México y Colombia, espejos que muestran la verdad del TLC o Acuerdos de Desarrollo

En el Ecuador el gobierno de Correa insiste en las bondades de los logros o ventajas obtenidas con el Acuerdo Comercial para el Desarrollo con la Unión Europea, el pasado 17 de julio en Bruselas.

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– Bélgica, sin embargo la experiencia y las precarias situaciones de los afectados de los países de la región, en los que sus gobiernos han firmado este tipo de convenios o TLC a espaldas del “mandante”, muestra la otra cara de la moneda.

México y Colombia son dos espejos donde la sociedad ecuatoriana y de región puede reflejarse, las políticas neoliberales aplicadas en estos dos países a causa de esos convenios dejan solo impactos nocivos para los pueblos.

En su visita por el Ecuador, Alberto Arroyo, catedrático mexicano, habla sobre los efectos del TLC suscrito entre Estados Unidos y México en 1994 por primera vez. En el 2000 se firmó el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación con Europa.

El Acuerdo con Europa se publicitó como un acuerdo distinto, diferente al TLC con el país del norte, según dice Arroyo, también incluía la liberalización del comercio de servicios, de inversión, temas como propiedad intelectual y compras públicas, es decir, los mismos temas que incluye un Tratado de libre comercio, lo que significó el mismo tratado pero con otro nombre.

En la entrevista colgada en You tube, y el portal de Ecuador Decide No TLC, Arroyo señala que estos tratados han significado para México la aplicación de reglas y leyes del más fuerte, lo que implica, a decir del catedrático, una intromisión de sus políticas sobre una soberanía, como en el caso del Ecuador, donde se habla de líneas rojas, “cosas que no se van a incluir”, razón por la que no se transparentarían los textos suscritos.

En México, como fue el primer país en aceptar el TLC, señala Arroyo, “nosotros no sabíamos qué era eso, dijimos es un acuerdo de comercio, pero de comercio solo hay 3 capítulos relacionados al tema, todos los demás no son de comercio”.

En el tema de servicios, señala que muchos servicios están asociados a derechos humanos, como es el agua, y en la medida en que el agua se convierte en una mercancía está sujeta a si tienes dinero, y si no se paga o no tienes dinero no se puede acceder a ella, comenta; lo mismo ocurriría con el resto de servicios básicos.

Arroyo comenta que el discurso que vendió el gobierno mexicano fue el Acuerdo con Europa era distinto al de EU, pero en los hechos eran iguales, “en algunos puntos es peor, ya que cuando entras al detalle se trata de una ley, el demonio está en la letra chiquita.

“El 80% del comercio mexicano es con EU, la mitad de la inversión viene de EEUU, entonces los efectos se magnifican pero guardando las proporciones de la relación que tenemos con un bloque y con otro, los efectos son muy similares”.

Según el catedrático mexicano, no tendrían relación de proporcionalidad las transacciones, porque si bien es cierto que el país gana por el incremento de exportaciones, también se elevan los gastos por el incremento de las importaciones, por lo tanto no hay ganancias. Y claro, en el caso del Ecuador, los que ganan son los agroexportadores y las empresas afines, el pequeño productor es flagrantemente -descolado-.

Para el primer país de habla hispana, las promesas de mejoras y desarrollo nunca se cumplieron, ya que todos los insumos que antes eran abastecidos por la industria local ahora los exportan desde norteamérica. Un ejemplo, señala, es el sector automotriz, donde las autopartes, el hule, el acero, el vidrio, etc, generaban empleo indirecto. Actualmente la realidad es contraria a las ofertas.

Para el sector agrícola, en el caso del maíz, el producto más importante para los mexicanos, actualmente se importa cerca del 45%, mientras la producción interna, los productores, campesinos no tienen a quien vender su producción, y califica esto como algo catastrófico para sus coterráneos; de ahí el por qué cerca de 500 mil ciudadanos mexicanos cruzan la frontera del norte, algo que no se diera si la economía local funcionara.

