El reflejo de la Malacrianza salvadoreña llega a la pantalla grande

En la imagen, Salvador Solís, quien interpreta a don Cleo, un vendedor de piñatas. Foto tomada de la página de Facebook de la película.

En la imagen, Salvador Solís, quien interpreta a don Cleo, un vendedor de piñatas. Foto tomada de la página de Facebook de la película.

Arturo Menéndez se estrena este sábado 4 de octubre como escritor, productor y director de largometrajes. Malacrianza es un filme que será hito en la producción cinematográfica de El Salvador: además de ser la primera película salvadoreña con difusión internacional, sienta precedente como el primer largometraje de ficción hecho en casa en casi 50 años. Debutará en una de las salas de cine de clase mundial: el AFI Silver Theatre, en Silver Spring, Maryland.

 

Por María Luz Nóchez *

Después de dos años en reposo, el proyecto cinematográfico que en 2011 nació como “Crianza de cuervos”, salió de su letargo en enero 2013 y este fin de semana se apresta a estrenarse en la pantalla grande, exhibiendo uno de los padecimientos más recurrentes del ser humano: el miedo, encarnado en el personaje de don Cleo (Salvador Solís), un vendedor de piñatas, que en un plazo de tres días debe conseguir 500 dólares o pagar con su vida.

En 70 minutos, Arturo Menéndez representa una serie de eventos insólitos, que mientras en otras sociedades podrían resultan inconcebibles, ya están arraigados en la cotidianidad salvadoreña. “La gente me dice: “¿y esto pasa?” Y sí, pasa, que es lo peor. Y hay historias peores, o sea, hay historias más extraordinarias alrededor de esto. A partir de que yo empecé con esta historia, empecé a investigar un poquito, y me di cuenta de otras historias que todavía van más allá, incluso van adentro de una cárcel, que la llamada no solamente se queda local, sino que va dentro de la cárcel, y empiezan a mover otros tentáculos y otras cosas”, dice Menéndez.

Aunque el cineasta no acepta de entrada que la película sirva como una denuncia de la violencia en El Salvador, sí admite que desde que decidió echar a andar el proyecto lo hizo para ilustrar este momento del país a manera de un anecdotario, sobre todo porque “la gente salvadoreña tiene sed de verse a sí misma en la pantalla, para ellos todavía es como curioso, es como encontrarnos un espejo por primera vez en nuestra vida, y vernos, ver cómo hablamos, nuestros gestos, y todo eso”.

A menudo suele decirse que en El Salvador no existe tradición en producción de cine, sin embargo, la mayoría de salvadoreños probablemente se sorprenderían al saber que el acervo audiovisual cinematográfico del país sobrepasa la centena. En un siglo de historia, los géneros y formatos han sido variados, aunque el que predomina es el género documental. En 1927 se proyectó “Águilas civilizadas”, el primer largometraje con argumento hecho en El Salvador, filmado por el migrante italiano Virgilio Crisonino. En el siglo XX, los autores que relevaron al también inmigrante italiano Alfredo Massi y su reinado del género documental fueron José David Calderón, a quien se le atribuyen los primeros esfuerzos por hacer cine comercial en el país. Además, creó el primer largometraje salvadoreño: “Pasaje al Mundial” (1969), un documental que presentó el partido en que El Salvador clasificó al mundial de fútbol de México en 1970, y “Los peces fuera del agua” (1970), la primera película con argumento de un salvadoreño, exhibida en 1971.

Alejandro Cotto puso a El Salvador entre los finalistas del Festival de Berlín en 1960 con “El rostro”; Baltazar Polío filmó en 1975 “Topiltzín” (pequeño príncipe, en náhuat), el primer cortometraje experimental, y André Guttfreund se convirtió en 1976 en el primer salvadoreño en ganar un premio Óscar con el cortometraje “En la región del hielo”.

