Qué impacto tiene que las Grandes Ligas abandonen sus semilleros en Venezuela

Un jugador de los Marineros de Seattle se despide de la que fue su casa y escuela.

Un jugador de los Marineros de Seattle se despide de la que fue su casa y escuela.

Por Daniel Pardo

 

“Señores, se acabó la mantequilla”, advierte Emilio Carrasquel a sus jugadores, al final de la última práctica en territorio venezolano del semillero de peloteros de los Marineros de Seattle.

La academia del equipo de béisbol estadounidense, que en 15 años ha sido la cuna de 16 estrellas venezolanas de las Grandes Ligas, dejará sus instalaciones en Aguirre, una zona de Carabobo, en el centro-norte de Venezuela.

Desde esta semana, la llamada granja de peloteros se trasladará a las modernas instalaciones del equipo en República Dominicana.

“No nos vamos a caer a mentiras”, continúa Carrasquel en su última disertación en tierra venezolana. “Los dominicanos saben que vamos por sus puestos y por sus visas (estadounidenses), así que hay que preparase para triunfar sanamente”.

Esta es la última de una serie de partidas de academias de equipos estadounidenses en Venezuela: hace 15 años había 22, ahora quedan sólo cuatro.

Algunos relacionan esta ola de emigraciones a la llamada “situación país”, en referencia a las complicaciones económicas y la inseguridad que han aumentado en los últimos años.

Otros, sin embargo, ven la partida como un procedimiento natural en la consolidación de Dominicana como el país latinoamericano de mayor presencia en el béisbol estadounidense.

Y algunos dicen que es una mezcla de ambas cosas.

Mientras tanto, el último entrenamiento de los “prospectos” de los Marineros se gesta entre la nostalgia y la expectativa.

Marineros de Seattle en Venezuela
Todo empacado —”Lo que todavía sirve”, en palabras de uno de los entrenadores— en el camerino de los Marineros de Seattle en Aguirre.

 

 

Lo bueno y lo malo

Michael Suárez, un joven de 18 años que aspira a ser lanzador, abre los ojos en un gesto de asombro cuando detalla las nuevas instalaciones de la academia.

“Un compañero que ya está allá nos mandó fotos, todo es nuevo, los equipos, los camerinos, todo”, le dice a BBC Mundo.

Y añade: “Vamos a tener a todos los jefes viéndonos y eso aumenta las posibilidades de llegar más lejos”.

Pero cuando le pregunto si tiene sentimientos encontrados, lleva la mirada al piso y, con cara de rencor, dice: “Va a ser duro estar lejos de la familia”.

Sus compañeros en el grupo de lanzadores, sentados en la banca esperando a que termine la práctica de los bateadores, asienten.

Marineros de Seattle en Venezuela
Russell Vázquez, uno de los entrenadores de los Marineros, se irá con los jugadores, pero no llevará a su familia: “Duré un año consiguiendo cupo en el colegio para mi niño y eso no lo voy a perder”.

 

 

Pero según Carrasquel –que junto a los otros entrenadores hace labores de padre con estos muchachos– “ellos saben que cuando tú firmas, tú sabes que para cumplir tu sueño tienes que correr con ese sacrificio”.

El mismo Carrasquel, recostado contra la jaula de bateo mientras supervisa a los prospectos, dice estar lleno de nostalgia: “Siempre fueron 16 años en este pedazo de tierra, es inevitable que esto no tenga un impacto sentimental y psicológico”.

Y asegura que lo que más falta le va a hacer es el clima templado de esta zona rodeada de montañas y fincas.

Carrasquel dice que se van porque allá hay más facilidades para hacer el trabajo, no solo por las sofisticadas instalaciones, sino porque existen menos complicaciones en la importación de equipos.

Sin embargo, niega que la delincuencia que hace de Venezuela uno de los países más peligrosos del mundo y la escasez de alimentos sean las causas de la emigración.

Marineros de Seattle en Venezuela
Emilio Carrasquel estarea tanto en Venezuela, buscando nuevos talentos, como en República Dominicana, entrenando a los prospectos ya firmados.

