Cómo se celebra el nacimiento de un bebé alrededor del mundo

En Japón, el que primero llora, gana.

En Japón, el que primero llora, gana.

El nacimiento de un bebé suele ser un momento de celebración, pero los bebés son bienvenidos al mundo de formas diferentes según de qué lugar se trate.

Los bebés de las familias reales no son los únicos rodeados de cierta pompa. Las costumbres rituales y tradiciones en diferentes culturas, muchas de origen religioso, juegan un importante rol antes, durante y después del parto.

¿Qué hacen las familias del mundo para celebrar el nacimiento? ¿Podemos aprender algo de otras culturas?

Cabeza afeitada

Las cabezas de los recién nacidos son afeitadas por diferentes motivos en varias culturas.

Los hindúes creen que así se elimina la mala suerte acumulada en una vida previa mientras que los monjes budistas preparan una ceremonia de purificación con “afeitado de fuego” cuando cumple un mes y un día.

Los musulmanes tienen el Aqiqah siete días después del alumbramiento para mostrar que el niño es un siervo de Alá. El pelo cortado es pesado y se dona a caridad el equivalente en oro y plata.

Las mujeres malayas lavan la cabeza de su recién nacido afeitado en un baño de limas kafir. Se dice que la manera en que los pedazos caen al agua indica cómo será el comportamiento del niño en su vida.

Fuego y humo

En partes de África y Asia, la gente cree que el fuego y el humo juegan un rol vital a la hora de cicatrizar a la madre y proteger al neonato.

Las mujeres tailandesas pasan por un ritual conocido como jufaj, que implica pasar un número de días impar, generalmente 11, tumbada junto a un fuego, que se piensa cicatriza el útero y espanta los espíritus demoníacos.


Los hindúes creen que con el pelo se va la mala suerte acumulada en vidas anteriores.

 

Las camboyanas están tan convencidas de los beneficios del calor que encienden un pequeño fuego junto a su cama que dura tres días o hasta una semana si se trata de una primeriza.

Las madres malayas pasan por un periodo de 44 días de confinamiento, conocido como pantang, para ayudar a recuperar la salud y la figura. En ese periodo se sientan sobre fuegos y se aplican piedras calientes y aceites, y se atan el abdomen con una técnica tradicional llamada bengkung.

Las aborígenes ahúman los bebés colocándolos en pozos de follaje verde recogido de arbustos emu. El ritual dura segundos, lo suficiente como para que el bebé inhale algo de humo, que se cree que lo va a hacer más saludable y fuerte.

El humo también se usa en Yemen para bendecir a los recién nacidos con incienso que los limpia, purifica y espanta a los espíritus malos.

Rituales extraños

En el pueblo español de Castrillo, en la provincia de Burgos, la fiesta católica del Corpus Christi se celebra con El Colacho, un festival anual de salto de bebés.

Los nacidos en los últimos 12 meses son bendecidos y colocados en colchones en la calle mientras hombres vestidos como diablos saltan sobre ellos, liberándolos así del pecado original y asegurándose que tengan un devenir seguro en la vida.


A algunas criaturas en España les fascina más su zapato que los diablos que saltan por encima.

 

En India, los neonatos llevan cientos de años siendo lanzados en el templo de Sir Santeswar desde una altura de más de 15 metros. Caen en sábanas mientras la multitud canta y baila.

El ritual, por el que cada año pasan unos 200 bebés, se hace para que tengan salud, prosperidad y buena suerte.

El Nakizumo es un festival de llanto de bebés que tiene lugar en Japón. Los ponen uno frente al otro y el que llora primero se cree que va a ser más saludable y crecer más.

Cordón umbilical

En la mayoría de los países occidentales, se corta el cordón umbilical a los minutos del nacimiento. Pero en otras culturas este elemento se trata con mucha más reverencia.

En Brunei es envuelto en una sábana blanca y los familiares de sexo masculino lo entierran cerca de un árbol o planta.


El cordón umbilical se lo entregan a las madres japonesas al salir del hospital.

 

Una tradición similar existe en Jamaica, donde el cordón se entierra y encima se le planta un árbol para marcar así el inicio de su vida.

Las madres japonesas lo reciben en una pequeña caja de madera (kotobuki bako) cuando salen del hospital. Les sirve de recordatorio del nacimiento y algo para ser apreciado durante su vida.

En Turquía, se cree que el cordón influye en las perspectivas de empleo futuro: se cree que va a ser un buen musulmán si se entierra cerca de una mezquita, un amante de los animales si se hace en un establo, un académico los que lo tienen enterrado en el jardín de una escuela o completamente impredecible si se lanza al agua.

La ceremonia del nombre

Los nuevos padres pueden pasar semanas obsesionados con el que será el nombre de sus hijos, pero en otras culturas con estrictas convenciones sobre el asunto puede ser más complicado.

En el reino de Bután, los bebés reciben su nombre del lama (sacerdote) local tres días después de nacer.

Los apellidos no existen, así que los nombres tienden a ser unisex con una connotación religiosa.

Con nombres limitados para elegir, los niños suelen terminar con los mismos nombres, así que los apodos son algo habitual.

En su séptima noche, los japoneses son vestidos de blanco para pasar por una ceremonia llamada Oshichiya.

Su nuevo nombre, normalmente el de los abuelos, se escribe en caligrafía japonesa y se coloca en un lugar de honor dentro de la casa familiar.

Los musulmanes también les ponen el nombre a sus hijos en siete días. La elección se hace con cuidado, según unas reglas establecidas en el Corán. Y tienen prohibido usar cualquiera de los 99 nombres de Alá.

Los nombres no tienen que ser necesariamente árabes, pero se ven como un presagio por lo que normalmente se eligen nombres con un significado bueno.

Fuente: BBC  Mundo

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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