Estados Unidos: Niños migrantes y verdades a medias

Por Laura Carlsen

En las últimas semanas han surgido una inmensa cantidad de reportajes sobre el aumento de los niños y niñas migrantes que arriban a la frontera sur de los Estados Unidos. Para muchos de nosotros en México, esto no es nada nuevo. A diario salen notas que detallen los abusos, las tragedias y las historias de los cientos de centroamericanos que atraviesan el país hacia el norte. Sin embargo, la atención de la prensa estadounidense sí es nuevo, y ha detonado un debate político sobre lo que el Presidente Obama llama “una crisis humanitaria”.

Es sin duda positivo que estos niños no permanezcan invisibles. Lo que sufren debería ser causa de indignación a nivel global. La oficina de alta comisión para refugiados Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó un reporte en marzo pasado que encontró que la mitad de los niños y niños entrevistados había sido seriamente maltratado o había recibido fuertes amenazas en su viaje a Estados Unidos.

Pero la mayoría de los reportes periodísticos de los medios de comunicación masivos cuentan verdades a medias, al manipular la cuestión de qué o quién es el responsable.

El New York Times, AP y otros medios han presentado una serie de reportajes que siguen un patrón que enfatiza en dos conclusiones generales. La primera, que los padres en los Estados Unidos son egoístas e irresponsables al mandar por sus hijos y alentar este fenómeno, poniendo a sus propios hijos en riesgo, y la segunda, que esta “ola” de menores no acompañados migrando a los Estados Unidos se debe a que ellos perciben las políticas y prácticas administrativas de Obama como indulgentes sobre los niños migrantes y piensan que pueden quedarse al entrar en el país.

A pesar de que la mayoría de estas notas mencionan de paso las condiciones de pobreza y violencia en los lugares de origen de los niños, casi nunca mencionan la manera en que estos lugares han caído en tales condiciones, y mucho menos el rol directo que han jugado las políticas exteriores de los Estados Unidos hacia estos países y su contribución a llevarlos a estos extremos, obligando a miles de niños y jóvenes a huirse.

Por poner algunos ejemplos: Empezó en abril cuando el NYT publicó una historia acerca de la migración infantil centrada en una niña ecuatoriana de 12 años de edad quien aparentemente se suicidó en un albergue en Ciudad Juárez, México. Este artículo subrayó la renuencia de los abuelos al dejarla ir y la insistencia de los padres, quienes viven en Nueva York. Describía el terror solitario de la niña y su cuerpo encontrado en la regadera. No ahondaba en las circunstancias, ni investigó los reportes que la policía mexicana la había “rescatada” y llevada al albergue, ni por qué sus padres no podían mantener a su familia en Ecuador.

Los lectores se quedaron con la impresión de que fue la culpa de los padres, no de un circuito de injusticia, que se extiende desde los Andes hasta la frontera sur de los Estados Unidos.

Esta conclusión inducida fue reflejado en muchos de los cientos de comentarios que en la página expresaban por un lado, genuina compasión por la muerte de la niña de ojos oscuros con vestimenta indígena, y por otro, un juicio implacable hacia los papás desconocidos, con múltiples variaciones en el sentido de este comentario de un lector: “Los padres se encuentran en las raíces de este crimen”.

Otro reportaje, de AP del 3 de junio, es protagonizada por un niño de 14 años que va hacia Estados Unidos en compañía de unos amigos. Citan al joven diciendo que había escuchado que se estaba permitiendo a los menores quedarse en el país. A pesar de que la nota más adelante menciona las condiciones de violencia de su nativa Honduras, de nuevo no hay contexto alguno y hacen parecer que los muchachos están viajando al norte para aprovecharse de la supuesta generosidad del gobierno estadounidense. Como era previsible, este mensaje– diseñado y difundido por la prensa– está incendiando a las fuerzas anti-migrantes.

