El día en que la flota alemana se rindió entera

 Obra de Charles Pears. "La flota alemana anclada cerca de Inchkeith, fiordo de Forth: Tras la rendición, 22 de noviembre de 1918".


Obra de Charles Pears. “La flota alemana anclada cerca de Inchkeith, fiordo de Forth: Tras la rendición, 22 de noviembre de 1918”.

Por Marek Pruszewicz

El día del Armisticio se recuerda como el día en que terminó la Primera Guerra Mundial. Pero para los historiadores navales, la victoria más importante de Reino Unido ocurrió 10 días más tarde. “Operación ZZ” era el nombre código para la rendición de la todopoderosa armada alemana.

Quienes fueron testigo del “Der Tag” o “El Día” nunca olvidarán lo que vieron: la reunión de naves de guerra más grande nunca vista.

No había amanecido en el fiordo de Forth, en Escocia, cuando los poderosos acorazados de la Gran flota de la marina inglesa comenzaron, uno por uno, a levar anclas.

No hubo intercambio de fuego en la victoria más importante de Reino Unido en la I Guerra Mundial: sólo la entrega pacífica de la flota alemana.

No hubo intercambio de fuego en la victoria más importante de Reino Unido en la I Guerra Mundial: sólo la entrega pacífica de la flota alemana.

Los más 40 enormes buques de guerra empezaron a moverse lentamente, con dirección al este. Cuando la procesión de acero se dirigía a aguas abiertas del Mar del Norte, más de 150 cruceros de guerra y destructores se le unió.

La Armada Real percibió algo que no percibieron los otros. Querían subrayar que los alemanes habían sido derrotados realmente, y nada lo logra mejor que hacer que la flota enemiga se te entregue”

Andrew Choong, experto del Museo Marítimo de Greenwich

La flota más poderosa que nunca partiera de las costas británicas se dirigía a un encuentro final con su enemigo mortal, la Flota de altamar alemana.

La victoria sería total. Pero no habría de haber una batalla. Tras cuatro años de estancamiento naval, este sería el día en que Alemania le entregaría su naves de guerra a los británicos, sin disparar un tiro.

Era el 21 de noviembre de 1918.

Rendición y gesto

Después de una tensa negociación, Alemania había accedido a entregar su flota, la segunda más grande del mundo después de la Marina Real, a los británicos. El enorme grupo de barcos que se reunió para recibir a los alemanes fue un comité de bienvenida tan arrollador que no admitía ningún cambio en los planes.

La flota alemana era la segunda más grande del mundo, después de la británica.

La flota alemana era la segunda más grande del mundo, después de la británica.

“La Armada Real percibió algo que no percibieron los otros. Querían subrayar que los alemanes habían sido derrotados realmente, y nada lo logra mejor que hacer que la flota enemiga se te entregue”, dice Andrew Choong, curador de barcos, mapas y fotografías históricas del Museo Marítimo Nacional de Greenwich.

Era una escena que quienes la vieron nunca podrán olvidar. Un corresponsal del Times, que la apreciaba desde la cubierta de un barco británico, el HMS Queen Elizabeth, escribió emocionado: “no hay paralelo en los anales de la guerra por mar a este memorable evento que he tenido el privilegio de atestiguar hoy”.

“Fue la defunción de una tropa entera y marcó el final y la rendición innoble de un contrincante presumido a la supremacía naval de Reino Unido”.

Bloqueo económico

Dos días antes, nueve buques de guerra alemanes, seis cruceros de guerra, siete cruceros y 50 destructores habían partido hacia el oeste. Bajo los términos del Armisticio que había puesto fin a la guerra, tenían que entregarse en el fiordo de Forth, antes de ser llevados al solitario fondeadero de Scapa Flow, en Orkney.

Era una flota que había sido concebida para desafiar la supremacía británica en el mar. Su construcción había encendido una carrera armamentista en el mar que contribuyó a poner a los dos países uno en contra del otro.

El almirante Beatty reconoció el esfuerzo de los marinos de guerra británicos.

El almirante Beatty reconoció el esfuerzo de los marinos de guerra británicos.

Como isla que dependía de las importaciones de alimentos, Reino Unido tenía que dominar las olas. Una derrota en el mar ante los alemanes habría conducido a un bloqueo, posiblemente a la hambruna y a la rendición.

Los comandantes navales sabían que no tenían opción. Como dijo Winston Churchill, Sir John Jellicoe, el almirante que lideró a la Marina Real hasta 1916, era “el único hombre en cualquiera de los bandos que podía perder la guerra en una sola tarde”.

Para evitar esa posibilidad, Reino Unido construyó más barcos, y más grandes, que Alemania. En el transcurso de la guerra mantuvo una ventaja de aproximadamente dos a uno en términos de buques de guerra. Esta superioridad numérica había sido diseñada para hacer que una derrota fuera imposible, para embotellar a los alemanes al otro lado del Mar del Norte.

Y funcionó.

El bloqueo de Alemania significó que para 1918 eran los alemanes quienes estaban pasando hambre, no los británicos. Sigueron los desórdenes públicos y después un clamor por la paz”.

