Tres tipos felices

 

Paper Mache Unfinished Comedy & Tragedy Set

Por Erasmo Magoulas

Estacioné mi automóvil cuando eran las 5 y 30 exactas de la mañana. En el parking había otros tres, sin una sola partícula de polvo sobre sus superficies. Encerados, brillantes bajo la luz amarilla de mercurio. Esa semana me tocaba el turno diurno, que comenzaba a las 6. Ese día me esperaban tres mil cuatrocientas pavas.

Mike, Dan y Jeff ya se habían duchado y estaban sentados sobre los bancos de los vestuarios. Cada uno con un termo en la mano y el capuchón como taza, en la otra, sirviéndose café. Discutían sobre el último encuentro de hockey, entre los Montreal Canadians y los Maple Leaf de Toronto. Los Senators de Ottawa están muy caídos. Mientras que los Oilers de Edmonton van repuntando.

Entré y pronuncié un sonido onomatopéyico. Si hubiera dicho “Good morning” no me hubieran respondido. Los tres replicaron con sonidos similares, sin mirarme. Me duché y los tres seguían hablando. El tema era las horas trabajadas en la quincena. Mucho overtime no conviene, se lo llevan los impuestos, que a su vez se lo chupan los inmigrantes que vienen a vivir del welfare. Enseguida giró hacia el nuevo caño de escape cromadamente vistoso, que Dan compró para su camioneta Cherokee y los neumáticos especiales con llantas de tonalidad azul cromada que Jeff consiguió en sale en Canadian Tire.

Los tres ojeaban tres Toronto Sun del día anterior, que habían quedado en los bancos del vestuario, como desperdicio del turno de la noche. Tercera página, “La Chica del día”, foto a cuerpo entero, pose supuestamente sensual super-archi-ultra kitsch. Una polaca o ucraniana de 18 años, primera generación de canadienses. Le gusta la ropa deportiva, los autos lujosos y los hombres gentiles, preferiblemente por encima del metro ochenta.

La culpa del déficit presupuestario la tienen los inmigrantes. La mendiga de Bloor y Dundas es multimillonaria. La falta de fuentes de trabajo es consecuencia de una política inmigratoria muy generosa. Los sin techo afean el microcentro de Toronto.

Mike, Dan y Jeff me miran con una mezcla de desprecio, conmiseración y odio. Yo miro para otro lado.

Fuman Players medium y Players light. El humo es empalagoso y no sabe a tabaco. Yo saco mi cajetilla de Gitans sin filtro, son una bomba de fuertes, pero después de todo, esto huele a lo que anuncia la marquilla. Me miran como un intruso. Fruncen las narices y se paran ya con los mamelucos puestos y las botas de trabajo firmemente acordonadas. Back to work. Galpon A-F 32. Tres mil cuatrocientas pavas para inseminar, en 12 horas de trabajo. Mike que es el team leader, abre el portón corredizo. El galpón está iluminado por cientos de lámparas de luz fría. El olor amoniacal de los orines es tan fuerte que irrita las fosas nasales. Se hace difícil respirar ahí dentro. Me toma entre dos a tres minutos acostumbrarme a ese olor. Ellos entran como si lo hicieran a una pastelería. Gozan con ese trabajo. Los envidio. Los graznidos son ensordecedores. También se hace difícil hablar. Ellos gritan y se divierten. Tienen sus códigos, simples, llanos, monótonos. Son absolutamente previsibles. Tomo un escobillón. Dan me acompaña armado con otro. Vamos hacia el extremo opuesto del galpón. Abrimos los corrales, uno, dos, tres, cuatro. Comenzamos a arriar a las pavas. Eso tiene su técnica, no se puede hacer de cualquier manera. No hay que apresurarlas. El escobillón las aterra. Solo de verlo se inquietan y el stress causa baja en el éxito de la inseminación. Dan las patea de vez en cuando. Bitches, les dice.

Tremenda paradoja, me digo. Lo que darían estas pavitas por una pisadita de pavo aunque más no sea, una vez cada tanto. Las encerramos a todas en el pre-corral de inseminación.

Mike y Jeff estaban con los pavos. Ellos están encerrados en otro lugar del galpón. Cada pavo tiene su corral individual. Mike tiene en la mano una carpeta y va chequeando los pavos y hace marcas en la carpeta. Los pavos son de pedigree, bellos, esbeltos pero insoportablemente imbéciles. De tanta masturbación, será, pienso.

