El profano ataque de los republicanos al sagrado derecho a votar

Por Amy Goodman

Existe en Arkansas una base de datos en la que podría figurar su nombre… Eso en caso de que usted viva en uno de los 28 estados de Estados Unidos que participan del Programa Interestatal de Verificación de Registro de Votantes. Se trata de uno de los crecientes componentes de una agresiva iniciativa desarrollada por los republicanos a lo largo y ancho de Estados Unidos que tiene por objetivo impedir que muchos estadounidenses puedan votar.

Varios estados han dado inicio al período de votación anticipada para las elecciones legislativas 2014 de Estados Unidos, que se llevarán a cabo este 4 de noviembre. Está en juego el control del Senado de Estados Unidos, así como muchas gobernaciones cruciales, bancas en el Congreso y referéndums. Una interrogante que surge en torno a estas elecciones es qué tan significativo será el impacto de las iniciativas para privar del derecho al voto a una gran cantidad de ciudadanos.

Hablé con Dolores Internicola en Fort Lauderdale, Florida, una de las zonas más afectadas por los esfuerzos del asediado gobernador republicano de Florida, Rick, Scott, por eliminar votantes de los padrones. Dolores perdió a su esposo, Bill, recientemente. Bill fue noticia en el año 2012, cuando a los 91 años de edad recibió por correo una notificación oficial de que su ciudadanía estaba en duda, por lo que debía comprobarla a fin de evitar ser eliminado de los padrones electorales. Como veterano de la Segunda Guerra Mundial que luchó en la batalla de las Ardenas, el oriundo de Nueva York se vio entristecido ante la posibilidad de no poder participar en el sistema electoral que él mismo había ayudado a defender contra la Alemania nazi. “Fue terrible”, recordó su viuda. Bill logró votar en las elecciones de 2012, pero la misma amenaza de ser arbitrariamente inhabilitadas para votar se cierne sobre millones de personas este año.

El periodista de investigación Greg Palast y el documentalista Richard Rowley recorrieron el país y documentaron el impacto del Programa de Verificación de Votantes. La crucial investigación que hizo Palast sobre la ahora legendaria debacle electoral que vivió Florida en el año 2000 contribuyó a exponer de qué manera la entonces Secretaria de Estado de Florida, Katherine Harris, supervisó una depuración de votantes errónea y a gran escala que fue determinante para llevar a la presidencia a George W. Bush en las que continúan siendo las elecciones presidenciales más polémicas de la historia de Estados Unidos.

Greg Palast plantea una pregunta fundamental en su especial de dos partes producido por Al-Jazeera America sobre presuntos electores que votan dos veces. “Me interesé en este tema cuando Bush ganó por 527 votos. Y ahora, quince años después, escucho que denuncian ‘fraude electoral. Un millón de personas cometen fraude electoral’. ¿Existe realmente esta inmensa ola de crímenes?”

El sistema de verificación que describe Palast comenzó como una iniciativa del Secretario de Estado de Kansas, el republicano Kris Kobach. Toma los registros electrónicos de los votantes de los estados intervinientes, los recopila en una base de datos centralizada en Arkansas e intenta identificar a cada uno de los votantes que pudiera haber votado en más de un estado. Estos “votos duplicados” fueron responsables, según el comentarista conservador Dick Morris, de más de un millón de votos fraudulentos en favor de Barack Obama, que le permitieron supuestamente “robarse las elecciones” de 2012. Aún así, según informa Palast, no se ha llevado a cabo ni un solo procesamiento por fraude electoral a consecuencia del sistema de verificación. En lugar de ello, la verificación ha provocado una depuración a gran escala de votantes habilitados, con frecuencia debido a problemas en la recopilación y organización de los datos.

La depuración de los padrones electorales es solamente una de las formas en que los republicanos procuran restringir el voto. En las últimas semanas, la justicia ha emitido fallos clave que han hecho de todo menos garantizar que se preserve el derecho al voto de decenas de miles de votantes. Texas aprobó recientemente una ley de identificación de votantes por fotografía que resulta altamente restrictiva. La Corte Suprema de Estados Unidos decidió no expedirse respecto a su contenido hasta después de las elecciones a fin de evitar confusiones. Al emitir su voto en desacuerdo, la Ministra de la Corte Ruth Bader Ginsburg expresó: “La mayor amenaza a la confianza de la población en las elecciones en este caso es la perspectiva de que se aplicará una ley resueltamente discriminatoria que probablemente imponga un impuesto inconstitucional al voto e implique el riesgo de negar el derecho a votar a cientos de miles de votantes habilitados”.

También se ha permitido que procedan leyes restrictivas de identificación de votantes y otras obstrucciones al voto en Wisconsin y Carolina del Norte. Desde hace tiempo se reconoce que exigir la presentación de documentos de identidad con fotografía afecta de forma desproporcionada a las personas de menores recursos y a las personas de color, dos sectores de la población que tienden a votar por el Partido Demócrata.

En el otoño de 1980, Paul Weyrich, un activista conservador que fundó instituciones de derecha como The Heritage Foundation, Moral Majority y American Legislative Exchange Council, habló durante una conferencia en Dallas. “No quiero que voten todas las personas”, dijo, y continuó: “Las elecciones no se ganan con la mayoría de la población, nunca ha sido así desde los inicios de nuestro país y no es así ahora. De hecho, nuestra ventaja en las elecciones aumenta considerablemente cuando disminuye la población de votantes”. Aquel sueño expresado por Paul Weyrich en 1980 se ha convertido en la triste realidad de 2014. El derecho a votar es sagrado y protegerlo es responsabilidad de todos nosotros.

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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