De prisionero de guerra de Vietnam a multimillonario

Everett Alvarez fue recibido como un héroe cuando regresó a Estados Unidos.

Everett Alvarez fue recibido como un héroe cuando regresó a Estados Unidos.

Por Jane O’Brien

La película sobre la guerra de Vietnam “El Hanói Hilton” de 1987 puede ser difícil de ver.

Cuenta la historia real de un grupo de prisioneros de guerra estadounidenses capturados por los norvietnamitas.

Durante años fueron torturados física y mentalmente.

Everett Alvarez, un antiguo piloto de la Armada de EE.UU. que estuvo preso durante ocho años y medio, fue uno de los asesores de la producción.

Cuando lo conozco en persona, me resulta difícil asociar las angustiosas escenas en el filme con el hombre de 76 años de edad impecablemente vestido que tengo al frente.

Tras retirarse de la Armada, en 1980, Alvarez disfrutó de una distinguida carrera gubernamental.

Y, en los últimos 26 años, ha sido el dueño y administrador de dos empresas, una de ellas su actual Alvarez & Associates.

Lecciones en la celda

 

(Los prisioneros de guerra) teníamos una meta: estábamos decididos a regresar a casa con nuestra integridad personal, nuestra reputación y nuestro honor intactos

Everett Alvarez

Alvarez asegura que, por horrible que fuera, su experiencia como prisionero de guerra le enseñó lecciones invaluables, que ha podido aplicar en su vida personal y laboral.

“Se trata del carácter”, señala.

“El carácter es la descripción global del sentido ético de una persona, de responsabilidad, de compromiso, de lealtad. Es el sentido de integridad personal y honor”.

“Eso es lo que me ha ayudado y creo que eso también se refleja en la personalidad de la empresa”.

Ileso pero preso

En 1964, Alvarez, nieto de inmigrantes mexicanos, era un piloto de 26 años basado en el portaviones USS Constellation en el Mar de la China Meridional.

La familia de Alvarez había venido de México.

En agosto 5, participó en una misión de bombardeo sobre Vietnam del Norte, enviada como represalia tras un supuesto ataque norvietnamita contra dos buques destructores estadounidenses ocurrido el día anterior.

Aunque más tarde se cuestionó si realmente tuvo lugar, el presunto ataque, conocido como el incidente del Golfo de Tokín, marcó el inicio de una escalada significativa de las operaciones militares de EE.UU. en la Guerra de Vietnam.

El avión de Alvarez fue alcanzado pero él logró salir ileso, sólo para ser capturado y llevado a la prisión Hoa Lo en la capital de Vietnam del Norte, Hanói.

A golpecitos

“Acostumbrarme a vivir en cautiverio fue difícil, pues no sabía qué hacer”, recuerda Alvarez, en conversación con la BBC.

Él fue el primer prisionero estadounidense en ese lugar, al que los prisioneros de guerra estadounidenses empezaron a llamar sarcásticamente el “Hanói Hilton”, como la cadena de hoteles internacional.

En la cárcel, los prisioneros de guerra estadounidenses se apoyaban entre sí.

En la cárcel, los prisioneros de guerra estadounidenses se apoyaban entre sí.

“La pregunta era: ¿cómo me debo comportar?”.

Decidió tomar el camino de la resistencia, rehusándose a cooperar con el enemigo incluso cuando las demandas parecían relativamente inocuas.

Esa decisión lo llevó varias veces al punto de quiebre físico y mental, pero sobrevivió, gracias al apoyo mutuo de otros prisioneros con los que se comunicaba dándole golpecitos a las paredes de la cárcel.

No fallar

“Teníamos una filosofía: nunca fallarle a los otros. Si no podían cuidarse solos, uno los cuidaba pues sabía que ellos harían lo mismo”, explica Alvarez.

“Y teníamos una meta: estábamos decididos a regresar a casa con nuestra integridad personal, nuestra reputación y nuestro honor intactos”.

Alvarez siguió sirviendo en la Armada a su regreso y llegó a ser comandante.

Alvarez siguió sirviendo en la Armada a su regreso y llegó a ser comandante.

En 1973, Alvarez y los demás prisioneros de guerra fueron liberados luego de que Washington aceptara retirar sus fuerzas militares de Vietnam del Sur.

Alvarez fue honrado con varias medallas militares y a su regreso a EE.UU. se convirtió inmediatamente en una celebridad, lo que lo ayudó a conseguir contactos políticos importantes.

En busca del tiempo perdido

Cuando se retiró de la Armada, en 1980, tras llegar al rango de comandante, la administración del entonces presidente Ronald Reagan lo invitó a formar parte del equipo de gobierno.

Todavía ávido de servir a su país, Alvarez aceptó el cargo de director adjunto del Cuerpo de Paz de EE.UU., y más tarde de administrador adjunto de la Administración de Veteranos, que provee atención médica a militares retirados.

Durante cinco años tomó clases nocturnas para obtener un diploma en Derecho.

“Yo salí de ese campo de prisioneros de guerra con ganas de recuperar terreno”, observa.

“He pasado toda mi vida desde entonces persiguiendo lo que soñé cuando estaba sentado en esas celdas. Nunca miro al pasado, siempre miro hacia adelante”.

Sus empresas

En 1988 Alvarez se retiró de la administración Reagan y fundó su primera empresa, una consultoría de gestión en Virginia.

Tras retirarse de la Armada, se unió al gobierno de Ronald Reagan.

Tras retirarse de la Armada, se unió al gobierno de Ronald Reagan.

Aprovechando sus ocho años con el gobierno y los conocimientos que adquirió, decidió que contaba con la experiencia para competir con éxito por contratos con diferentes departamentos gubernamentales.

Para crear la empresa recibió ayuda del programa de gobierno para veteranos discapacitados. Los años de tortura y malnutrición le afectaron los nervios, y sufre de artritis vinculada a las fracturas en los huesos y otras lesiones.

En 2003 vendió esa primera empresa y un año más tarde lanzó Alvarez & Associates.

Además de la consultoría de gestión, la firma maneja contratos de Tecnología de la información para el gobierno de EE.UU., y emplea 28 personas, muchas de las que son, como Alvarez, veteranos del ejército.

El año pasado registró ganancias de US$180 millones.

Lo personal

A pesar de los cargos gubernamentales de alto perfil y el respeto que se ganó por sobrevivir esa experiencia durante la guerra (sólo otro estadounidense ha logrado aguantar más), Alvarez no da por sentado su éxito.

“Todavía tengo que probarle a mis clientes que pueden confiar en que haré un buen trabajo”, dice.

Y, para él, la clave sigue siendo la misma.

“No importa cuán técnico se vuelva el negocio, cuán dependiente de la automatización y la tecnología, todavía son necesarias las relaciones personales para tener éxito”.

Fuente: BBC Mundo

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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