Hambre, realidad para muchos ancianos latinos en sur de Texas

Promotoras de salud entrevistando a ancianos hispanos en las Colonia de la región fronteriza del sur de Texas. Foto: New America Media.

Promotoras de salud entrevistando a ancianos hispanos en las Colonia de la región fronteriza del sur de Texas. Foto: New America Media.

Por Yolanda González Gómez

DALLAS, Texas–Para Guadalupe y Socorro Lechuga, alimentarse diariamente es ahora el mayor reto de su vejez. “Nos las vemos duras para comer, no nos completamos, sólo a veces cuando nos regalan algunas verduras”, señala el matrimonio de 76 y 62 años de edad, respectivamente.

Residentes en una colonia en el sur de Texas, la pareja de origen mexicano asegura que sólo puede destinar de 10 a 15 dólares por semana a la compra de una despensa mínima que consiste esencialmente de frijol, azúcar y algo de café.

Guadalupe recibe un pago mensual de 700 dólares por seguridad social y no puede aumentar sus ingresos, debido a su incapacidad para caminar por una caída y a que no consigue empleo por su avanzada edad. Su esposa Socorro ahora no trabaja, ya que se dedica a cuidarlo diariamente.

“Con eso apenas alcanza para pagar la renta del terreno donde vivimos, la luz, el agua y la troca que usamos, así que el resto lo usamos para comprar algo de comida”, menciona la pareja que vive en la colonia “Cardenales Delta” en las afueras de Mission, Texas.

Esporádicamente comen papas, sopas envasadas y a veces huevos y pan que vienen en las despensas que les entregan agrupaciones locales, también en ocasiones consiguen vegetales que les regalan los vecinos que los siembran, explica Guadalupe, quien emigró de un pueblo de Zacatecas, México hace varias décadas.

“Mi cheque mensual no alcanza para la comida, ya que éste no sube como aumentan los precios de los alimentos y a mí no me dan trabajo en ninguna parte por mi avanzada edad y porque ahora ando en silla de ruedas”, describe. “No la hacemos con lo que ganamos, pero tratamos”, agrega.

El caso de los Lechuga no es aislado. El número de ancianos hispanos que sufren hambre e inseguridad alimenticia es una realidad evidente en el sur texano, según el estudio sobre “la reducción del hambre entre los ancianos de origen mexicano en las colonias fronterizas de Texas”, el cual fue presentado en la pasada 66va. Reunión Científica Anual de la Sociedad de Gerontología de América en New Orleans.

“En los hogares de ancianos de origen mexicano existen recursos limitados en muchos rubros y generalmente esos recursos se debaten entre pagar servicios o sus medicamentos y otros gastos como los alimentos”, indicó el doctor Joseph Sharkey, quien coordinó el reporte como director de la Red de Investigación sobre Envejecimiento Saludable de Texas y del programa de investigación en Nutrición y Disparidades de Salud de la Universidad de Texas A&M (TAMU, del inglés).

El informe recaba los resultados de una investigación de campo entre 95 ancianos participantes en 14 grupos en cuatro zonas fronterizas del sur de Texas, quienes fueron entrevistados en español sobre las condiciones de su alimentación por promotoras de salud o trabajadoras sociales comunitarias.

Entre los resultados de la investigación se cuentan que los ancianos de origen mexicano en esa región tienen retos y contextos determinantes que dificultan la obtención de alimentos, tales como su edad avanzada para obtener empleo, la barrera del lenguaje en virtud de que muchos son monolingües, incapacidad física, falta de educación o de documentación legal.

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“Los ancianos son resistentes y afrontan su realidad de disparidad social como una situación que es mejor que la que vivían en México en estos casos”, señaló el doctor Sharkey, quien enfatizó que el destino de la inmigración en el sur de Texas es semejante en el nivel de pobreza a otras regiones de los estados de Georgia o New York.

Del grupo de ancianos encuestados, el 91.6% de ellos nació en México, el 55.8% están casados y el 63.2% percibe un ingreso menor a 700 dólares mensuales. En cuanto a su situación alimentaria, el 56.8% de ellos recibe estampillas de comida, el 35.8% recurre a bancos de alimentos o a su iglesia y el 24.2% toma comidas gratuitas para personas de edad avanzada.

“La mayoría de los ancianos encuestados provienen del campo y muchos solían sembrar sus vegetales y criar sus animales como fuente de alimentación, además de recolectar comida silvestre en sus lugares de origen y ahora ya no pueden hacerlo aquí”, agregó.

