¿Qué hacía el general Alzate de civil y sin escolta en una zona roja de las FARC?

Por Arturo Wallace

Muchos se preguntan por qué el general no estaba resguardado lo suficiente. Foto: Reuters/BBC.

Muchos se preguntan por qué el general no estaba resguardado lo suficiente. Foto: Reuters/BBC.

Se sabe que el militar está efectivamente en poder del grupo guerrillero, que lo capturó el domingo pasado cuando visitaba –vestido de civil y sin mayor escolta– un pequeño poblado ubicado en plena zona de conflicto, en el noroccidental departamento de Chocó.

Mientras, el presidente Juan Manuel Santos ya dejó claro que el proceso de paz no se reanudará mientras Alzate y dos acompañantes, que también fueron retenidos por la guerrilla, no hayan sido liberados.

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Y todos coinciden en que, mientras esto no ocurra, el futuro de las pláticas estará bajo amenaza.

Más allá de eso, sin embargo, las preguntas no han hecho más que acumularse.

Y para muchos colombianos la más difícil de responder es: ¿qué hizo que un militar con la experiencia y formación de Alzate fuera a meterse desarmado en la boca del lobo?

Sin explicación satisfactoria

Hasta el momento las autoridades militares no han ofrecido una explicación satisfactoria para un comportamiento por el que el propio presidente Santos pidió explicaciones públicamente –a través de su cuenta de Twitter– al ministro de Defensa y el comandante general de las Fuerzas Armadas Colombianas.

“Quiero que me expliquen por qué BG Alzate rompió todos los protocolos de seguridad y estaba de civil en zona roja”, trinó un exasperado Santos el domingo mismo, poco después que se confirmara la desaparición del general.

Y el comunicado en el que las FARC admitieron este martes la retención de Alzate y sus acompañantes tampoco arrojó luz sobre ese tema, mientras que los voceros guerrilleros dijeron que esa era una pregunta que sólo las autoridades podían contestar.

La importancia que los colombianos le asignan al asunto es, sin embargo, un buen indicador de las suspicacias que rodean a las negociaciones.

Algunos han llegado a afirmar que todo podría ser parte de una conspiración para acabar con las pláticas, que no cuentan con el apoyo unánime del estamento militar.

El presidente Santos suspendió indefinidamente las conversaciones de paz tras el secuestro.

Pero otros creen que Alzate, quien había sido comandante de una unidad antisecuestros y estaba acompañado de un suboficial de la inteligencia militar, podía simplemente estar desarrollando precisamente labores de inteligencia.

Se habla, incluso, de un intento por coordinar la desmovilización de algunos guerrilleros que habría salido mal.

Y las diferencias en las versiones de la captura del comandante de la Fuerza de Tarea Titán sólo han ayudado a alimentar la especulación.

Primero se dijo que había sido capturado en medio de combates.

Luego trascendió –en la versión de un soldado que lo acompañaba y pudo escapar antes de ser capturado por las FARC– que había sido “sorprendido” por elementos armados cuando visitaba Santa María de Quibdó.

Mientras que según testimonios de pobladores del pequeño caserío, recogidos por el periódico El Colombiano, Alzate más bien se habría ido con un grupo de hombres vestidos de civil sin que mediara violencia, y luego de haberse encontrado con ellos en la iglesia del pueblo para una larga conversación.

Interceptado

Las FARC, por su parte, dijeron que el bote del general había sido interceptado por uno de los retenes móviles que el Bloque “Iván Ríos” mantiene en las orillas del río Atrato.

Según el grupo rebelde, Alzate y sus acompañantes fueron capturados “en razón a que se trata de personal militar enemigo, que se mueve en el ejercicio de sus funciones, en área de operaciones de guerra”.

Desde La Habana, Pablo Catatumbo confirmó el secuestro de Alzate.

Esta explicación de las FARC puede, en cualquier caso, ayudar a contestar otra de las preguntas pendientes: ¿qué dice la retención –o secuestro, como han calificado al hecho las autoridades– de la voluntad de paz de la guerrilla?

Porque, de ser cierta, sugiere que no se trató de una operación planificada, sino de un golpe de oportunidad. Aunque la prueba decisiva será la velocidad con la que el grupo rebelde resuelva la situación.

Mientras, la posibilidad de una ruptura en la cadena de comando de las FARC, parece ser desmentida por la afirmación del Bloque “Iván Ríos” de que están “subordinados a las decisiones que adopten las instancias superiores de las FARC-EP”. Pero esto todavía tendrá que ser demostrado en la realidad.

Y las dudas sobre la cohesión de las FARC seguramente no fueron disipadas por la insistencia de uno de sus negociadores, Pablo Catatumbo, de distinguir entre las posiciones y decisiones del Secretariado –la máxima autoridad del grupo guerrillero– y su delegación de paz.

Falta de fluidez

De la misma forma, la honesta admisión de los insurgentes de que las comunicaciones con los guerrilleros en el terreno no se caracterizaban por su fluidez, fue inmediatamente empleada por algunos de los críticos del proceso para denunciar la supuesta inutilidad de las pláticas de La Habana.

Y esto seguramente también incidirá sobre la velocidad de una eventual liberación de Alzate y sus acompañantes, independientemente de si las FARC ponen o no condiciones para esta liberación.

“Esto apenas está empezando”, advirtió Catatumbo, quien sin embargo dijo que los negociadores estaban dispuetos a “contribuir a una pronta y sensata solución de este problema”.

Y es que con una gigantesca operación militar de búsqueda y rescate actualmente realizándose en la zona, el tiempo seguramente no es el mejor aliado de la organización, que sigue insistiendo en la conveniencia de un cese del fuego bilateral.

En cualquier caso, la forma en como evolucione el caso Alzate sin duda ofrecerá importantes respuestas sobre el proceso de paz, incluyendo la posibilidad o no de cambiar las reglas del juego.

Aunque para los colombianos las dos preguntas más importantes siguen siendo cuánto tardarán las FARC en liberar a los capturados y si el proceso logrará sobrevivir a lo que pueda suceder en el Chocó.

Fuente: BBC Mundo

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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