En Colombia la realidad, no es distinta de México, pues el país que otrora ocupó los primeros sitiales en las exportaciones cafetaleras y bananeras hoy cruza por una crisis económica a causa de las excesivas importaciones industrializadas desde Estados Unidos, la Unión Europea y otros países con los que tienen firmados una treintena de acuerdos bilaterales, dejando rezagada la producción nacional.

Luis T., dirigente sindical de Colombia, comenta que desde que iniciaron las negociaciones del TLC entre Colombia y los Estados Unidos hubo rechazo por parte de las organizaciones sindicales y de izquierda, y otros sectores progresistas, ya que conocían que este proceso, liderado por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, buscaba la liberalización de la economía colombiana.

El sindicalista cuenta que con este TLC se formalizó una de zona de libre comercio para eliminar las “barreras” arancelarias a las exportaciones e importaciones que benefician solo al mercado norteamericano, debido a la tecnología que posee, lo que abarata todos los productos que ingresan al país cafetalero, sin poder competir con la industria nacional que se ve en desventaja. “Esa es la realidad colombiana, la competencia desleal, que se traduce en cierre de empresas, desempleo y abandono de la tierra. Ese TLC ha implicado flexibilización laboral, aumento de maquilas, más informalidad; el 45% de la población económicamente activa de Colombia se encuentra en la informalidad”.

El Acuerdo Comercial con Europa también inicia en el gobierno de Álvaro Uribe, en el año 2008, y quien lo concretó fue Manuel Santos. Con este acuerdo, Colombia al ser uno de los más grandes exportadores de banano en muchos países del viejo continente, hoy es el más golpeado por las imposiciones de ese nuevo TLC, acuerdo que no respeta los precios hasta la fecha establecidos.

 

Situación actual

Colombia está inundada de mercadería de los Estados Unidos, de la Unión Europea y de China, de Japón. Colombia tiene cerca de 36 tratados y convenios bilaterales internacionales firmados, lo que la convierte en un país con una economía excesivamente abierta, prácticamente en un país importador, señala el sindicalista.

 

Paro agrario

A Colombia llegan productos cárnicos procesados básicamente de EU y la UE a precios baratos, sin que el agro colombiano pueda competir, y como consecuencia surgió en diciembre del 2013 el paro agrario, que planteaba como reivindicaciones el control de los precios de los productos importados. También está el freno a la “locomotora energética”, impulsada por el gobierno para la explotación de recursos naturales, que cada día estrecha la frontera agrícola del país y coloca en situación de riesgo la soberanía alimentaria colombiana. El gobierno debió sentarse a negociar con el abandonado sector agrario campesino.

 

Desarrollo a partir del TLC y el ACM

La liberalización de la economía cada vez deja sin recursos al sector campesino; las necesidades básicas no son satisfechas, los campesinos no tienen acceso a la seguridad social, salud, vivienda, ni educación, ya que, como en Ecuador, aún se debe peregrinar por un cupo en las instituciones educativas. Entonces, es muy difícil hablar de progreso para Colombia.

Todos estos tratados y alianzas que se han dado y se siguen dando han permitido radicar la flexibilización laboral y el fortalecimiento del neoliberalismo, confirmando la tesis de que América Latina sigue siendo el patio trasero de Estados Unidos, y actualmente también de Europa y Asia a causa de las políticas de los gobiernos neoliberales, finaliza el sindicalista colombiano.

Según las declaraciones de los voceros de la Unión Europea, al Acuerdo Comercial Multipartes se le reconoce como un TLC, un acuerdo de liberalización. Además, en su Art. 329 claramente especifica que el país que desee ser parte del acuerdo regional deberá adherirse, a lo establecido, ose a lo ya suscrito por Perú y Colombia”; sin embargo, el gobierno del presidente Correa insiste en que son logros y beneficios que el país obtendrá con este tratado, pero no lo transparenta. Si el espejo lo tenemos a mano, cómo creer a estas alturas en cuentos de hadas? ¿Dónde queda el tema de la soberanía, el sumak kawsay y la publicidad de Primero lo nuestro?.

Fuente: OPCIÓN/ARGENPRESS.Info

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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