 

 

Situación del país

El zurdo Jesús “Chalao” Méndez es un histórico de la pelota venezolana: uno de los cuatro jugadores de los Tigres de Aragua que han tenido su número removido del registro, un homenaje especial en el mundo del béisbol.

Chalao hoy es scout (buscatalentos) en Venezuela para los Philies de Filadelfia, una de las cuatro academias que quedan tras la partida de los Marineros.

“Nosotros vamos a hacer todo lo posible por quedarnos”, le dice a BBC Mundo.

“Pero si se llega a ir otro equipo nos tocará seguirles la cuerda, porque con tres equipos no se puede jugar un torneo”, explica en referencia a la summer league de Venezuela, un campeonato que juegan las academias cada verano.

Según él, es imposible que la situación del país no afecte a un colectivo como estos: “La gente que prepara los almuerzos de los muchachos pasa mucho trabajo encontrando la harina y la leche para los desayunos, por ejemplo”.

“Y cuando traemos equipos de Estados Unidos no es raro que nos quiten un bulto de pelotas o unos guantes en la aduana, además de todos los trámites que hay que hacer para importarlos”, denuncia.

Esto ha sido, según él, lo que ha hecho que tantas academias se hayan ido progresivamente del país.

Marineros de Seattle en Venezuela
Félix Hernández—lanzador de los Marineros— fue el primer venezolano en lograr un juego perfecto.

 

 

Las consecuencias

La pregunta que muchos se hacen tras las emigraciones es si esto tiene consecuencias para el béisbol venezolano, más allá del impacto que significa la eliminación de cientos de empleos relacionados a las academias, acá conocidas como “granjas”.

La mayoría de los 104 jugadores venezolanos que participaron en las Grandes Ligas el año pasado pasaron por una de ellas, un número que ha crecido en los últimos años a pesar de la emigración de las granjas.

Por eso Carrasquel no está preocupado en ese sentido: “Acá nos vamos a quedar varias personas scouteando (sic) el país en busca de nuevos talentos; quizá nos toque escarbar más, porque estarán menos en vitrina para nosotros, pero el talento está”.

Pero para Ignacio Serrano, uno de los periodistas deportivos que más sabe de béisbol en Venezuela, la salida de las granjas puede afectar a los jóvenes que quieran llegar a las Grandes Ligas.

“La mayoría de los venezolanos en las Grandes Ligas firmó hace seis u ocho años con esos equipos y pasaron por granjas”, le dice a BBC Mundo.

Marineros de Seattle en Venezuela
Algunos temen que la falta de un tiempo y espacio de adaptación haga que el choque cultural de los jóvenes cuando salen de Venezuela sea más fuerte.

 

 

“Ahora la base de la pirámide, algo así como la bolsa de donde sacan a todos los prospectos, será más pequeña, reduciendo las posibilidades de los peloteros”, opina.

“Además, los dos o tres años en la academia permiten que el choque cultural para los muchachos, que no saben inglés, que en algunos caso ni han terminado el bachillerato, sea menos duro, y esa instancia ya no la van a poder tener”.

El analista y columnista del diario El Nacional señala que las academias que están en República Dominicana no tienen más de 10 jugadores venezolanos, una cifra que contrasta con los 30 o 40 que tenían en sus academias en Venezuela.

Y añade que en los últimos años se ha reducido el número de jóvenes venezolanos tanto en los escalafones de los 100 mejores prospectos como en el Juego de las Estrellas del Futuro, dos instancias que permiten ver hacia dónde va el futuro del béisbol estadounidense.

Hay casos de jugadores que empezaron arreglando el campo de la granja o eran hijos de las trabajadoras de la cocina que, gracias a su paso por la academia, tuvieron una oportunidad y hoy están en las Grandes Ligas.

Al parecer, historias como esas serán ahora cuestión del pasado.

Marineros de Seattle en Venezuela
Los Marineros tenían en Venezuela una de las granjas más recordadas y fructíferas, pues 16 de sus prospectos hoy juegan en Grandes Ligas.

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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