La ruta del avión malasio y el mito multilateral

Por Juan Francisco Coloane

Las primeras declaraciones provenientes de dependencias oficiales de Estados Unidos y algunos países de la Alianza Transatlántica, responsabilizando a Rusia y los separatistas rusos de la destrucción del avión con 298 pasajeros de Malaysia Airlines, delata el núcleo de una operación fallida.

El grado poco usual en precipitar una presunta culpabilidad en el infortunado hecho antes de una investigación, es propio de la mente febril que inicia el conflicto en Ucrania al derrocar al presidente Yanukovich sin anticipar consecuencias. Cuando es derrocado Yanukovich, si las consecuencias de una futura guerra separatista se anticiparon, es porque formaba parte del plan de expansión de la OTAN hacia el Este, el acoso a Rusia y más allá. Si se lee bien lo que trasunta, en todo el ejercicio de tensión entre Ucrania e Irán, finalmente consiste en controlar a China. En la confitura neoconservadora que predomina en la política exterior de Estados Unidos desestabilizar lo antes posible a China, suena a la creación de otro monstruo de mil cabezas y seguramente el presidente Barack Obama y sus asesores no lo consideran por ahora necesario.

Es así que las disquisiciones técnicas respecto a la factibilidad de derribar un avión comercial con un cohete que debe recorrer más de 6 mil metros de altura, así como el origen del disparo, redundan tanto como las especulaciones respecto a las fallas en los aparatos de inteligencia, particularmente de Estados Unidos y los países de la Alianza Transatlántica para anticipar este tipo de catástrofes. Como que fueran esperadas aunque suene a perversidad. Claramente que el episodio resultará como el asunto del uso de las armas químicas en la intervención en Siria, los acusadores terminaron siendo también los más presuntos culpables.

La historia se repite con este avión. Los que lo derribaron, en el caso que la investigación compruebe que efectivamente fue derribado por un misil o un cohete, (tengo dudas que se pueda aseverar con rapidez esta causa), deberán conceder que al final, a lo único que finalmente contribuirá el desastre aéreo, es a que el conflicto disminuya de intensidad y se llegue a una negociación de pacificación. Si la paz era el objetivo de asesinar a 298 personas entre ellas 80 niños, también puede generar duda porque igualmente se trataría de una acción demencial. El círculo de las motivaciones comienza a cerrase y queda abierta la más obvia que puede originarse en cualquiera de los dos bandos, separatistas con Rusia, o gobierno de Ucrania con la OTAN, porque ambos obtienen sus ventajas con el accidente. Diabólico lo es. Por el momento, pocos han pensado que se podría tratar de otro misterioso avión Malasio, ahora en Ucrania con especulaciones similares a las que pululan sobre el accidente del avión de la misma compañía del 8 de marzo en el Océano Índico. ¿Por qué se derribó a un avión Malasio y no a uno de otro país?

Como con el uso de las armas químicas en Siria, va a ser prácticamente imposible que la investigación señale a uno u a otro bando, como responsable de la tragedia. Nadie quiere exponerse como criminal. Es allí donde el factor multilateral se convierte o resulta en un mito. ¿Cuál es el equilibrio? ¿Quién lo induce? ¿Por qué tanta premura por la supremacía en una zona en particular que pueda causar esta tragedia?

Con las intervenciones en Irak en 2003 y Siria 2011-2014, la primera con una invasión militar de 27 naciones liderada por Estados Unidos y apoyada por miembros de la Alianza Transatlántica, y la segunda con la intervención de la industria del terrorismo, aunque oficialmente no se le reconozca así, la acción multilateral apareció políticamente anulada. El poderío unilateral de un estado (EEUU), cuyo poder supera a todo el resto, avasalló al poder multilateral de Naciones Unidas.