El T-425, T-776, T-111, T-554 y el T-426.

Comenzamos por el T-425. Me arrodillo y comienzo a perseguirlo gateando detrás de él. Tackle al mejor estilo última defensa, dentro de la línea de las 20 yardas, que ni el mismísimo Gavin Hastings lograría. Jeff que es el experto masturbador comienza a acariciar el pubis del pavo. Hay que calentarlo, dice. Lo frota cada vez con más intensidad. Yo le tengo agarrado al animal por las patas, mientras Dan acerca el tubito de goma a la cloaca. Aspira desde el otro extremo, que tiene de por medio un recipiente de doble compartimento. Comienza a eyacular, una, dos, tres gotitas blanco pálidas le salen de la cloaca. Dan las busca guiando el extremo del tubito y aspirando. Las mete dentro del recipiente. Suelto al pavo, que se yergue sobre sus dos patas con dificultad, se tambalea, parece borracho.

Vamos al corral T-776…

Tenemos como 5 cc de semen de pavo a 110 a la décima potencia de espermatozoides por cc, calcula Mike, diluimos en 470 cc de agua destilada…perfecto, dice, nos sobra. Break time, descanso de media mañana. Salimos a un banco de jardín que está fuera del galpón. Se sientan con los termos en la mano. Sacan las cajetillas de Players al unísono, nadie invita a nadie. Cada uno enciende con su encendedor.

-¿Olvidaste de traer tu café?

-Sí, lo olvide.

-Lo lamento.

Da lo mismo que hubiera sido Dan o Jeff el interesado por mi falta de memoria, pero fue el jefe.

El jefe siempre se debe preocupar por sus subordinados. Aunque los vea ahogarse en un pantano, la ética cuáquera no les permite hacerse los desentendidos y dejar de decir, too bad, lo que traducido sería, “lo lamento”.

A pesar de lo ridículamente humillante de la situación, me sentí reconfortado. Jeff dice que odia los autos japoneses. Los verdaderos automóviles son los americanos. Grandes, muy grandes y poderosos.

Dice que la hora del día, que más disfruta, es cuando se sube a su auto por la mañana, para venir al trabajo y cuando a las 6 de la tarde se zambulle nuevamente en él, para hacer el mismo camino de vuelta.

-Adivinen cuanto pagué por el auto. Diez de los grandes y saben, ya le llevo puesto encima, más de 20 mil.

-¿Más de 20 mil? Mike perplejo.

-Sí, sí, mucho más de 20 mil. Solo por el audio pagué 7 de los grandes.

Me preguntan por mi auto. Les digo que pagué 2 mil ochocientos, y que cada vez que voy a la estación de servicio le lleno el tanque de combustible y le hago religiosamente los cambios de aceite.

Fruncen las narices.

-¿Es un japonés, no es cierto? Me siento interrogado.

-Nissan, sí, sí, es un japonés… ¿no? Contesto.

Volvemos al trabajo. Mike se sumerge dentro del pozo. Le queda el torso fuera. Jeff lo acompaña. Yo voy al pre-corral y Dan al corral. Le voy pasando de a cinco pavas por entre una tranquerita especial. Jeff las recibe de a una. La sujeta por las patas y deja la cloaca a disposición de Mike, que con la pistola de inseminación le introduce 15 microlitros de la solución.

Las pavas comienzan a cagarse y orinarse en Mike y Jeff. Los dos tienen las mangas del mameluco chorreadas de ese pastiche semilíquido, semisólido. Las manchas son verdes, marrón claras y hasta amarillas. El olor es nauseabundo. Los dos se divierten como niños. De pronto una pava con excelente puntería, lanza un disparo con precisión de misil Tomahawk, que impacta en la frente de Mike. Parece que el misil llevaba una ojiva nuclear. Se produce una reacción en cadena. Mike insulta a Jeff por colocarle la pava con la cloaca, apuntándole. Jeff tiene que explicarle que fue un accidente. A su vez Jeff, descarga responsabilidades, arguyendo que los culpables éramos nosotros, por apurar a las pavas y estresarlas.

-Ustedes, hijos de puta, más despacio. Nos grita.

Dan me mira como si yo fuera el responsable.

