muchas veces la tarifa de Aerocuando (este nombre es intercambiable) termina siendo, sino igual, ¡mejor! Pero, ciertamente, ¡el ganador es el señor pasajero!
También se da el caso de aerolíneas que estrenan nuevas rutas con bajísimas tarifas destinadas a dar a conocer el servicio y a lograr penetración… de mercado. Este es el caso de la segunda aerolínea más antigua del mundo y su nueva ruta Washington-Bogotá con conexiones a otros destinos hacia el sur. Una feroz competencia se ha desenlazado, principalmente, con la aerolínea del canal de Panamá que tiene como resultado un gran número de pasajeros volando barato, con frecuencia y probablemente más satisfechos que cuando viajan con espiritualidad y todos “centaveados”. No es mi intención ignorar a la Doble A, ni a la dueña del aeropuerto de Atlanta, ni a la mamá de la aerolínea del istmo, empresas también de gran tradición, aportadoras al buen servicio aéreo en el continente pero igualmente obvias y belicosas participantes en la guerra de las tarifas aéreas.
Independiente de los anteriores factores, siempre encontraremos rebajas, descuentos o, como dicen nuestros amigos de Centroamérica, “los especiales”. Lo importante es hacer la reservación con anticipación, tener alguna flexibilidad en las fechas de viaje y ser receptivo al uso de los aeropuertos alternos que muchas ciudades nos ofrecen y que normalmente manejan tarifas más económicas.
Finalmente, tal vez y más importante: todas las tarifas con descuentos están sujetas a algo que en nuestra industria llamamos “capacity control” o sea cuando una aerolínea solo vende unos pocos asientos al precio mágico de, por decir algo, $300. cuando los 10 ó 15 asientos con esa tarifa están agotados, una nueva tarifa en vigencia, digamos $325 y así sucesivamente hasta llegar a niveles estratosféricos como seguramente muchos pasajeros alguna vez han pagado la necesidad de hacer un viaje repentino o de emergencia, situación que a veces es difícil explicarle al Internet o, lo peor, cuando el inventario de asientos en posesión de la empresa cibernética ya ha sido devuelto a la aerolínea. Por esta razón y muchas otras, siempre es conveniente consultar a un buen agente de viajes. ¡Uno que sea bueno!



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