Al multilateralismo el conflicto Sirio se le escapó de las manos desde el origen porque había un diseño unilateral para derrocar al Presidente Bashar al-Assad, y que se ha impuesto hasta ahora en una coalición de países que no dejó el espacio para la negociación multilateral. Con Irak, antes de comprobar la existencia de armas de destrucción masiva, la intervención militar se precipitó para marcar un hecho político y el factor multilateral presidido por Naciones Unidas no pudo evitar la invasión. Siria ha sido el claro ejemplo de una ONU que por el quiebre del Consejo de Seguridad fue amenazada por la presión unilateral y el surgimiento de coaliciones que no representan el multilateralismo.

El fin de la guerra fría ha significado en la práctica la etapa de mayor debilidad del multilateralismo. Las dos potencias mayores, la URSS y EEUU, le entregaban al ente negociador hasta cierto punto el poder de mediación y las dos potencias en lo posible, no se movían un centímetro, excepto con una moderada incursión de acciones encubiertas.

El multilateralismo es una idea romántica de la política. Se formó para los conflictos pequeños y en las grandes instancias no funcionó. Ejemplos paradigmáticos han sido Corea en 1950, la guerra en Vietnam, el conflicto palestino- israelí, la guerra civil de 15 años en el Líbano, las guerras de casi 20 años financiadas por el Apartheid en Angola y Mozambique por nombrar las más resonantes. En todos estos hitos, hubo una potencia en especial que alimentó el conflicto y no respetó el multilateralismo, tomando el sendero unilateral y ese fue Estados Unidos.

Existe una aceleración por parte de la Alianza Transatlántica con Estados Unidos llevando la batuta, por recuperar el tiempo perdido desde la extinción del bloque Soviético en 1991. Efectivamente, el nuevo orden mundial que se desarrollaba en los años 90 y al despuntar el nuevo milenio bajo la égida de una tenebrosa globalización, era más bien un instrumento de propaganda para el poderío mono polar y la doctrina unilateral. Las páginas dedicadas a las relaciones internacionales se sincronizaban en diferentes ambientes, -político, mediático, académico-, insistiendo en un conjunto de nuevas amenazas dentro de la apariencia de un mundo que tendía a la multipolaridad. El cliché favorito, especialmente en la Chomskymanía del momento, consistía en el declive -en los moderados-, o el fin -en los más extremistas-, de la hegemonía de Estados Unidos.

El actual asalto Israelí a Gaza, el continuo desangramiento en Siria por derrocar al gobierno, la persistente complicidad con la industria terrorista financiada por las monarquías del Golfo Pésico con Arabia Saudí en el liderazgo, el permanente secuestro de Irak y Afganistán para evitar la reconstrucción y estabilidad de sus estados, son todas expresiones de la hegemonía de Estados Unidos y la falla multilateral. Lo que sucede allí es fabricación de la política exterior de Washington por una parte y de la inanición política de la comunidad de naciones que se agrupa en torno a la ONU, en la otra.

Pero no es solo Estados Unidos, porque sería fácil enfocar el peso sólo en la política de Washington. Se trata de una hegemonía que ejerce la alianza de países que forman el núcleo duro y selecto de la OTAN, cuya cabeza más visible es Estados Unidos. Pero todavía más. En el espacio cada vez menos oculto se sitúan las corporaciones transnacionales, que son las que en el fondo poseen la liquidez y la capacidad de manejo que hace funcionar al mundo con el orden que se visualiza y que se exhibe en prácticamente en todo el planeta. Un estado liberal en crisis de credibilidad política. Con una masa crítica de políticos que legitima un sistema donde la participación ciudadana apenas existe. Donde se impone el mito de la democracia republicana en sistemas sociales estructurándose cada vez más con semiótica trasladada de los códigos jerárquicos feudales, a su vez, disfrazado de posmodernidad compleja.

En Francia, el país estatal del liberalismo por excelencia, un sondeo en enero de 2014, (Barómetro Político. Opinionway /CEVIPOF), indicaba un 75 % de rechazo de la población hacia el Estado y un 88% hacia el político. Los sondeos respecto a Naciones Unidas todavía no son tan negativos. Las 298 víctimas del avión Malasio que cayó al este de Ucrania no tendrán nunca la chance de una opinión acerca de si sus vidas dependían de la eficacia de Naciones Unidas o de la depredación por el poder.

Fuente: ARGENPRESS Info

 

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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