Tres poemas

Poemas-iiii

Por Horacio Besasso

 

Mi padre

 

Fue brusco a veces

y algunas otras, temerario.

Tenía convicciones certeras y acendradas.

Odiaba la mentira, la flaqueza y el miedo.

La incierta debilidad que me habitaba,

la transformó en desafío.

Me dejó en soledad a veces,

para que tenga compañía.

Me enseñó que el llanto

es peor que el esfuerzo.

Me dejó así, como estoy hecho.

En el otoño agazapado que palpita,

lo veo a él, tenaz y convencido,

fortaleciendo al débil,

despreciando al altivo.

en este otoño mío.

 

Sereno ya, está mi padre.

 

_________

 

Alhambra

 

Mira mora que te miro

en el portal de la Alhambra

labrado como un encaje.

Donde la piedra es de seda

y el minarete de agua.

 

Mira que te miro y pienso

que tu no puedes mirarme

escondida tras el velo

que no debo arrebatarte.

 

Mira que es bella Granada

extendida a tus espaldas

y el patio de Los Leones

hoy parece custodiarla.

 

Que me hace mal tu mirada

como flecha envenenada.

Ojos tan negros y oscuros

dejan el alma sellada.

 

Mora que te miro mora

y te atrapa mi mirada.

A Buenos Aires te llevo

en un bolsillo del alma.

 

_________

 

A la partida de Hemingway

 

Se leyó como abandono su partida,

como renuncia al desafío cotidiano.

También como rémora de alcohol,

depresión y desconsuelo.

 

El hombre era en verdad gigante,

anchas sus manos y ancho su pecho.

El corazón perplejo cada día

y la soledad en que vivía,

su quimera.

 

Amó como bebió, a borbotones,

calmado en whisky y vino.

Besó hoy para olvidar mañana

y llorar después el desatino.

 

Quizá abrió la ventana,

vio el sol declinar en la balanza.

Un sol final, lunar.

Eternamente.

 

Quizá pensó que no hay camino

más allá del silencio y el hastío.

Quizá apretó entonces la culata,

apoyó el metal en su cabeza,

pensó que no hay más sueños.

 

Sólo ardiente realidad, vacío, nada.

Sólo silencio astral al respirar,

como al nacer, el aire en bocanadas.

 

Apretó el gatillo y antes cerró los ojos.

Ni siquiera escuchó el estallido,

sólo un eco final, como de tango

y cayó hacia atrás, sin un quejido.

 

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