Como el ocote malo, solo en manojo enciende

Por Teresa Gurza.

Quienes integran la multitud que grita “puto” en los estadios, son congruentes; actúan conforme a la violencia que viven todos los días y de acuerdo con la camiseta ÓDIAME MÁS, que suelen vestir cuando no usan la de la Selección.

A los que nos molesta su grito somos los raros y los menos; pero es una lástima que en canchas internacionales, donde podríamos ser uno, el grito nos separe.

La conducta de esos machos, contrasta con la ternura de los niños holandeses que vestidos de naranja y portando la bandera mexicana nos desean suerte para el domingo; y llega al extremo de pegarles a sus parejas, lo que de acuerdo con un estudio difundido por El Universal, ocurre sobre todo cuando juega México.

La estadística agrega que es en las colonias más futboleras, donde los fines de semana se registran más denuncias por violencia familiar.

Y luego nos preguntamos de donde procede el bullying en las escuelas.

Pero ni gritos ni violencia disminuirán, si no cambian las causas que los llevan a actuar de esa manera, si no se modifica su mundo de frustraciones, y si seguimos educando niños sin espíritu deportivo.

Entre otros muchos factores negativos para que esos modos, está la televisión; hay consumismo, valores trastocados, agresiones, cachetadas y manotazos, hasta en los programas cómicos; mofas a los contrarios en los deportivos; y los argumentos de las telenovelas, privilegian asesinatos, traiciones, humillaciones, infidelidades, racismo, y homofobia.

Todo eso produce esquemas emocionales que se trasladan a los estadios; y se convierten en insultos que llegan a verse tan naturales, que miles se enojan porque a la FIFA no le gustan.

Hay en México cuestiones serias que no parecen alterar a la mayoría; pero que también van conformando un clima social hostil que se refleja en los juegos y en esos números que indican que menos del 30 por ciento de los mexicanos, confía en el prójimo.

El comportamiento de quienes como el ocote malo solo en manojo prenden, cesará cuando cambiemos la manera de relacionarnos; y no por la declaración presidencial de que “el triunfo del ‘Tri’ ante Croacia, es tan decisivo como la batalla de Zacatecas”.

Otras muchas situaciones tristes pesan en el ánimo nacional y aunque parezca que no, van dejando huella.

Como el que sean legisladores estadounidenses y no nuestros, los promotores de que los pequeños migrantes tengan abogado defensor; las ilegalidades y derroches; el deterioro de la economía y la intensidad de la desigualdad, pese al llamado del doctor Narro rector de la UNAM, para que consideremos “inaceptable”, la existencia de millones de pobres.

Es tan cierto que costumbres e inercias provocan determinados comportamientos, que hasta una persona inteligente como el nuevo gobernador de Michoacán Salvador Jara, dio las gracias a Peña Nieto y no al congreso local que lo designó.

Fuera de ese detalle no menor, me alegra que se les haya prendido el foco para hacer caso al consejo de Platón de poner a cargo de los gobiernos, “a los hombres sabios”. Conozco a Salvador desde hace décadas y sé de sus esfuerzos por llevar la Ciencia a los demás, sobre todo a los niños.

Y eso es un alivio, si pensamos que otros puestos no son ocupados precisamente por sabios; como pasa en el Senado, donde a alguien se le ocurrió que podía presidir la Comisión de la Familia el panista José María Martínez; famoso por considerar que las leyes contra la discriminación son solo una moda y las mujeres simples “vehículos” para traer niños al mundo.

Seguro que apoya lo que en 1953 escribió Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la fascista Falange española, en la Guía para la Buena Esposa:

“Es tu obligación ser con tu marido interesante y dulce. Antes de que llegue del trabajo, tenle lista la cena, maquíllate para que te vea fresca y reluciente, revisa la casa y baña a los niños para que luzcan impecables, apaga lavadora, secadora y aspiradora y mantén callados a tus hijos. No hables tú, déjalo hablar a él y recuerda que sus temas son más importantes que los tuyos. No te quejes si llega tarde, si va a divertirse sin ti, o si no llega en toda la noche; una buena esposa siempre sabe cuál es su lugar, así que sonríele, muestra deseos de complacerlo en todo, acomoda su almohada, ofrece quitarle los zapatos y háblale con voz suave y placentera…”

¿Quisiera agregar algo, senador Martínez?

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