Malacrianza es el segundo largometraje salvadoreño que se estrena en 2014, y aunque tendrá una premier de lujo en el Festival Latinoamericano del American Film Institute, las condiciones en las que se produjo no fueron exactamente las idóneas: en octubre de 2011, fecha en la que estaba previsto el inicio de la filmación, el proyecto tuvo que posponerse por la tormenta tropical E-12, que provocó que el poco financiamiento que se había conseguido con algunos inversionistas locales fuera retirado, la prioridad era intentar solventar la crisis heredada por el desastre natural, no invertir en cine.

Entrado 2012, ninguno de los que se habían apuntado para colaborar económicamente reactivaron su apoyo, y para diciembre, Menéndez, decidió salir del letargo y reafirmado el interés de los actores, decidió invertir lo que tenía en su bolsa para empezar la filmación: “Me acuerdo que para el primer fin de semana yo tenía como 300 pesos en la bolsa, y yo dije: ‘bueno, voy a tirarme a hacer esto, aquí tengo para comida, para agua, para transporte: hagamos esto’”.

A falta de presupuesto, el director buscó apoyo de la productora Meridiano 89, que accedió a prestar el equipo y el personal para la filmación durante los fines de semana, y así entre enero y abril 2013 se grabó Malacrianza en Mejicanos, San Ramón y sus alrededores.

Concluidos los cuatro meses, el problema ahora se trasladaba a que la posproducción hiciera de las tomas en crudo un producto proyectable. En medio de su desesperación, Menéndez contactó a un amigo mexicano que a menudo publicaba en sus redes sociales que estaba trabajando en la posproducción de distintas películas. Probó suerte, un poco incrédulo, y así fue como Santiago García Galván se sumó al proyecto. “Estaba bien cruda la película. Y cuando terminaron de ver la película, se levanta mi amigo Santiago, me abraza y me dice: ‘aquí hay una película, hay una película con corazón y huevos. Me gusta. Lo que necesitás es reeditar, y empezás el lunes’”, recuerda el cineasta.

Santiago García Galván es fundador de Ítaca Films, casa productora de la telenovela “El cártel de los sapos”, con amplia difusión en la televisión latinoamericana.

Arturo Menéndez. Foto: Mauro Arias.

El director y productor Arturo Menéndez. Foto: Mauro Arias.

 

En el proceso de postproducción, también se incorporó al proyecto el productor salvadoreño Alfonso Quijada, radicado en Vancouver, Canadá, quien aportó los fondos para pagar el trabajo del elenco, integrado entre otros, por Salvador Solís, Karla Valencia, Rodrigo Calderón, Mercy Flores y Leandro Sánchez. Quijada es hijo del escritor salvadoreño Alfonso Kijadurías, y dirige la casa productora Sivela Pictures.

La banda sonora de la película también incluye talentos salvadoreños, y entre los andares y angustias de don Cleo se escucharán música y letras de Cartas a Felice, Akumal, Adhesivo y Pescozada.

El director y productor de Malacrianza atribuye la participación de su película en el Festival Latinoamericano de la AFI a Josh Gardner, el curador del festival, quien se enteró del largometraje en un portal de festivales, el Festival Scope, en donde participan festivales clase A, como Berlín, Rotterdam, San Sebastián, entre otros. Ya en 2009, Menéndez compitió en el Berlinale Talent Campus y por el Berlín Today Award con su corto “Cinema Libertad”, una producción que desbancó a las producciones hollywoodenses en los cines salvadoreños el primer fin de semana de proyección, además de ser celebrada por la crítica nacional e internacional.

Aún no hay fechas para la proyección del largometraje posterior a su exhibición en el AFI Silver Theatre, porque según explicó Menéndez a El Faro, aún debe cumplir su ciclo se presentación en distintos festivales, de los cuales prefiere no adelantar nombres porque no hay nada escrito en piedra: “Ahorita estamos en el proceso de negociación de toda esa parte. Es difícil decir adónde se va a estrenar primero, seguramente en Estados Unidos. Pero la decisión final la harán los distribuidores después que termine su ciclo de festivales”.

*Con reportes de Élmer L. Menjívar

Fuente: Elfaro.com

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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