Cómo Reino Unido enseñó a los dictadores brasileños a torturar

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Por Emily Buchanan

En vísperas de su inauguración, el Mundial de Fútbol acapara la atención de muchos. Pero en su sede hay brasileños que viven bajo la sombra de un pasado, con descubrimientos que han ido delineando más claramente cuál fue la situación durante el régimen militar que rigió desde 1964 hasta 1985. La BBC encontró evidencia de que Reino Unido colaboró activamente con los generales y los entrenó en sofisticadas técnicas de interrogatorio.

La dictadura que duró 21 años en Brasil es menos conocida en el extranjero que la de Argentina o Chile, pero también fue brutal. Cientos murieron y miles fueron encarcelados y torturados.

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Una de las torturadas, una guerrillera izquierdista, es hoy presidenta de la nación, Dilma Rousseff, quien estableció una Comisión de la Verdad para desenterrar hechos del pasado.

A medida que las víctimas y unos pocos militares presentan evidencia, ha emergido el papel secreto de Reino Unido.

Primero golpes, luego sensaciones

Para principios de la década de 1970, los gobernantes brasileños estaban envueltos en una amarga lucha contra guerrilleros izquierdistas. Se reprimió a dirigentes sindicales, estudiantes, periodistas y casi cualquiera que expresara alguna opinión opuesta.

Alvaro Caldas formaba parte de un grupo comunista cuando fue arrestado en 1970. Lo encerraron en un cuartel de la policía militar en Río de Janeiro durante dos años.

Fue sujeto a golpizas severas, choques eléctricos y la notorio “percha del loro”, en la que se amarra a la persona a un poste horizontal y se la deja colgada durante horas.

Cuando lo liberaron, abandonó la política y se dedicó a trabajar como periodista deportivo. Sin embargo, en 1973 lo volvieron a arrestar. Lo llevaron al mismo cuartel pero el interior estaba completamente transformado.

“En esta ocasión, la celda estaba limpia y estéril, con un hedor nauseabundo, enfermizo. El aire acondicionado estaba muy frío. La luz estaba prendida permanentemente, así que yo no tenía idea de si era de día o de noche. Y había sonidos que alternaban entre muy fuertes y muy suaves… no podía dormir nunca”.

Caldas dice que la emoción dominante era el miedo. Periódicamente le cubrían la cabeza y lo sacaban para interrogarlo.

Sentía que el objetivo era desestabilizar su personalidad para que confesara algo que no había hecho.

No era tortura física, sino presión psicológica intensa.

“Por suerte, sólo estuve ahí una semana. Si hubieran sido dos o un mes, me habría enloquecido”, dijo a la BBC.

 

Paulo Malhaes, muerto recientemente, confesó que torturó, mató y ocultó cadáveres.

Paulo Malhaes, muerto recientemente, confesó que torturó, mató y ocultó cadáveres.

“El sistema inglés”

Este nuevo método de interrogatorio llegó a conocerse como “el sistema inglés”.

Evidencia recopilada por la Comisión de la Verdad aclara por qué.

Uno de los más temidos torturadores, el coronel Paulo Malhaes, dio 20 horas de testimonio. Llegó en una silla de ruedas, con aspecto frágil. Confesó haber matado y mutilado a sus víctimas. Además expresó gran admiración por la tortura psicológica que, a él le parecía, era más efectiva que la fuerza bruta, especialmente cuando se trataba de convertir a un militante de izquierda en infiltrado.

“En esas cárceles con puertas cerradas, uno puede modificar el calor, la luz, todo adentro de la prisión… la idea vino de Inglaterra”.

Malhaes admitió en privado a la fiscal que él mismo había ido a Inglaterra para aprender técnicas de interrogatorio que no dejaran marca física.

La fiscal, Nadine Borges, reveló la conversación que tuvo con él.

“Para él lo mejor era la tortura física. Cuando una persona estaba en un lugar secreto, era más rápido obtener información. Él había estudiado también en otras partes pero dijo que Inglaterra era el mejor lugar para aprender”.

Malhaes fue asesinado en un asalto en su casa, poco después de dar ese testimonio.

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Los maestros

El profesor Glaucio Soares entrevistó a más de una docena de generales de los altos mandos militares en Brasil en la década de 1990. Muchos de ellos le dijeron que enviaban a oficiales a Alemania, Francia, Panamá y Estados Unidos a aprender métodos de interrogatorio, pero alababan a los británicos por tener el mejor.

“Los estadounidenses enseñan, pero los ingleses son los maestros para arrancar confesiones bajo presión, por medio de la tortura, de todas las maneras”, comentó el general Ivan de Souza Mendes, en una entrevista que aparece en su libro “Años de plomo”, que coescribió con otros dos académicos brasileños.

“Inglaterra es el modelo de la democracia. Ellos dan cursos a sus amigos”, agregó De Souza Mendes.