Explica el académico que en las llamadas colonias ubicadas a lo largo de la zona fronteriza del sur de Texas se han llevado a cabo programas para usar camas elevadas para la siembra de legumbres que puedan intercambiar en sus comunidades.

Entre las acciones comunitarias que difunden para mejorar el suministro de alimentos y evitar el hambre entre los ancianos es la instrucción sobre el manejo y adquisición de los alimentos, instrucción sobre la temperatura adecuada en refrigeradores, educación sobre la compra de comida económica y nutritiva, mencionó el doctor Sharkey.

La investigación emprendida por el Doctor Sharkey tuvo el antecedente de otro estudio reciente, en el que se encuestó a 140 mujeres de edad avanzada y resultó que el 68% de ellas experimentaban hambre en las colonias de la frontera texana.

Texas es el segundo estado con mayor índice de inseguridad alimenticia de Estados Unidos y el estado donde hay alrededor de 9 millones de hogares en riesgo de padecer hambre, según un reporte del Departamento de Agricultura estadounidense.

No sólo eso. Texas también tiene los dos condados con la pobreza más extrema a nivel nacional, Cameron e Hidalgo, ambos localizados en la franja fronteriza texana y donde se registra un índice de 41% de pobreza en sus residentes mayoritariamente hispanos, de acuerdo a una investigación de la Universidad de Texas en Austin sobre la pobreza estatal.

Del total de la población en niveles de pobreza, el 53% de ellos son de origen hispano, según el mismo estudio, el cual también establece que en los asentamientos llamados colonias está concentrada la mayor parte de las comunidades con extremadamente bajo ingreso a lo largo de la frontera entre Texas y México.

El Consejo Nacional Hispano para Adultos Mayores (NHCOA, por sus siglas del inglés) ha puntualizado que en Estados Unidos muchos ancianos sufren hambre e insuficiencia alimentaria, como lo señaló la presidenta de dicha organización, Yanira Cruz, en la pasada cumbre anual, quien dijo que “muchos abuelos se van a dormir con el estómago vacío”.

Se calcula que el índice de pobreza entre la población de ancianos hispanos subió a un 17.9%, según un informe de NHCOA y de acuerdo a cifras del Instituto de Política Económica, el 70% de los ancianos de origen latino son “económicamente vulnerables” y el 30% de los hispanos de edad avanzada enfrentan hambre o insuficiencia alimenticia.

Para Guadalupe y Socorro Lechuga, el hambre se ha vuelto una amenaza real y alimentarse diariamente es ahora el mayor reto de su vejez. “Nos las vemos duras para comer, no nos completamos, sólo a veces cuando nos regalan algunas verduras”, señala el matrimonio de 76 y 62 años de edad, respectivamente.

Residentes en una Colonia en el sur de Texas, la pareja de origen mexicano asegura que sólo puede destinar de 10 a 15 dólares por semana a la compra de una despensa mínima que consiste esencialmente de frijol, azúcar y algo de café.

Guadalupe recibe un pago mensual de 700 dólares por seguridad social y no puede aumentar sus ingresos, debido a su incapacidad para caminar por una caída y a que no consigue empleo por su avanzada edad. Su esposa Socorro ahora no trabaja, ya que se dedica a cuidarlo diariamente.

“Con eso apenas alcanza para pagar la renta del terreno donde vivimos, la luz, el agua y la troca que usamos, así que el resto lo usamos para comprar algo de comida”, menciona la pareja que vive en la Colonia “Cardenales Delta” en las afueras de Mission, Texas.

Esporádicamente comen papas, sopas envasadas y a veces huevos y pan que vienen en las despensas que les entregan agrupaciones locales, también en ocasiones consiguen vegetales que les regalan los vecinos que los siembran, explica Guadalupe, quien emigró de un pueblo de Zacatecas, México hace varias décadas.

“Mi cheque mensual no alcanza para la comida, ya que éste no sube como aumentan los precios de los alimentos y a mí no me dan trabajo en ninguna parte por mi avanzada edad y porque ahora ando en silla de ruedas”, describe. “No la hacemos con lo que ganamos, pero tratamos”, agrega.

El caso de los Lechuga no es aislado. El número de ancianos hispanos que sufren hambre e inseguridad alimenticia es una realidad evidente en el sur texano, según el estudio sobre “la reducción del hambre entre los ancianos de origen mexicano en las Colonias fronterizas de Texas”, el cual fue presentado en la pasada 66va. Reunión Científica Anual de la Sociedad de Gerontología de América en New Orleans.

