Mi raza es así

Por Alfonso Villalva P.

Si vieras que a veces pienso que de verdad ha llegado mi última oportunidad… Si vieras como me indigna y me enfurece saber que no obstante mis reclamaciones permanentes, los decesos irremediables de mis iguales, la disentería incurable de nuestros hijos… Ni siquiera eso, decía, parece atraer un poco de tu atención, un poco de tu compromiso, un poco de tu arrepentimiento.

Es verdaderamente grosero observar como nos utilizas como moneda de cambio para obtener un número de votos mayor, para darte unos buenos y sabrosos baños de pureza ante los medios electrónicos expresando tu consternación, revelando tu sensibilidad por las causas más nobles.

Grosero, eso es. El calificativo es quizá inapropiado, tímido, timorato, pero tú comprenderás que a nosotros no nos enseñan a ofender para crecer, no nos enseñan a atacar para colmarnos de bienestar material desangrando al patrimonio nacional. No. A nosotros, nos enseñan las tradiciones de nuestros ancestros que se basan en solidaridad, paz y fraternidad. A nosotros nos enseñan que la felicidad está en cualquier sitio, menos en un auto del año, menos en una cuenta bancaria.

¡Escucha! Mi raza es así, camarada, no lo olvides. Lo siento, somos ladinos, verás. Creemos en chamanes, en los milagros de la naturaleza, y convocamos al sol, a la luna…, veneramos todo lo que produce el vientre de nuestra tierra. Así somos. Necios por linaje, y nos resistimos a vivir dentro de esa peregrina y estúpida parafernalia de la modernidad a la que tú aspiras, de la que tanto disfrutas, a la que tanto le debes en esa aberrante carrera política a la que restaste todos los escrúpulos que quizá, alguna vez, en tus sueños de juventud, tuviste, poseíste o acariciaste.

Quizá esta sí es mi última oportunidad. Sabemos que alrededor de cincuenta millones de mexicanos viven en la pobreza. La gran mayoría de ellos son indígenas, como yo. Descendientes de hombres y mujeres, mexicanos, cabales, de los que heredamos nuestra tierra, nuestras manos ajadas, nuestra piel morena tan ajena para ti. Culturas centenarias y milenarias que han estado aquí, con sus dialectos y costumbres, sus rebozos y listones, su tesón por sobrevivir, su desesperación por no extinguirse.

Quizá sea la última oportunidad, te digo, pues somos denostados. La política, en todas sus facetas e ideologías, nos incluye en sus discursos y nos confiere un lastimero tratamiento de inválidos, de animales exóticos en cautiverio. Los curas, los pastores y las guías espirituales de cuanta religión se inventa y se constituye día con día, nos utilizan como carne de cañón para manejar los volúmenes adecuados de seguidores, para generar el múltiplo de fieles conveniente que garantice la rentabilidad de sus diversas negociaciones. Explotan nuestra ingenuidad e ignorancia para obligarnos a jalar el gatillo en contra de otro que, como nosotros, no encuentra ya un espacio para existir.

El resto, pues ya sabes, empeñados, cada vez con mayor necedad y estupidez, en intentar que seres de culturas distintas a la de ellos se parezcan a su modelo, se asemejen más al prototipo de los hombres blancos que sin rigor, irremediable e insensiblemente, se conforman con navegar en las aguas del consumismo, el pragmatismo y la frivolidad. Hombres blancos que se asoman por acá, solamente cuando existen pruebas fidedignas de riqueza en los subsuelos, de abundancia de maderas preciosas o de la seguridad de obtener una buena fotografía junto a un ser curioso que viste multicolor.

Quizá sea la última oportunidad, y tú la gastarás encabezando un acto televisado del día de la raza –mi Raza-; y el restó nos mirará con extrañeza cuando algunos noticiarios le dediquen a tu evento un momento entre corte y corte comercial; y unos cuantos personajes danzarán alrededor del monumento a Colón de la Ciudad de México, de la antigua gran Tenochtitlán, y le colmarán de protestas de graffiti, -como si Colón tuviera la culpa- y le escupirán, y dejarán, al final del evento, su basura y desperdicios a un lado, como símbolo de su afrenta.

Y nosotros, giraremos y daremos la espalda para seguir ocupándonos de nuestras miserias, de nuestra desesperación, mientras el hombre blanco se mantiene inmerso en la frivolidad de los escándalos que soezmente protagonizan aquellos designados para defendernos; inmerso en los escándalos que solamente sirven para seguir administrando una encomienda post moderna.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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