Recordando el Dien Pavieda

Por Teresa Gurza

Celebró el mundo esta semana el 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, que cambió mapas, geopolítica y vidas de cientos de millones de europeos y en la que murieron más de 40 millones de personas.

En Moscú las conmemoraciones fueron especiales, porque en esta guerra que allá llaman Gran Guerra Patria (1941-1945) fallecieron 27 millones de soviéticos, principalmente hombres; con lo que se perdió una generación entera, dejando a millones de mujeres sin poder enamorarse y formar familias, con todo lo que ello implica.

El desfile de este año en la Plaza Roja del Kremlin, Krasnaya Plozchad, que no se llama roja por tendencia política sino porque la raíz krasni significa bonito y rojo, fue parecido a los de la época soviética cuando se quería ostentar poderío militar.

Por las agresiones de Putin a Ucrania, no acudieron altos funcionarios de los países aliados; y de los jefes de gobierno americanos, sólo estuvieron Nicolás Maduro y Raúl Castro; quien por cierto dos días después, declaró en el Vaticano que por influencia del Papa Francisco podría volver a rezar.

Ante el secretario general de la ONU Ban_Ki-moon, el líder chino Xi Jinping y dirigentes de una veintena de naciones asiáticas y africanas, Putin recordó “la grandiosidad de la victoria rusa sobre el nazismo”; y mandó un mensaje a EU al advertir, que ningún país puede hoy intentar crear “un mundo unipolar”.

La presencia de Xi Jinping y la marcha de un batallón chino entre los 16 mil soldados rusos, son señales de que quedaron en el pasado los conflictos chino-soviéticos que tanta división causaron a la izquierda mundial.

A principios de los 80, viví algo más de dos años en Moscú; con motivo del Dien Pavieda, Día de la Victoria, presencié los desfiles y en medio de los salyuts o fuegos artificiales lanzados por cañones, fui al Parque Gorki donde cada año se reunían veteranos emocionados, y con los pechos llenos de condecoraciones.

Acudía también gente portando carteles con los nombres de padres, hijos, esposos, novios o hermanos y los números de sus batallones; porque no perdían la esperanza de que alguien pudiera darles información, sobre las últimas horas de quienes no regresaron de los campos de batalla.

Era emotivo estar entre esos héroes anónimos a los que tanto debe la humanidad; pero no dejaba de sorprenderme que esa misma URSS, que horas antes había ostentado su poder militar, fuera incapaz de darles a todos los lisiados de esa guerra, prótesis, sillas de ruedas o al menos buenas muletas, para que algunos no tuvieran que llegar al Parque Gorki arrastrándose y medio apoyándose, en bancos de cocina o sillas de comedor; o de proporcionar a sus heroínas, entre las que estaba nuestra vecina la aviadora Tamara Andrievna, licuadoras para que no se llevaran las uñas, en el diario proceso de usar el rallador para moler jitomates, berenjenas, ajos y cebollas para la comida.

Había en esos años muchas carencias; y era difícil conseguir en las tiendas productos alimenticios de buena calidad.

Pero los 9 de mayo podía comer delicias, porque en el Parque Gorki se instalaban puestos de sandwichitos de caviar, salmón y calvazá, (mortadela), shaslick (brochetas de carne) y helados de chocolate, vainilla o fresa.

Y pipas medio mugrosas surtían kvas, bebida muy rica y refrescante elaborada con pan de centeno y malta y fermentada en agua; con el kvas y un poco de carne, huevos, pepinos, rabanitos, perejil y eneldo, se prepara la “okroshka, tradicional sopa de verano” que se toma fría y con smetana, una crema agria muy sabrosa.

Y había máquinas expendedoras no solo de mineral bada como todos los días, sino de frutovaya bada (agua de sabores); que aunque me gustaba no tomaba; porque debía usar vasos donde habían bebido miles y a los que solo se daba una ligera lavadita.

Los 9 de mayo son para los rusos, el inicio oficial de la Primavera; y las cien hectáreas de lagos y espacios deportivos del Parque Gorki, ubicado a lo largo del río Mascva (Moscú), de inmenso lugar público de patinaje invernal sobre cuchillas, pasaban a convertirse en sitio para patinar sobre ruedas.

Y aunque todavía en mayo hace frío, empieza ya el deshielo de la nieve caída en los rigurosos inviernos; y era lindo ver como comenzaban a asomar pastitos verdes y brillantes catarinitas de colores entre los charcos formados por la nieve derretida.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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