Crisis y lucha: El 1 de mayo visto con ojos del 25 de abril

Participantes en la marcha.

Participantes en la marcha.

Por Sergio Palencia

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Una forma de repensar la política es distinguir sus expresiones sociales. Un antiguo profesor de filosofía –Arsenio Alonso– solía aconsejarnos: si quieres atravesar la calle, fíjate bien en las llantas y velocidad de los carros, no solo en las luces del semáforo. Confía en la luz verde y serás tercamente atropellado. Esto se aplica para leer la crisis social y las manifestaciones desde el 25 de abril. ¿Acaso los elegantes conceptos y teorías del Estado no pueden ser cuestionados con la actividad callejera, espontánea, popular? ¿No demanda lo callejero su reflexión conceptual y viceversa? Este ensayo describe algunos acontecimientos del 1 de mayo, por eso mismo busca ser momento de reflexión de las formas de hacer política.
1. Sindicatos manifestando

Hubo toda una gama de organizaciones: sindicatos, comités campesinos, sector mujeres. Por lo general, cada sindicato u organización marchaba con una manta vinílica sostenida por varias personas y, detrás, venía el grupo que la integraba. Las grandes organizaciones (sindicales, campesinas, mujeres) compartían ciertos rasgos. Uno, llevaban una manta inicial de identificación gremial, normalmente con un vehículo con equipo de sonido y micrófono. Muchos sindicatos y comités llevaban playeras distintivas de un color específico, con banderas o pancartas elaboradas con anterioridad. Es decir, un esfuerzo institucional que implica integración y continuidad temporal, por lo general con las siglas de la organización. Al interior iba un orador u oradora hasta adelante, con mensajes alusivos de reivindicación o con consignas. Detrás de la manta inicial los miembros o integrantes cargaban las banderas o pancartas. Su orden interno variaba. El CUC iba organizado por largas líneas paralelas a la calle, con banderas rojas.

Las mujeres de la Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepequez (AFEDES) llevaban camisetas rosadas. Muchas de ellas eran indígenas kaqchikeles y utilizaban estas camisetas por encima de sus güipiles. Distintos sindicatos, como el de Embotelladora Central (STECSA), del Tribunal Supremo Electoral (SITTSE) o del Registro General de la Propiedad (STRGP) iban uniformados con camisetas celestes, azul oscuras o blancas respectivamente. La Alianza Política del Sector Mujeres iba encabezado por un camión con enorme equipo de sonido, integrado por mujeres sin uniforme pero sosteniendo banderas violetas de la organización. Así pues, los grandes sindicatos, comités u organizaciones tienen la tendencia a la definición sectorial, lo que implica una diferenciación entre una y otra reivindicación u agrupación social. Existe por lo general una aceptación de la legitimidad del Estado como mediador de la sociedad, aunque se posicione críticamente al gobierno de turno. Si bien este análisis, por el momento solo se puede restringir a lo observado en la Manifestación del 1 de mayo, hay patrones que pueden denotar características organizacionales. El micrófono y el sonido se convierten en articuladores de una jerarquía, así como las camisetas y banderas en rasgos de uniformidad entre el conglomerado reivindicativo.
2. ¿Persistió el 25 de abril el 1 de mayo?
Dentro de las marchas sindicales también hubo mensajes que exigían la renuncia del presidente y la vicepresidenta, así como una crítica general a la corrupción estatal. La manta del sindicato Kerns decía al respecto (“La Cicig que me chingue, me voy”, aludiendo a Pérez Molina). El sindicato del Tribunal Supremo Electoral tenía varias pancartas, entre ellas: “No votes nulo, ellos esperan eso” y “No más corrupción”. El sindicato del Registro de la Propiedad Inmueble fue de los pocos que exigió, directamente, que la CICIG hiciera una investigación al interior de dicho organismo. Llama la atención que el concepto de justicia emigre a la Cicig –un organismo de convenio internacional– lo cual denota la desconfianza generalizada hacia el Estado guatemalteco. Por su parte, el Sindicato de Coca Cola expresaba en una manta: “Juicio y castigo a los ladrones del gobierno, que tienen al pueblo en la miseria” y “Exigimos la renuncia inmediata del presidente y la vicepresidenta, por ladrones y sinvergüenzas”. Uno de los más originales fue el Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuentapropia. Ellas llevaban un manto que las identificaba como trabajadoras y, algunas de ellas, cargaban costales con mensajes alusivos al alto costo de la canasta básica y contra el hostigamiento sexual.

