Los guerreristas estadounidenses se afianzan en el poder

Por Vicky Peláez

El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia. (José Saramago, 1922-2010)

 

Estados Unidos es uno de los países más contradictorios en el planeta junto con sus dirigentes tanto demócratas como republicanos.

Su presidente Barack Obama es su típico representante ya que fácilmente confunde la verdad con la mentira y utiliza el cinismo para convertir lo negro en blanco o viceversa. Siguiendo esta pauta, los más destacados organismos internacionales tienen las mismas reglas de juego.

Por ejemplo, el Comité del Premio Nobel de la Paz sabía perfectamente cuando le otorgó este prestigioso galardón, que no era cierto de que “Barack Obama dio esperanza al mundo para el mejor futuro… un mundo sin armas nucleares”, porque en ese mismo año Washington empezó un programa de rearme nuclear para asegurar su hegemonía global.

Ahora todo el mundo sabe los “logros” de este Premio Nobel de la Paz: bombardeó siete países en menos de seis años de su presidencia, deportó a 2.500.000 indocumentados, la mayoría hispanos, igualmente eliminó las posibilidades de una reforma de inmigración, militarizó la policía nacional, creó condiciones para el “terrorismo mediático” nacional e internacional, atacó a los sindicatos de maestros, se olvidó de sus promesas de aumentar el salario mínimo y su última hazaña a nivel internacional ha sido el golpe de Estado en Ucrania con el pretexto de dominar en el futuro a Rusia iniciando así una nueva Guerra Fría.

Por supuesto, que el autor verdadero de esta política no era el mismo Obama, responsable del poder nominal, sino los oligopolios de las transnacionales que constituyen el poder real tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea (UE). En un reciente artículo, dos de los más lúcidos especialistas en el Sistema Económico Mundial, Samir Amin y Aulio Borón, afirmaron que “el imperialismo actual tiene como su centro indiscutido a EE.UU. con cinco oligopolios”: el tecnológico; el control de los mercados financieros; el acceso a los recursos naturales del planeta; el control globalizado de los medios de comunicación; y el control de las armas de destrucción masiva.

El propósito de las transnacionales es instalar paulatinamente una sola entidad económica a nivel planetario y posteriormente un gobierno global. Actualmente las cadenas de las corporaciones transnacionales representan el 80 por ciento del comercio mundial, según el informe de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD, 2013).

Las 90 transnacionales más poderosas tienen su sede en los países de la Alianza Transatlántica del Comercio e Inversión (EE.UU., Alemania, Francia, Holanda, Italia, Bélgica, Luxemburgo, España y el Japón). Las mega corporaciones tienen a su disposición grandes centros de estudios e investigación (“think tanks”) como Heritage Foundation, Cato Institute, Rand Corporation, Center for American Progress, American Enterprise Institute y muchos otros que los están guiando hacia su meta del dominio del mundo.

A la vez, presentan para el consumo general informes distorsionados para confundir la opinión pública y alinearla con los intereses ocultos de las transnacionales. De acuerdo al estudio de la organización Imparcialidad y Exactitud en la Información (FAIR), los 25 más influyentes “think tanks” en EE.UU. reciben fondos de corporaciones, gobierno o grandes donantes, como ExxonMovil, Chevron, Shell y de los productores de armas como Lockheed Martin, Boeing, General Dynamics etc.

Lo mismo sucede con muchos medios de comunicación, como por ejemplo Financial Times, The Economist que según el ensayo de James Tracy, “La Guerra, la Propaganda de los Multimedios y el Estado Policiaco”, forman parte del Grupo Pearson, propiedad del mayor banco de inversiones en el mundo, Black Rock. En general la prensa globalizada es manejada por una elite privilegiada. Actualmente en Estados Unidos seis media gigantes controlan el 90 por ciento de la información que reciben los norteamericanos (GE, News Corporation, Disney, Viacom, The Warner, CBS) obteniendo más de 200 mil millones de dólares al año.