La AP continúa esta interpretación con otro reportaje del 6 de junio que anuncia su tesis desde el título: “Rumores de asilo incrementan las esperanzas de familias migrantes”. Presenta una serie de anécdotas para vender la idea de que el pico en la migración de menores es producto de las esperanzas de poder entrar y permanecer en los Estados Unidos. No les importa que la respuesta inicial a la pregunta ‘¿por qué migraste?’ de los y las migrantes normalmente hace referencia a la violencia en su lugar de origen; siguen insistiendo en su percepción de las leyes migratorias de EEUU, en un proceso que frecuentemente parece inducir que dieran esta razón como causa de sus migraciones. De hecho, en las imparciales encuestas acerca de las razones los y las migrantes no responden que su partida se debe a cambios en las prácticas o leyes migratorias en los Estados Unidos como una causa mayor.

El predecible resultado de la ofensiva periodística en torno a los migrantes menores es apurar la creación de más facilidades en las detenciones (potencialmente lucrativo para la industria privada de prisiones) y llamadas a dejar de liberar a los jóvenes migrantes en territorio estadounidense e incrementar la deportación expedita, y “asegurar” la frontera, tal y como señala el artículo de AP:

“El gobernador de Texas Rick Perry la semana pasado pidió al Departamento de Seguridad Nacional que dejase de liberar inmigrantes con avisos de comparecencia. El lunes, el gobernador de Arizona, Jan Brewer pidió lo mismo para los cientos de inmigrantes, sobre todo mujeres y niños, quienes en semanas recientes habían volado a Arizona desde el Sur de Texas para su procesamiento.”

Siguiendo el hilo, un artículo del New York Times del 7 de junio llamado “Niños migrantes saturan un albergue improvisado en Arizona” describe a una marea de jóvenes entrando a los Estados Unidos. El artículo hace eco a las críticas de la gobernador de Arizona, Janet Brewer, acerca del esfuerzo de la administración de albergar a los migrantes:

“Estoy perturbado e indignado de que la administración del presidente Obama continúe implementando estas peligrosas e inhumanas políticas, mientras no cumple con responder a las preguntas cruciales que nuestros ciudadanos demandan y merecen”, dijo el gobernador, Republicano, al viernes pasado.

El artículo no citó en ninguna parte a ningún defensora de los y las inmigrantes, de los cuales existen, por suerte, muchos en Arizona. Y mucho menos mencionó, ni en ningún otro artículo, la necesidad de políticas que facilitan la reunificación familiar.

 

Niños en peligro

Nadie argumentaría que es una buena idea intentar llevar a un niño a los Estados Unidos sin un acompañante de confianza. Nótese que estos niños no se encuentran usualmente “no-acompañados”. Sus padres han pagado grandes sumas de dinero a polleros para cruzarlos por la frontera de una forma segura. Sin embargo, usualmente no conocen a los polleros y el tráfico de migrantes se ha convertido en un gran negocio para el crimen organizado en las últimas décadas, debido en parte al incremento de las barreras en la frontera, haciendo necesario para cualquiera que intente cruzar contratar a un profesional. Mientras suben los precios por llegar al otro lado, este negocio se vuelve más atractivo para el crimen organizado y han reemplazado a los coyotes independientes o a los parientes en el trabajo de cruzar a los migrantes a través de la frontera.

Los reportajes de la prensa buscan tocar las fibras más sensibles del corazón acerca de los traumas de los niños, mientras contienen un fuerte y escondido mensaje de oprobio contra los padres. ¿Cómo permitieron que esto sucediese? ¡Qué egoístas de su parte al exponer a sus hijos a tales peligros!

Tal vez los reporteros y editores no tienen hijos. O tal vez sí, y simplemente no pueden imaginarse lo que es saber que está creciendo tu hijo y que no puedes estar ahí para acompañarlo, o marcar el cumpleaños de tu hija en un calendario y preguntarte cómo se luce con un año más. Esta historia que destroza corazones, repetida al por millón, es el resultado directo de las políticas inmigratorias de Estados Unidos. ¿Dónde queda la indignación por el hecho de que Estados Unidos no tenga mecanismos básicos para proveer a las personas las posibilidad de la reunificación familiar?