“Se ha dicho mucho acerca de cuán cerca estuvieorn los U-boots alemanes de estrangular a Reino Unido en 1917, pero si lo miras del otro punto de vista, a principios de 1915 no había barcos mercantes alemanes en el mar”, explica Andrew Choong.

“El comercio por mar alemán efectivamente fue cerrado de la noche a la mañana. Esto terminó causándole más problemas en la guerra”.

El bloqueo de Alemania significó que para 1918 eran los alemanes quienes estaban pasando hambre, no los británicos. Como consecuencia hubo desórdenes públicos y después un clamor por la paz. Para historiadores marítimos como Andrew Choong, la derrota estratégica de Alemania en el mar fue una contribución aún más importante de Reino Unido a la victoria que las batallas que se libraron en tierra.

“Personalmente pienso que la contribución marítima fue la más importante, pero no en batalla, sino a través de la estrangulación más silenciosa por la vía del bloqueo”, dice.

Listas para la acción

Mientras lideraba a su flota fuera del fiordo de Forth, sir David Beatty, el sucesor de Jellicoe como comandante en jefe de la Gran flota, podía contar con su enorme superioridad para disuadir a los alemanes intentar un desafío final. Además de sus buques, tenía el apoyo de cinco barcos de guerra estadounidenses y tres franceses.

La bandera alemana fue arriada al atardecer.

La bandera alemana fue arriada al atardecer.

Sin embargo, no iba a tomar ningún riesgo. Sus órdenes, emitidas la noche antes, era muy claras: las embarcaciones debían que estar listas para entrar en acción si era necesario.

En su camino hacia el Mar del Norte, la Gran flota formó dos columnas masivas: una hacia el norte y otra hacia el sur, a unos nueve kilómetros de distancia la una de la otra.

Justo antes de las 10:00 se encontró con los alemanes, liderados a su rendición por el crucero ligero británico HMS Cardiff. Las columnas aliadas giraron hacia el oeste, formando una escolta arrolladora a ambos lados de los alemanes.

Entre las dos líneas estaban los alemanes, liderados por el Cardiff, como una manada de gigantes marinos liderados por un pececito. Sobre ellos volaba una aeronave británica. Primero entraron los cruceros de guerra, encabezados por el Seydlitz”

El corresponsal del Times

“Entre las dos líneas estaban los alemanes, liderados por el Cardiff, como una manada de gigantes marinos liderados por un pececito. Sobre ellos volaba una aeronave británica. Primero entraron los cruceros de guerra, encabezados por el Seydlitz”, describió el corresponsal del Times.

Al final de la mañana todo había terminado. Los buques alemanes, excepto un destructor que se había topado con una mina y se había hundido, anclaron en la costa de la Isla de May en las afueras del fiordo de Forth, rodeados por sus carceleros.

“La bandera alemana será arriada al atardecer y no será izada de nuevo sin permiso”, fue el inequívoco mensaje de Beatty.

Destinado a no durar

Antes de celebrar una misa de acción de gracias a bordo del HMS Queen Elizabeth, el almirante le dio las gracias a los marineros de la Gran flota.

“Felicitaciones por una victoria que ha sido obtenida sobre el poderío naval de nuestro enemigo. La grandeza de este logro no se ve disminuida de ninguna manera porque este episodio final no tomó la forma de una acción de flota”, dijo.

La Marina Real estaba en la cima de su poderío. Reino Unido dominaba las olas. “Entonces, Reino Unido era la potencia mundial naval, y la segunda potencia acababa de entregarle sus barcos”, explica Choong.

Pero no estaba destinado a durar. Pocos meses más tarde, la flota alemana estaba en el fondo de Scapa Flow, hundida por unas tripulaciones esqueleto, en un acto desafío final.

Aquella jornada del 21 de noviembre, Reino Unido dominó las olas.

Aquella jornada del 21 de noviembre, Reino Unido dominó las olas.

Los alemanes se entregaron sin intentar una demostración final de fuerza.

Los alemanes se entregaron sin intentar una demostración final de fuerza.

Sin enemigo que enfrentar, y desesperada por recortar los presupuestos militares, la Marina Real no podía justificar el gasto de estos barcos masivos.

“La mayoría fueron hechos chatarra entre los años 20 y los 30. Un puñado de los mejores sirvieron en la Segunda Guerra Mundial”, explica Choong.

Al menos uno de los barcos de guerra británicos, el HMS Hercules, fue remolcado por el Mar del Norte para enfrentar su destino en el deshuesadero del puerto de Kiel, en Alemania.

Pero al caer el sol la tarde del 21 de noviembre de 1918, nada de aquello podía avizorarse. Mezclado con el sonido de los cornetines se oían los “vivas” de los marineros de la Gran flota. El reportero del Times no tenía duda de haber presenciado un espectáculo único:

“El plan de la operación no logra ilustrar la escena, pero debe quedar registrada para la historia por siempre, pues indica una disposición de las flotas hostiles como no nunca había sido vista antes y probablemente como no se verá nunca más”.

Foto: Getty/BBC.

Foto: Getty/BBC.

Fuente: BBC Mundo

[ratings]

About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

You must be logged in to post a comment Login