La elite la constituyen 232 ejecutivos que determinan qué es lo que debe saber y ver el público. Lo mismo sucede en la Unión Europea, con pocas excepciones, donde la industria global de telecomunicaciones igual como en Norteamérica está controlada por la poderosa Agencia de Seguridad Nacional (NSA) con la venia de los gobiernos locales.

Precisamente los medios de comunicación globalizados guiados por “think tanks” convirtieron la tortura en el “interrogatorio reforzado”, las guerras de agresión en “guerras humanitarias” o “guerras por la democracia” y las víctimas de las guerras fueron presentados como sus “autores”. Los acontecimientos en Ucrania provocados por Washington y Bruselas dieron un empuje al sector industrial militar que hábilmente presentó a Rusia como uno de los principales peligros para la seguridad del mundo occidental.

Muy interesadamente, el presidente Barack Obama, el secretario de Defensa, Chuck Hagel y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg señalaron al unísono a Moscú como una amenaza, exigiendo inmediatamente al Pentágono “más dinero porque debían prepararse para enfrentar a Rusia”.

El presupuesto actual del Pentágono es de 600 mil millones de dólares pero contando proyectos y programas con otros departamentos como el de Energía, su gasto anual sería cerca de un millón de millones de dólares. Se sabe que uno de cada cinco dólares de impuestos que pagan los ciudadanos es para el Pentágono.

Actualmente el departamento de Defensa ordenó a su Servicio Clandestino de Defensa de enviar unos 500 agentes encubiertos a los países donde “la situación es muy compleja”, siendo Rusia uno de los principales blancos del espionaje junto con China, Cuba e Israel, de acuerdo a The Washington Post. Actualmente más de 700 agentes del servicio secreto militar reciben un suplemento monetario por hablar ruso y 2.725 por dominar español.

Sin embargo, el pueblo norteamericano se mantiene indiferente a todo esto. Lo que le interesa es su situación económica individual que se está deteriorando. La recuperación económica de la que está hablando Obama es para la clase privilegiada mientras la clase media y la de recursos bajos ven a diario declinar su capacidad financiera.

Este año se considera como el peor para Barack Obama desde que asumió la presidencia. El número de pobres aumentó en 5,5 millones y la pobreza infantil creció de 30,1 a 32,3 por ciento. El índice de aceptación del presidente es alrededor del 39 por ciento. Y todo sucedía en las elecciones de medio término para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes (435 escaños) y el 36 de los 100 asientos en el Senado.

Normalmente las elecciones de medio término reflejan el grado de aceptación de las gestiones del presidente por los ciudadanos. Por eso no es de extrañar que los demócratas fueran derrotados y Obama deberá gobernar sus últimos dos años con el Capitolio en manos de la oposición y acostumbrarse a que los republicanos tengan la mayoría en el Senado (52 asientos frente a 44 de los demócratas) y en la Cámara de Representantes (242 frente a 174 de los demócratas).

La crisis económica, el miedo al virus Ébola y al terrorismo, la falta de credibilidad de Obama fueron los factores que influyeron en los resultados de las elecciones aunque según The Washington Post, la mayoría de los estadounidenses opinan que ni los demócratas ni los republicanos tienen un plan coherente para gobernar. Simplemente fue un voto de rechazo a la actual política interna de Barack Obama, mientras que la política exterior de este gobierno ni les interesó a los votantes.

Todo esto hace suponer que no habría ningún cambio y la militarización de la política exterior de Estados Unidos seguirá su curso. Hace poco el ex subsecretario del Tesoro, Paul Craig Roberts escribió que en el sistema político norteamericano el candidato elegido no está en deuda con los votantes sino con los intereses especiales de sus donantes financieros. “Una vez elegido el congresista sirve a los grupos de interés privados que lo han puesto en el cargo. En EE.UU. el gobierno puede ser comprado y vendido como todo lo demás”. Así de simple.

Fuente: RIA NOVOSTI/ARGENPRESS.info

 

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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