Sodio, para amas de casa… y asesinos en serie

Foto: BBC.

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Por Justin Rowlatt

Advertencia: este artículo contiene material que puede herir la sensibilidad de los lectores. Eso es porque vamos a hablar del sodio… y la historia de una de las más notorias asesinas en serie de Italia ilustra elegantemente algunas de las propiedades únicas de este elemento químico.

El sodio es altamente reactivo, lo que significa que este metal blando y plateado nunca se encuentra en su forma pura en la naturaleza. Si usted corta un pedazo de sodio puro -se puede rebanar con un cuchillo- se empañará y deslustrará frente a sus ojos al reaccionar con el aire.

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Esta reactividad y su relativo bajo costo es lo que hacen que el sodio sea tan útil para la industria… y también para los asesinos.

Usted probablemente lo conoce en su forma más común: la sal de mesa, o cloruro de sodio.

Pero la gran materia prima de la industria es un químico distinto: el hidróxido de sodio, más conocido como soda cáustica.

Se obtiene de la sal a través de la electrólisis.

Una corriente eléctrica actúa como lo que el profesor Andrea Sella, del University College London, describe como “un par de tijeras químicas”, cortando los estrechos lazos que unen los átomos de sodio y cloro.

Poderoso

La soda cáustica es extremamente corrosiva.

Hoy en día su principal uso en la industria es descomponer una forma de materia orgánica particularmente robusta: la madera.

 

Macerando madera para hacer papel. Foto: SPL.

Macerando madera para hacer papel. Foto: SPL.

El proceso, inventado por el químico alemán Carl Dahl en la década de los 80 del siglo XIX, torna a la madera en pulpa usando soda cáustica y sulfato de sodio. Se le conoce como “el proceso Kraft”, de la palabra en alemán para “poder”, debido a cuán fuerte es el papel que resulta de él.

Hoy en día, más del 75% de la producción de pulpa utiliza esa técnica.

El efecto agresivo de la soda cáustica también se explota para extraer aluminio de la bauxita y para refinar el petróleo. Pero también tiene varios usos en el hogar: usted quizás lo ha usado para desbloquear cañerías o, junto con hipoclorito de sodio, como lejía o blanqueador.

Es un ingrediente de esos productos pues la soda cáustica es muy efectiva descomponiendo grasas… una propiedad que han aprovechado asesinos en serie como Leonarda Cianciulli.

Sopa macabra

 

Cual cuento de horror, Cianciulli hervía a sus víctimas.

Cual cuento de horror, Cianciulli hervía a sus víctimas.

Nació en 1894 en Montella, sur de Italia. En los años 30 estaba casada y trabajaba en una pequeña tienda en la ciudad norteña de Correggio. Era popular y sus amigos y vecinos la consideraban una persona amable, dedicada a sus cuatro hijos.

Pero también era muy supersticiosa.

Según cuenta la historia, una gitana adivina le advirtió que sus hijos estaban en peligro y Cianciulli se convenció de que la única manera de protegerlos era ofreciendo sacrificios humanos.

Entre 1939 y 1940 invitó a tres mujeres a su pequeña tienda, las drogó, las mató con un hacha y luego se deshizo de sus cuerpos hirviéndolos en soda cáustica.

En sus memorias, describe la “pasta oscura y espesa” que producía el proceso.

“El pozolero” mexicano

Otros han usado su macabro método.

 

"Ella terminó en la olla, como las otras dos", escribió Cianciulli en sus memorias. Foto: Thinkstock.

“Ella terminó en la olla, como las otras dos”, escribió Cianciulli en sus memorias. Foto: Thinkstock.

En 2009, el mexicano Santiago Meza, alias “el pozolero”, confesó haber estado al servicio de un narcotraficante local durante varios años, encargado de deshacerse de los cadáveres de 300 desafortunados miembros de una organización rival. Él también usó soda cáustica.

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Sin embargo, lo que hace a Cianciulli tan excepcional es que ella aprovechó otra de las propiedades especiales del sodio: lo usó para hacer jabón de al menos una de sus víctimas.

“Ella terminó en la olla, como las otras dos”, escribió la asesina en sus memorias, refiriéndose a su última víctima.

“Su carne era gorda y blanca. Cuando se derritió, añadí una botella de colonia y, tras hervirla por un largo tiempo, pude hacer unos de los más agradables jabones cremosos. Le di unas barras a los vecinos y conocidos”.

