Los ojos de Cameron

Por Alfonso Villalva P.

Cameron Díaz, o la muchacha que parecía una réplica exacta de Cameron Díaz, terminaba graciosamente su té hirviente al lado de la mesa a la que me condujo la recepcionista para tomar el desayuno.

Mucho movimiento, mucha gente de todo tipo en ese hotel. Al tomar asiento traté infructuosamente de continuar la lectura de un editorial en el Financial Times respecto de la discusión en la Casa de los Lords la noche anterior, en torno a la reconstrucción de Gaza y la sospechosa nacionalidad de las empresas contratistas.

La plática de al lado era animada y pasional. Las nuevas generaciones… Cameron Díaz, o la muchacha que parecía una réplica exacta de Cameron Díaz, machacaba, a otra mujer no menos atractiva que estaba delante de ella también tomando té a sorbos, que le gustaría ser parte de las nuevas generaciones, que le parecía emocionante, -hasta romántico, dijo-, su forma peculiar de abordar el mundo.

Nuevamente intenté regresar al editorial de marras en el periódico impreso -muy lejano por cierto con su olor a tinta, de las formas electrónicas o instantáneas de los famosos millenials o nuevas generaciones del milenio-, cuando Cameron Díaz, o la muchacha que parecía una réplica exacta de Cameron Díaz, levantó el vuelo del restaurante paralizando la respiración de los parroquianos que tratábamos de disimular un pulso descontrolado ante su figura, su mirada seductora y su boca carnosa, mientras la veíamos recorrer con una lentitud insufrible, agonizante diría yo, todo el pasillo que la conducía hacia el lobby principal del hotel.

Quizá con el objeto de normalizar el ritmo de la sístole y la diástole, intenté regresar al debate del parlamento inglés sobre la desgraciada reconstrucción de Gaza.

Inútil. La concentración estaba perdida irremediablemente. Me quede entonces atrapado reflexionando en los millenials, las nuevas generaciones del milenio, y no pude evitar cruzarlos con la constante que no nos abandona sobre el gravísimo momento que vivimos en Mexico y que, en ciertos brotes, pareciera orientarse a depredar precisamente a ese grupo generacional.

La generación del milenio, se distingue, según el consenso más plausible de quienes no formamos parte de ella, y entre toda una serie de atributos que pasan desde su juventud y los paradigmas rotos o por romperse, precisamente por la característica de ejercer brutalmente la libertad para elegir las cosas de su vida.

Es decir, ellos eligen, no son elegidos. Ellos deciden su causa, su camino y su perfil. Ellos abordan el mundo con herramientas inusitadas, información disponible en segundos, datos cruzados y consensos generados en segundos también, en la palma de su mano, basados en un concepto añejo pero aparentemente ahora tan extraño a nosotros: la conectividad.

Quizá por ello, pensaba, se radicaliza aún más la desesperada y lamentable actuación de quienes quieren a toda costa hacerse del poder (en México, en Gaza, en Irak, etc.). Quizá por ello es más evidente la carencia de sustancia de la oligarquía proselitista.

Quizá por allí pasa el dispendio de propaganda sin brújula, sin ideología pero con mucha hambre de riqueza, que totalmente descolocado y confuso entiende cada vez más que ellos, los millenials, ya no serán la presa fácil y fiel de siempre.

Quizá por ello los grandes empleadores de México, Latino América, Africa del Norte, Europa continental, ya no saben bien como convencernos para dar nuestra gratitud por un contrato de por vida con prestaciones de Ley y mucha, pero mucha mediocridad.

Es muy probable que sea un punto de quiebre. Quizá sea por ello que al ver esa determinación en sus ojos, esa mañana me pareció aún más atractiva Cameron Díaz, o la muchacha que parecía una réplica exacta de Cameron Díaz, evocando esa nostalgia activa de ser parte de esta nueva generación que muy probablemente ahora si pondrá en su sitio las cosas.

Quizá sea por ello y porque este mundo ya no puede tolerar las muertes, abusos y explotaciones masivas en Gaza, cualquier sitio de África, Oriente Próximo, Asia del Sur; en Ottawa. Ayotzinapa, Acteal o la Colonia Doctores de la Ciudad de México. Quizá por ello ahora sí, es muy probable, que finalmente la Mujer Dormida vaya dar a luz…

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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