Yo me acuerdo del negro spiritual: “Please, Mr. Foreman, slow down the production line…” Por favor, Señor Capataz, más despacio con la línea de producción…

Lunch time. Media hora para el almuerzo, que generalmente se prolonga a 45 minutos. Tomar bebidas alcohólicas durante las horas de trabajo está prohibido, pero esta gente son unos transgresores. Por lo menos se sienten transgresores del sistema. El sistema es un mecanismo de precisión, una joya de la relojería suiza. Sacan las latas de cerveza de sus lunch boxes, yo hago lo mismo.

-¿Qué mierda es lo que bebes? Me pregunta Jeff

-Doble XX. Le respondo

-¿Qué tipo de cerveza es esa?

-Cerveza mexicana.

-¿Y a ti te gusta?

-Sí. ¿Tú la has probado?

-No, nunca, y nunca lo haré.

Jeff sacó una lata de Labat y Mike y Dan sus Molson dry. Los tres comenzaron a ponderar la cerveza canadiense. Dijeron que no podrían tomar otra. Yo les dije que había una cerveza canadiense de destilación semiartesanal, la Sleeman, que era muy buena, no tenía aditivos químicos.

Me miraron y siguieron conversando entre ellos como si no hubiera abierto la boca. Mike comentó que era capaz de bajarse una bandeja de 24 latas en un partido de fútbol americano, y si jugaban los Bills de Hamilton el número podía ser superado.

-El televisor, dijo, me trae mucha sed. Imagínense, los sábados y domingos no me levanto de mi sillón, que lo tengo en la primera fila, frente a la pantalla.

-¡Que manera de gozar los sábados y domingos! Fútbol, hockey y la Guerra del Golfo. Esa Tormenta del Desierto es algo espectacular.

Dan regresa, de la oficina de la Hybrid Turkeys Incorporated, con tres ejemplares del Toronto Sun. Noticias frescas. Tercera página, hoy la “Chica del día” lleva apellido italiano, tal vez sea tercera generación de canadienses. Voluptuosa, quiere ser modelo, sus intereses intelectuales, son coleccionar la revista Vogue y los libros de auto ayuda. En cuanto al sexo fuerte, dice que si maneja un Ferrari Diábolo mucho mejor, pero que no es materialista para nada. Yo pienso, que si algo tiene la niña, entre otras cosas, es bien afilada la dialéctica. Cuarta, quinta y sexta páginas, política nacional. Mike Harris recorta presupuesto para las universidades. Las corporaciones de Ontario pagarán menos impuestos. Los hospitales de Ontario están atestados de pacientes en los pasillos. Esperan turnos de tres meses para las salas de cirugía. El articulista comenta que esto es debido a que la medicina está maniatada por el Estado. Hay que privatizarla, dice el articulista y los problemas se solucionarán.

-¿Cuál es tu nacionalidad? Me pregunta Dan.

-Argentina. Le contesto.

-Ese es un país comunista, ¿no es cierto?

-No, para nada. Hubo una dictadura fascista y actualmente impera un fascismo financiero y transnacional.

-¿Qué es eso?

-Bueno…lo opuesto a ser un país comunista, supongo.

-Entonces…eso esta bueno. ¿Por qué te fuiste de allí?

Pensé en los recursos de mis tres años de ciencias políticas y en mi interlocutor, y decidí levantarle los hombros.

Páginas 16, 17 y 18, política internacional, como la uno, con foto gigante de despegue desde la explanada de un portaviones estadounidense. Destino Saddam Hussein.

Guerra del Golfo. Operación Tormenta del Desierto. Los nombres se los pone Estados Unidos, nunca supimos si Saddam estuvo de acuerdo. Los tres miran las fotos, miran lo mismo, ven lo mismo, piensan lo mismo, dicen lo mismo.

-Les estamos dando duro a los Pakis. Dice Dan emocionado.

-No son Pakis, imbécil. Le replica Mike.

-¿Qué son Mike?

-Iraquíes.

-Son lo mismo, Mike. Mike duda por unos segundos.

-Oh, tú, cretino. Claro que no son lo mismo. Pero igual se lo tienen merecido.

Seis de la tarde. Vuelta a los vestuarios. Duchas reconfortantes. Mike, Jeff y Dan suben a sus autos. Ahí van tres tipos felices.

Erasmo Magoulas escribe desde Canadá

Fuente: ARGENPRESS CULTURAL

 

 

 

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