Dia del niño

Por  Teresa Gurza.

Igual que el año pasado y que el antepasado y que el anteantepasado y que muchos otros, es necesario cuestionarnos sobre si es correcto festejar el Día del Niño en México cuando según Unicef,  más de 21 millones de nuestros pequeños compatriotas viven en pobreza o en pobreza extrema; y sólo uno de cada seis, goza una situación de bienestar.

¿Se puede llamar infancia a eso de pasar días y noches con hambre y frío y sin ninguna esperanza de futuro, como les sucede a millones de niñas y niños de zonas urbanas y sobre todo de comunidades indígenas; en las que ocho de cada 10 infantes no tienen posibilidad de saciar su hambre y los más afectados por carencias y marginalidad, son los menores de año y medio?

¿A ser uno de los millones de mexicanitos que crecen sin sus padres, porque se fueron de su tierra buscando mejor vida y poco saben de ellos?

¿O que mueren en el trayecto a Estados Unidos porque los matan o se caen de la Bestia, como le pasó esta semana a un niño hondureño?

¿O que por pobres son presa de  explotadores sexuales, patrocinados por  funcionarios y políticos como hemos visto en varios casos?

¿Se puede festejar esa fecha cuando nos importa tan poco la niñez, que a más de la mitad de las escuelas del país les falta agua, luz, baños, o mobiliario?

¿Cuándo por ignorancia o desdén de los responsables, se llega al absurdo de que escuelas sin energía eléctrica, tengan laptops?

¿Cuándo gobiernos municipales como muchos del estado de Morelos piensan que cumplieron, porque festejaron a los que llaman futuro de la Patria, enviando un bote de 20 litros de helado a cada colonia?

¿Cuándo al mismo tiempo que a nivel federal se cacarea la lucha contra el hambre de la Sedesol, que no sabemos ni en qué va, el DIF de Morelos erradicó los programas de desayuno, almuerzo  o comida en las escuelas?

¿Y que mientras se presume la lucha contra la obesidad, se permita en el interior de los planteles la venta a cinco pesos de hot-dogs, tortillitas con minúsculos rellenos, y platitos con chilaquiles?

“Nos dejaron de apoyar  –me cuenta una de las mamás morelenses–  casi desde que entró el Graco… el DIF ya no da nada para las escuelas y está duro, porque antes desayunaban ahí; pero ahora con mis tres niños estudiando, debo pagar de menos 45 pesos al día para que coman y beban algo… además de útiles, pasajes y lo que les piden a cada rato, que no es poco para una de pobre… imagínese la desesperación en que viven las que tienen más de tres…”

Ella trabaja todo el día en lo que encuentra: jardines, casas, lavando y planchando ajeno; lo que sea, con tal de sacarlos adelante.

Pero siempre su chamba es bastante más extenuante, que el de muchos legisladores; entre los que está por ejemplo, el diputado queretano Juan Alvarado, faltista de muchas sesiones y cínico declarante: “no son faltas, son justificaciones; porque la familia es importante y yo pediría que respetaran la salud de mi padre porque no vengo, porque tengo que atenderlo… y no considero necesario llamar a mi suplente porque cuando asisto, estoy trabajando bien”.

En fin para que seguir con lo que todos sabemos…

Pero no nos sorprendamos entonces, si en unos años aumentan los chavos anarcos que destrozan todo a su paso; los niños-narcos, o los delincuentes de mayores proporciones, a menores edades.

Para poder evitarlo, sería necesario y urgente atenderlos bien desde la infancia; lo que únicamente podrá lograrse, cambiando el rumbo de la economía en beneficio de los que menos tienen.

Y hay que hacerlo ya, porque la indignación crece por momentos y la frustración cunde en cada vez más amplios sectores.

Si lo duda, eche un vistazo a las redes sociales y a lo que por ahí circula; como el correo que demanda que la Ley de Reforma del Congreso ponga fin a las condiciones extraordinarias de las que gozan los legisladores.

 

 

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