“En los hogares de ancianos de origen mexicano existen recursos limitados en muchos rubros y generalmente esos recursos se debaten entre pagar servicios o sus medicamentos y otros gastos como los alimentos”, indicó el doctor Joseph Sharkey, quien coordinó el reporte como director de la Red de Investigación sobre Envejecimiento Saludable de Texas y del programa de investigación en Nutrición y Disparidades de Salud de la Universidad de Texas A&M (TAMU, del inglés).

El informe recaba los resultados de una investigación de campo entre 95 ancianos participantes en 14 grupos en cuatro zonas fronterizas del sur de Texas, quienes fueron entrevistados en español sobre las condiciones de su alimentación por promotoras de salud o trabajadoras sociales comunitarias.

Entre los resultados de la investigación se cuentan que los ancianos de origen mexicano en esa región tienen retos y contextos determinantes que dificultan la obtención de alimentos, tales como su edad avanzada para obtener empleo, la barrera del lenguaje en virtud de que muchos son monolingües, incapacidad física, falta de educación o de documentación legal.

“Los ancianos son resistentes y afrontan su realidad de disparidad social como una situación que es mejor que la que vivían en México en estos casos”, señaló el doctor Sharkey, quien enfatizó que el destino de la inmigración en el sur de Texas es semejante en el nivel de pobreza a otras regiones de los estados de Georgia o New York.

Del grupo de ancianos encuestados, el 91.6% de ellos nació en México, el 55.8% están casados y el 63.2% percibe un ingreso menor a 700 dólares mensuales. En cuanto a su situación alimentaria, el 56.8% de ellos recibe estampillas de comida, el 35.8% recurre a bancos de alimentos o a su iglesia y el 24.2% toma comidas gratuitas para personas de edad avanzada.

“La mayoría de los ancianos encuestados provienen del campo y muchos solían sembrar sus vegetales y criar sus animales como fuente de alimentación, además de recolectar comida silvestre en sus lugares de origen y ahora ya no pueden hacerlo aquí”, agregó.

Explica el académico que en las llamadas Colonias ubicadas a lo largo de la zona fronteriza del sur de Texas se han llevado a cabo programas para usar camas elevadas para la siembra de legumbres que puedan intercambiar en sus comunidades.

Entre las acciones comunitarias que difunden para mejorar el suministro de alimentos y evitar el hambre entre los ancianos es la instrucción sobre el manejo y adquisición de los alimentos, instrucción sobre la temperatura adecuada en refrigeradores, educación sobre la compra de comida económica y nutritiva, mencionó el doctor Sharkey.

La investigación emprendida por el Doctor Sharkey tuvo el antecedente de otro estudio reciente, en el que se encuestó a 140 mujeres de edad avanzada y resultó que el 68% de ellas experimentaban hambre en las Colonias de la frontera texana.

Texas es el segundo estado con mayor índice de inseguridad alimenticia de Estados Unidos y el estado donde hay alrededor de 9 millones de hogares en riesgo de padecer hambre, según un reporte del Departamento de Agricultura estadounidense.

No sólo eso. Texas también tiene los dos condados con la pobreza más extrema a nivel nacional, Cameron e Hidalgo, ambos localizados en la franja fronteriza texana y donde se registra un índice de 41% de pobreza en sus residentes mayoritariamente hispanos, de acuerdo a una investigación de la Universidad de Texas en Austin sobre la pobreza estatal.

Del total de la población en niveles de pobreza, el 53% de ellos son de origen hispano, según el mismo estudio, el cual también establece que en los asentamientos llamados Colonias está concentrada la mayor parte de las comunidades con extremadamente bajo ingreso a lo largo de la frontera entre Texas y México.

El Consejo Nacional Hispano para Adultos Mayores (NHCOA, por sus siglas del inglés) ha puntualizado que en Estados Unidos muchos ancianos sufren hambre e insuficiencia alimentaria, como lo señaló la presidenta de dicha organización, Yanira Cruz, en la pasada cumbre anual, quien dijo que “muchos abuelos se van a dormir con el estómago vacío”.

Se calcula que el índice de pobreza entre la población de ancianos hispanos subió a un 17.9%, según un informe de NHCOA y de acuerdo a cifras del Instituto de Política Económica, el 70% de los ancianos de origen latino son “económicamente vulnerables” y el 30% de los hispanos de edad avanzada enfrentan hambre o insuficiencia alimenticia.

Yolanda González Gómez escribió esta nota informativa como parte de la Beca para periodistas sobre envejecimiento de la Fundación Metlife, un proyecto de la Sociedad de Gerontología de América y New America Media.

HuffPost Voces/New America Media, News Feature,

 

 

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