hulkEl Sindicato del INDE (electricidad estatal) llevó una enorme piñata de cucaracha refiriéndose al caso SAT, la cual fue llevada frente al Palacio Nacional. Luego volveremos a un punto respecto la piñata. De manera semejante al 25 de abril, durante el 1 de mayo hubo teatro de la calle y reacciones espontáneas al interactuar con los asistentes. Uno de estos personajes llevaba máscara y puños de Hulk, el héroe de los comics asociado a la fuerza indómita que surge desde la rabia y el inconsciente. Destaca el hecho de que este personaje recorriera la Sexta avenida y el Parque con ropa negra, cubierta con dólares impresos en papel. En el pecho llevaba un letrero: “En la SAT (Superintendencia de Administración Tributaria) está rebonito”. La palabra “rebonito” es utilizada en son de burla a las expresiones de la vicepresidenta Baldetti: rebonito, fisiquín o las invitaciones a comer mojarras a Amatitlán. La burla del robo de los mandatarios ha sido invertido: es ahora sorna y chiste de las manifestaciones. El Hulk de la Sexta avenida pareciera que surge o incluso nace contra el traje negro de los dólares, no solo vistiéndose con el mismo sino atravesándolo o desintegrándolo. En este sentido hubo momentos y situaciones que vincularon el 1 de mayo con la manifestación del 25 de abril. Hay, empero, uno que ha sido poco observado: la participación de los marginados, excluidos, rechazados, no solo por la sociedad en su conjunto sino por la izquierda institucional: los mendigos, los incorrectos y los locos.
3. El loco, la cucaracha y los mendigos frente al Palacio
Hacia el mediodía algunos sindicalistas decidieron abandonar el área de conferencias y el sonido central, sobre el parque, para colocarse en la Sexta Calle, frente al Palacio. La inmensa piñata de cucaracha del sindicato del Inde fue bajada del vehículo y tirada al suelo. Se improvisó un círculo y se le prendió fuego. Entre la multitud salió un hombre en harapos, calvo de la coronilla pero peludo del resto de la cabeza. “¡Mirá al loco”, dijeron algunos de los presentes. Sin autorización de nadie, este hombre tomó la cola de la enorme cucaracha y comenzó a darle vueltas. Algunos reían sin parar y otros se alejaban de tal escena: un loco dándole vueltas a una piñata en llamas. Justo mientras la cucaracha del desfalco gubernamental era quemada y el hombre en harapos le daba vueltas, un hombre y una mujer se estaban encadenando al portón del Palacio. Decían estar hartos de la corrupción en el país y haberse conocido a través de una cuenta facebook llamada “Guatemala basta ya”. “¡El pueblo unido jamás será vencido!”, gritaba el joven afirmando que habían decidido encadenarse para, así, liberarse. A partir de ese día despertó gran simpatía entre los presentes e, incluso, también de manera improvisada, un grupo de tres jóvenes con un redoblante, un bombo, chinchines y un balde plástico, comenzaron a cantar: “El pueblo valiente / se ha encadenado / para que se vayan los ladrones del Estado”.

Esto era frente a la puerta principal del Palacio. Justo al otro lado, separados por una manta, había una mesa con alrededor de 15 estudiantes de la Facultad de Económicas, de la Universidad San Carlos. El objetivo: solicitar firmas para exigir la renuncia del presidente y la vicepresidenta. Habían cooperado para pagar los gastos del alquiler de vehículo, bocinas y equipo de sonido. Por momentos parecía una competencia por el sonido entre la campaña de firmas y los sindicalistas, el primero con música de Calle 13 y el segundo con la lectura de los boletines y comunicados oficiales. Por su parte, los encadenados gritaban a más no poder para comunicar el motivo de su lucha. Casi no se les escuchaba. Una de sus proclamas era: “Estaremos aquí hasta que renuncien y el pueblo nos apoye”. Esa noche el ensordecedor ambiente y apoyo masivo se convirtió en desolación. Radiopatrullas, camionetas negras tipo suburban y distintos pick ups con vidrios polarizados pasaban, intimidando a los encadenados. Los primeros en acompañarlos, incluso durante la noche y la madrugada, fueron los marginados de la ciudad: mendigos y jóvenes de la calles. Extendieron sus delgadas sábanas en las gradas del Palacio y pasaron ahí, juntos, la noche.

4. La fiesta de los estudiantes: rebasando lo público-privado

Un día antes de la manifestación, el jueves 30 de abril, los estudiantes de la Universidad Rafael Landivar (URL) convocaron a una reunión en la plaza central de su campus, bajo la ceiba. No se escogió por casualidad: la ceiba es símbolo de resistencia en Guatemala, según decía uno de los estudiantes. Poco a poco comenzaron a llegar en grupos de cinco o tres estudiantes, incluso de manera individual. Se habló de que es momento de pasar de la apatía a la protesta, de la información a la indignación. Escogieron la plaza del Organismo Judicial, en el Centro Cívico, para reunirse. Entre todos colaboraron para hacer dos mantas vinílicas. El plan era sencillo: unirse a la manifestación del día de los trabajadores y específicamente marchar con los estudiantes de la Huelga alternativa de la Universidad San Carlos. Llegado el día se unieron a la marcha. Pasaron por la Sexta avenida: adelante iba la Confederación Central General de Trabajadores de Guatemala (CTGT) y, detrás, el Sector Mujeres. Iban divididos en dos grupos. Delante los estudiantes sancarlistas con una enorme manta azul que decía #USAC es pueblo, con equipo de sonido sobre un vehículo. Venían cantando, con mucho ánimo y saltos –casi haciendo mosh, como en un concierto–. Entonaban la Chalana y “Mientras haya pueblo, habrá revolución”, frase alusiva al mártir estudiantil Oliverio Castañeda de León.