Una editorial del New York Times tomó una visión un poco más compasiva de la situación al reconocer la falsa narrativa de los encargados de hacer cumplir:

“La crisis arriba en un mal momento en el estancado debate inmigratorio de América, con los Republicanos felizmente aprovechándose de una situación aparentemente adaptada a su falsa narrativa, donde cualquier reforma que se quede corta de la agresiva militarización de la frontera provocará otro imán para atraer más de los pobres miserables a través de la frontera, y que todo el caos en el sistema es culpa del Sr. Obama.”

Como ejemplo, citan a Bob Goodlatte, el presidente del Comité Judicial de la Cámara:

“Se rumora ya alrededor del mundo acerca de los débiles esfuerzos de implementación de las políticas inmigratorias por parte del Presidente Obama, y esto ha alentado a más individuos a migrar a los Estados Unidos de manera ilegal… La aplicación de las leyes en la frontera y en el interior de los Estados Unidos es crucial para terminar este tipo de situaciones, no otra burocrática fuerza de tarea.”

La editorial enfatiza los factores que obligan a migrar y que los niños están “huyendo por sus vidas”. Pide al gobierno que humanamente atendiese los flujos pero no menciona soluciones a largo plazo que tuviesen que ver con políticas desastrosas de los Estados Unidos en los países de origen.

El 3 de junio, el presidente Obama emitió un memorándum llamando a la formación de un “Grupo unificado de coordinación” para atender a los niños migrantes no acompañados. Pidió $1.4 billones de dólares para crear infraestructura para el influjo de menores.

Un artículo en VOX señala que el gobierno de Estados Unidos parece comprender que la solución real recae en mejorar la condiciones en los países de origen pero ha fracasado en su dirección:

“Últimamente, cualquier solución a largo plazo tiene que ser dirigida no solamente a los factores que los jalan al inmigrar, sino también a los factores que los empujan a emigrar y los conducen fuera de sus países. El gobierno federal aparentemente comprende esto, pero no hay muchas buenas ideas para cómo lidiar con esto. La semana pasada, Jeh Johnson, el Secretario de la Secretaría de Seguridad Nacional, sugirió al congreso que los Estados Unidos lanzara una campaña de concienciación al público en países Centroamericanos para mostrar los peligros de migrar a los Estados Unidos.”

De nuevo, la “solución” sugiere culpar a las víctimas por arriesgarse en el viaje, como si con esto dejarán de salir de la situación límite en que viven.

Entonces, ¿por qué los medios de comunicación masiva se empeñan en culpar a los padres y a supuestas políticas inmigratorias reblandecidas? Porque la alternativa a culpar a las familias de los migrantes les resulta inaceptable.

La alternativa consiste en reconocer que los Tratados de Libre Comercio de Centroamérica y de Norteamérica han dejado a cientos de jóvenes sin oportunidades económicas. Es reconocer que la ayuda en seguridad de los Estados Unidos que apoya la guerra contra el narcotráfico ha armado y agravado la violencia en México y Centroamérica.

Es entender los precios altos de haber sostenido el Golpe de Estado en Honduras y la manera en que los hondureños y los estadounidenses estamos pagando este precio, al incrementar las migraciones en un 500% en los últimos dos años y las violaciones a los derechos humanos, la inestabilidad y la violencia son desorbitantes.

En mis visitas a albergues de migrantes y las entrevistas con migrantes que pasan por México, he encontrado que, sorprendentemente, ellos sí están conscientes del riesgo que implica migrar y, sin embargo, realizan el viaje a pesar de todo.

La campaña de concienciación pública que de verdad necesitamos es una dirigida a los ciudadanos estadounidenses y al Congreso, para que les haga ver el impacto de las políticas económicas y de militarización en sus vecinos del sur, en especial sobre sus niños.

Después necesitamos una campaña de acción pública para hacer algo al respecto.

Fuente: CIPAMERICAS/ARGENPRESS.Info

Traducción de Julia Hernández Carlsen

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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