¡Qué doloroso es amar!

Amar-gggg

¡Qué doloroso es amar… y no poderlo decir!

Si es doloroso saber que va marchando la vida

como una mujer querida que jamás ha de volver.

Si es doloroso ignorar dónde vamos a morir;

¡más doloroso es amar… y no poderlo decir!

 

Triste es ver que la mirada

hacia el sol levanta el ciego

y el sol la envuelve en su fuego

y el ciego no siente nada.

Ver su mirada tranquila a la luz indiferente

y saber que eternamente la noche va en su pupila

bajo el dosel de su frente.

Pero si es triste mirar y la luz no percibir;

¡más doloroso es amar… y no poderlo decir!

 

Conocer que caminamos,

bajo la fuerza del sino;

recorrer nuestro camino

y no saber dónde vamos.

Ser un triste peregrino de la vida,

en el sendero no podernos detener

por ir siempre prisioneros del amor o del deber.

Mas si es triste caminar y no poder descansar

mas que al tiempo de morir

¡más doloroso es amar… y no poderlo decir!

 

Vivir, como yo, soñando con cosas que nunca vi;

y seguir, seguir andando,

sin saber por qué motivo ni hasta cuándo.

Tener fantasía y vuelo que pongan al cielo escalas

y ver que nos faltan alas que nos remonten al cielo.

Más si es triste no gozar lo que podemos soñar;

no hay más amargo dolor que ver el alma morir

prisionera de un amor y no poderlo decir.

 

Joaquín Dicenta Benedicto (1862-1917) periodista, dramaturgo, poeta y narrador español, padre del dramaturgo y poeta del mismo nombre y del actor Manuel Dicenta.

Fuente: ARGENPRESS CULTURAL

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