De parte de los estudiantes de URL encabezaba la marcha una joven con el pie enyesado, en silla de ruedas, con un cartel: “Ni el yeso me impidió estar aquí”. Detrás de ella un grupo de jóvenes, mujeres y hombres, con cintas de #Renuncia ya en la frente y camisolas del equipo nacional de Guatemala iban, también, con carteles. Una joven llevaba escrito: “OPM [Otto Pérez Molina] no llegaste a zona mínima”, otro joven: “Por clamor popular Guatemala grita Justicia”. La interacción entre los grupos comenzó por la amistad entre algunos de ellos, luego fue tomando la forma de una respuesta en los cantos y las porras. Un estudiante sancarlista gritaba: “¡Qué viva la San Carlos”, “¡Qué viva la Landivar!”… respondían para, por último, terminar con la consigna más aclamada: ¡Qué vivan los estudiantes de Guatemala! Ambos grupos se expresaban de distinta manera: los sancarlistas gritaban con fuerza sus consignas, los landivarianos iban aprendiendo a alzar la voz, con una manera distinta a la habitual. Pero si las consignas gritadas no eran el fuerte –por el momento– de los landivarianos, sus carteles eran muy ocurrentes, originales. Voz y palabra, Chalana y marcha: el 1 de mayo 2015 podría ser recordado como el renacer del estudiantado crítico en Guatemala.
Reflexión: tradición y crisis

El movimiento de lucha del 25 de abril se le ha nombrado de distintas maneras: de la clase media, de ciudadanos, contra la corrupción. Ciudadanía, por ejemplo, se asocia como término neutro, no partidista, perteneciente a la sociedad civil. La variedad de la expresión social es, así, convertida en homogenidad, el quiebre de los estereotipos se reduce a expresión de lo diferente, la presencia de los marginados como simples situaciones marginales o no mencionadas. El 1 de mayo fue una fecha cargada de tensiones, incluso al interior de los grupos críticos al gobierno. La fecha histórica se desbordó por la crisis presente: ya no fue solamente un día de protesta de los trabajadores, de las mujeres, de los indígenas, agrupados en organizaciones distintas, con discurso claro, banderas, uniformes, líderes y discursos. Fue esto y más: una fecha que mostró las contradicciones entre las formas vanguardistas y tradicionales de lucha al calor de un momento que, si algo tiene de característico ahora, es su rechazo a la política de los partidos estatales. Si bien es cierto que los sindicatos y comités campesinos no supieron –o no quisieron– ser parte del caudal del 25 de abril, sería simplista decir que la crisis social en la actualidad no se expresó al interior mismo de los sindicatos. La rebeldía y el fastidio emigraron de la consigna institucional a los carteles individuales, del discurso de la organización sindical al disfraz de Hulk o la piñata de la cucaracha.

Es decir, la rebeldía histórica de las organizaciones de trabajadores, según considero, tendió a repetir en esta ocasión un tiempo y un espacio que fue rebasado por el movimiento concreto de la crítica y la lucha social. Persiste, entonces, la rebeldía de esta crisis bajo ciertas características: deseo de participar en la denuncia, no de ser solo espectadores o representados, visión de la protesta como fiesta de los indignados e indignadas, hastío contra discursos y prioridad por crear espacios-tiempos de reunión de la rebeldía social. Hay, en el fondo, una crítica práctica –en sí, podríamos decir– al concepto de democracia, si bien los periódicos, profesionales y políticos quieran darle a la crisis un lenguaje, de nuevo, de la misma democracia que hastía. He ahí una contradicción en movimiento: la práctica del hastío social contra el partidismo busca ser resuelta, de nuevo, bajo el concepto y práctica del mismo sistema que se critica. El camino si es profundo, demanda constancia. No está en juego redimir personas vistas como abstracciones, sino la existencia y participación de los locos, los mendigos, las mujeres en las maquilas, la soledad del citadino, la desesperación del desempleado, el enojo contra el trabajo que nos subordina. La democracia es, ante todo, decisión, participación individual y colectiva, no el divorcio entre el voto del sagrado ciudadano y el hambre del desamparado ser humano.

Sergio Palencia, sociólogo residente en Guatemala.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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