La espectacular celebración del carnaval en Brasil a pesar de la crisis

 

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Por Gerardo Lissardy

Y encima, un diluvio justo ahora.

Agata de Araújo se preparó meses para este desfile con Unidos de Viradouro, suescola de samba “del corazón”, la primera del carnaval de Río de Janeiro que sale al Sambódromo este domingo.

La carioca de 29 años ha dejado de lado problemas varios, como una caída anual de 20% en las ventas de la empresa de productos infantiles donde trabaja con su esposo. O el “caos” del tránsito en Río, que le hace pensar en mudarse a otra parte.

Ahora Araújo está a punto de entrar al Sambódromo, pero una copiosa lluvia empapa los disfraces, los carros alegóricos y hace fallar dos veces el sonido de Viradouro, una escola de samba que lucha por mantenerse en el selecto Grupo Especial del carnaval carioca.

Parece mentira: tanto hablar de la peor sequía en décadas, de la crisis hídrica… y se larga a llover así en este momento tan esperado.

Entonces, Araújo y sus compañeros del último ala del desfile tiran al diablo los grandes sombreros que forman parte de su indumentaria y entran a desfilar a cabeza desnuda por la avenida.

Araújo parece liberada. Danza con frenesí, una gran sonrisa dibujada en su rostro.

“Brasil está con varios problemas, pero el carnaval es lo que el pueblo tiene”, reflexiona en diálogo con BBC Mundo. “Realmente olvidamos en carnaval”.

Sí, pese a todo, en Brasil vibra otra vez con su carnaval.

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Cambio de ritmo

En los últimos años este país parecía acostumbrase a marchar con viento a favor.

La economía crecía, la clase media se expandía, el consumo aumentaba y la violencia en Río disminuía. En el océano aparecían grandes yacimientos de petróleo que traían augurios de prosperidad.

Sin embargo, el panorama se ha vuelto cada vez más sombrío.

La economía se estancó, la inflación resurgió -en enero fue la mayor en 12 años (1,24%)-, en Río volvieron problemas de seguridad como tiroteos en favelas “pacificadas” o balas perdidas que matan inocentes. Y la petrolera estatal Petrobras, otrora orgullo nacional, sufre un enorme escándalo de corrupción.

“Hemos vuelto a desconfiar en Brasil”, dice Leandro Barankiewicz, un publicista de 37 años que se dirige al Sambódromo para participar de la fiesta.

“Crisis”

En el gran escenario del samba hay pocas señales evidentes de que este sea un carnaval en tiempos de vacas flacas.

Las tribunas están repletas pese a la lluvia y las escolas desfilan una tras otra con grandes despliegues de música, baile y colores, precedidas cada una por un imponente espectáculo de fuegos artificiales.

Pero si se observa con más atención se pueden ver algunas señales de cambio.

Petrobras
Petrobras: ¿que pasó con la joya de Brasil?

 

En uno de los bares tradicionales debajo de las tribunas hay bastante menos gente que en años anteriores. Vinicius Muniz explica detrás de la barra que puede ser por la lluvia, pero también por el aumento de precios.

“La crisis brasileña similar a la de Europa llegó”, sostiene.

Grandes marcas como Coca-Cola o Unimed desistieron esta vez de auspiciar camarotes exclusivos para invitados como hacía en años anteriores. Y espacios de ese tipo todavía estaban disponibles días antes del inicio del desfile, algo inédito en el último lustro, según expertos.

Las entradas a los camarotes VIP -para ver los desfiles, brindar codo a codo con famosos y estar a salvo de la lluvia- oscilan entre US$880 y US$3.100 por noche.

En los últimos días surgió incluso una polémica singular sobre el financiamiento de Beija Flor, una de las escolas de samba que desfilarán en la noche de este lunes.

El diario O Globo informó que Teodoro Obiang Nguema, el hombre que gobierna Guinea Ecuatorial a su antojo desde hace 35 años, aportó a bija Flor el equivalente a US$3,5 millones para promover a su país en el desfile.

La escola negó haber recibido el dinero, pero admitió que tuvo “apoyo cultural y artístico” de la nación africana.

“El brillo del oro”

El clima de carnaval se instaló en Río desde antes del inicio de los desfiles en el Sambódromo.

Con más 456 blocos o comparsas callejeras autorizadas a desfilar en diferentes barrios, la ciudad vive en algarabía y bullicio desde la semana pasada.

La brasileña Sueli Silva, manicura jubilada, asiste a los desfiles en el Sambódromo de Río.
Sueli Silva dice que con su jubilación le sería imposible costearse la entrada al Sambódromo.

 

La Alcaldía de Río calculó que unos cinco millones de personas participarán de estos festejos callejeros, incluyendo 977.000 turistas (casi 60.000 más que el año pasado). Y proyecta que esto dejará cerca de US$780 millones a la ciudad.

“Carnaval es una semana en que todo el país para; después volverán las preocupaciones”, dice Alfredo Cunha, un comerciante de óptica de 54 años que ha visto caer sus ventas 30% respecto al año pasado. De todos modos, el viernes se disfrazó de romano antiguo y salió a bailar por el bohemio barrio de Santa Teresa.

De cualquier manera, es en el Sambódromo donde el brillo de las escolas profesionales contrasta más con la opacidad de la economía brasileña.

“Es la impresión de lujo, es el brillo del oro y no el oro”, comenta Maria Laura Viveiros de Castro Cavalcanti, una antropóloga especializada en carnaval carioca.

Y sostiene que “el carnaval no es un escapismo en el sentido más banal; es una celebración de estar vivo, de la vida, la alegría”.

24 horas

La fiesta en vivo dentro del Sambódromo no es para todos.

El brasileño Cleisson Cunha baila en Río con la escola de samba Mocidade.
Cleisson Cunha dice que tiene claro dónde le gustaría estar si el mundo estuviera a punto de terminarse.

 

Sueli Silva pudo acceder a las tribunas gracias a su hermana, que le regaló una entrada. Explica que le sería imposible pagar con su jubilación el equivalente a US$105 para ver el desfile de Mangueira, su escola de samba favorita, que este año homenajea a la mujer brasileña.

“¡Soy Mangueira! ¡Está linda y maravillosa!”, dice esta manicura de 68 años, que sigue trabajando “porque el dinero no alcanza”.

Otra de las escolas de samba que causa sensación en la madrugada de este lunes es Mocidade. Su desfile cuestiona qué haría cada uno de nosotros si el mundo fuese a acabar y sólo restase un día.

Y a modo de ayuda sugiere algunas posibilidades: ¿Ir a un shoppingcenter? ¿O quizás escaparse un motel para hacer el amor? ¿Volverse kamikaze? ¿Dinamitar el auto, detener el tránsito y reír?

Sin embargo, Cleisson Cunha, un brasileño de 32 años que se apresta a desfilar con Mocidade, le asegura a BBC Mundo que en el Apocalipsis su deseo sería otro. “Me gustaría estar en el carnaval”, responde mientras baila.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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