El general Aoyr Fiuza de Castro, por su parte, expresó que los británicos recomendaban interrogar al prisionero cuando estaba desnudo, pues lo hacía sentir angustiado y deprimido, “un estado favorable para el interrogador”.

Cinco puntos

Aparentemente, se consideraba que Reino Unido sabía de prácticas efectivas, pues había enfrentado a una insurgencia muy seria en Malasia hasta 1960 y luego había refinado sus técnicas en Irlanda del Norte.

El método, que utiliza privación sensorial junto con alto estrés, se conoce como las “Cinco técnicas”:

Parar al sujeto contra una pared durante horas;

Encapucharlo;

Someterlo al ruido;

No dejarlo dormir;

Darle muy poca comida y bebida

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Muchos argumentaron que estas técnicas equivalían a tortura y fueron oficialmente prohibidas por el gobierno británico en 1972, después de desatarse un escándalo porque se practicaban con prisioneros del Ejército Republicano Irlandés (IRA).

Pero en Brasil, esos métodos psicológicos para interrogar satisfacían una necesidad de los militares.

El pésimo historial de derechos humanos del gobierno estaba empezando a atraer publicidad adversa en el mundo y las viejas formas de tortura estaban matando a demasiadas víctimas.

Un método que no dejara marcas y que fuera efectivo para extraer información de los prisioneros era exactamente lo que querían los generales. Podían combinar esas técnicas con los conocimientos que habían conseguido en otras partes.

En ambos países

Al parecer, no sólo hubo oficiales del ejército brasileño que fueron a Reino Unido a tomar cursos, sino que agentes británicos fueron a Brasil a enseñar.

Un expolicía, Claudio Guerra, contó a la BBC que dictaban clases en los cuarteles de la policía militar de Río sobre cómo perseguir a una persona, cómo pinchar teléfonos y cómo usar las celdas de aislamientos.

Él vio a esos agentes cuando iba a recoger los cadáveres de quienes habían sido torturados a muerte por interrogadores que usaban el antiguo sistema de aplicar presión física.

Ninguno de los militares o policías que jugaron un papel en el régimen ha sido llevado ante la justicia.

 

 

Manteniendo los estándares

Hay más pistas sobre la cercana relación entre los militares británicos y brasileños en el Archivo Nacional en Kew, Londres.

En agosto de 1972, el entonces embajador británico, David Hunt, escribió una carta secreta a un oficial en la que, refiriéndose al hecho de que que los brasileños estaban adoptando métodos de interrogatorio más sofisticados, decía:

“Como usted sabe, creo, en el pasado han sido influenciados por nuestros consejos y sugerencias, pero esta conexión ya no existe… es importante que el conocimiento de este hecho sea restringido”.

Luego, en vísperas de que el presidente Ernesto Geisel visitara Reino Unido en 1976, hay unas referencias algo más indirectas a la reforma de la tortura. Una carta habla de “estándares aceptables de interrogatorio (ej: del tipo permitido en Irlanda del Norte)”.

En un documento titulado “Tortura en Brasil” y marcado “confidencial” se habla de la mala prensa que el Ejército estaba recibiendo y cómo había introducido nuevas técnicas basadas en métodos psicológicos.

“El Primer Ejército en Río está usando ahora las nuevas técnicas, siguiendo el ejemplo de los británicos, según dijo el Comandante del Ejército”.

Revisando la correspondencia de la cancillería británica, queda claro que en esa época los intereses comerciales eran primordiales y el historial miserable de Brasil respecto del respeto a los derechos humanos se minimizaba.

Alan Munro, cónsul general en Río a mediados de la década de 1970, sostiene que no estaba personalmente enterado de la colaboración en temas de interrogatorio.

“Si los brasileños estaban buscando técnicas de interrogatorio usadas por las autoridades británicas, el ejemplo habría sido los primeros años en Irlanda del Norte”, opina. “Eso tendría que haber sido una iniciativa brasileña y, en el sentido de que pudiera reducir los métodos más brutales, habría sido un paso en la dirección correcta”.

No obstante, poner poderosos métodos de interrogatorio en manos de hombres para quienes la tortura era una rutina, no es algo considerado como “un paso en la dirección correcta” en Brasil.

El jefe de la Comisión de la Verdad en Río, Wadih Damous, sabía desde hace mucho del apoyo y entrenamiento que EE.UU. daba al régimen, pero le indigna la idea de que los británicos estuvieran involucrados con la tortura psicológica.

“Siempre es chocante enterarse de que una democracia tan importante, tan antigua, colaboró con una dictadura”, lamenta.

Le pedí una respuesta oficial a la cancillería británica. Un vocero dijo que no podía comentar sobre el trabajo de gobiernos previos, pero que la política gubernamental actual asegura que cualquier solicitud de asistencia de seguridad y justicia en el extranjero se ajuste a las obligaciones del país en lo que respecta a los derechos humanos.

Fuente: BBC Mundo

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