“La mujer era realmente dulce”, concluyó.

Fue así que Leonarda Cianciulli se ganó el apodo de la Soponificatrice di Correggio, la jabonera de Correggio.

¿Qué hace a los jabones jabonosos?

El hecho de que “nos permiten mezclar aceite y agua”, explica Sella.

“La molécula de jabón se parece un poco a un renacuajo: tiene una cabeza y una larga cola que se menea.

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Este “renacuajo” molecular combina dos propiedades contradictorias. La cabeza con su contenido de sodio es poderosamente hidrófila (tiene afinidad por el agua). La cola ácida y grasosa es hidrófoba (el agua le repele).

Cuando uno sumerge una camiseta con una mancha grasosa en agua jabonosa, las colas de las moléculas de jabón son repelidas por el agua y atraídas por la grasa.

Eso hace que la grasa se suelte y se descomponga en glóbulos microscópicos suspendidos en el agua, cada uno envuelto en moléculas de jabón con sus hidrófilas cabezas apuntando para afuera.

Eso hace del jabón un agente tensioactivo muy efectivo, proveyendo un puente entre materiales que de otra manera no se mezclarían.

El uso más familiar es para lavarse la piel o el cabello pero los tensioactivos basados en sodio también se utilizan para mezclar productos como pinturas y cosméticos.

El asesino blanco

El sodio recién cortado… por ello se ve brillante. Pronto, reacciona con el aire.

Ahora, si está aliviado porque hayamos dejado atrás el desagradable tema del asesinato, le tengo malas noticias.

El sodio es un gran asesino por sí solo, en un contexto completamente distinto: la comida.

El elemento tiene muchos usos en la industria alimentaria. Se usa desde para curar pescado hasta para ablandar aceitunas. Es también la razón por la cual las bebidas efervescentes se llaman “soda”.

En el siglo XIX se manufacturaba soda a menudo disolviendo bicarbonato de soda en agua. Era el bicarbonato, no el sodio, el que ponía las burbujas en la botella, pero el nombre quedó.

Sin embargo, cuando se trata de sodio en la comida, el bicarbonato de sodio y la soda cáustica son meros extras.

El protagonista por excelencia es la sustancia química con la que empecé este artículo: el cloruro de sodio, NaCl,… la sal de mesa.

Con mesura

Pequeñas cantidades de sodio son vitales para el cuerpo. Los iones de sodio son una parte esencial de la química de nuestro cerebro y la hidrofilia del sodio -esa que lo hace tan bueno en los jabones- es explotada por nuestro cuerpo para regular la presión sanguínea.

Un solo ion de sodio puede atraer hasta 25 moléculas de agua, así que entre más sodio tenemos en nuestra sangre, más grande el volumen de fluidos que puede hinchar nuestras venas.

 

La sal es vital, pero puede llegar a ser fatal. Foto: La sal es vital, pero puede llegar a ser fatal. Foto: Thinkstock.

La sal es vital, pero puede llegar a ser fatal. Foto: La sal es vital, pero puede llegar a ser fatal. Foto: Thinkstock.

Así que la sal es buena para nosotros, en cantidades limitadas. Pero a los humanos prehistóricos presuntamente les quedaba difícil conseguir toda la sal que necesitaban en su dieta, pues evolucionamos con un gusto pronunciado por ella.

Hoy en día la sal es barata y abundante, he ahí el problema.

Es muy fácil comer demasiada, o al menos ese es el consenso entre los gobiernos y autoridades sanitarias del mundo.

“La presión arterial es la principal causa de muertes en el mundo, expresada en 60% de derrames y 50% de aflicciones cardíacas”, le dice a la BBC el profesor de cardiología en Queen Mary College London Graham MacGregor, un activista contra el alto consumo de sal.

“Cualquier cosa que suba nuestra presión arterial es muy peligrosa y hay evidencia de que la sal es el factor principal”.

No obstante, hay quienes disputan la evidencia. Morton Satin es el vocero del Instituto de Sal y representa a la industria de la sal estadounidense.

El cuerpo humano controla los niveles de sodio en la sangre muy eficientemente, argumenta Satin, y las preferencias de la gente están sintonizadas con el nivel correcto del consumo de sal.

Al final, hay quienes dicen que todos estos argumentos hay que tomarlos con una pizca de sal.

Fuente: BBC Mundo

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