El candelabro

Por Gustavo E. Etkin

Hace años estoy parado en la misma posición.

Ellos creen que porque soy lo que llaman “un candelabro” no me doy cuenta de las cosas ni recuerdo nada.

Porque soy de oscuro metal y estoy siempre con mis antiguas velas, de un amarillo oscurecido por el tiempo.

Es que ellos no saben, ni imaginan, que todas las cosas que los rodean y que usan, como mesas, sillas, cubiertos, zapatos, muebles, camas, todas las cosas son -a su manera- inteligentes. Todas se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor. Y lo recuerdan.

Es que son ingenuos. Siempre creyeron que los únicos que se dan cuenta de las cosas, los únicos que tienen memoria son ellos. Esos mamíferos inteligentes, como se llaman.

Pero yo, en mi inmovilidad, fui testigo de muchas cosas, historias que siempre recuerdo.

Por ejemplo, hace ciento veinte años, me parece, un matrimonio que se separó muy mal y peleado. Él a ella llamándola de “puta”, y ella a él, respondiéndole:- “¡Ojalá me hubiera animado a serlo! ¡Por tu culpa tuve una vida tirada a los perros!”.

Así que tengo una ventaja sobre esos mamíferos. Voy a vivir muchos más años que ellos y seré testigo de muchas otras historias. Cosas que pasarán, como siempre, delante mío.

Como también los asesinatos y cogidas que vi.

Una gorda y un gordo cogiendo encima de una mesa, donde también pasaban el día comiendo. Comiendo y cogiendo.

¿Qué pensará esa mesa, que sentiría con ellos siempre encima? Seguramente lo hablará con sus sillas.

Y las maderas del piso, que siempre recuerdan tantas cosas que escucharon. Y sobre las que a veces cayó sangre. De menstruación y de pescuezo cortado.

Y también esas maderas seguramente deben recordar las veces en que algunas parejas cogieron encima de ellas.

Cuestión que sé que los años pasarán y llegará una vez en que me derretiré en el fuego que abarcará todo éste extraño planeta, o pasaré a estar bajo el agua de todos los mares.

Esa es y será mi vida. La vida de un candelabro.

 

Gustavo E. Etkin escribe desde San Salvador de Bahía, Brasil.

Fuente: ARGENPRESS CULTURAL)

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