¿Por qué comer carne de perro es tabú en Occidente?

En la oferta de carnes en supermercados de varios países de Occidente, la de perro es inexistente.

En la oferta de carnes en supermercados de varios países de Occidente, la de perro es inexistente.

En Occidente muchas personas ven como un acto de crueldad extrema matar a un perro para comer su carne, la cual, en contraste, es vista en varios países asiáticos como una fuente alimenticia muy nutritiva.

En varios estados de Estados Unidos y en países europeos como Reino Unido es legal comer carne de perro. Pero ¿por qué para la mayoría es algo impensable?

“La mayoría de las personas en Occidente tienen y admiran a los perros por ser compañeros sociales o de caza y ¡tú no te comes a un compañero!“, le dijo a BBC Mundo el doctor Dennis C. Turner, director del Instituto de Etología aplicada y Psicología animal de Suiza.

“Es interesante ver que a medida que la práctica de tener perros como mascotas aumenta, nuestro respeto y lo que sentimos por ellos también se incrementa. Lo mismo sucede con el movimiento para protegerlos y para enfrentar su consumo, como sucede en China”, indicó el experto.

Y es que el pasado fin de semana se celebró en la localidad china de Yulin un festival en el que se comieron miles de perros.

Lea: Yulin: el polémico festival chino en el que se comen 10.000 perros

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El pasado fin de semana se celebró en la localidad china de Yulin un festival en el que se comieron miles de perros.

 

El evento, que fue condenado por organizaciones protectoras de animales, hizo surgir una campaña en internet en la que un millón de personas firmaron en la página Change.org para que se cancelara el festival.

Muchas de las firmas provinieron de Occidente.

“Mentes complejas”

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Para muchos niños las mascotas son muy importantes en sus vidas.

 

La periodista de la BBC Anna Collinson reflexiona sobre el hecho de que, pese a que los chimpancés son la especie genéticamente más cercana a nosotros, hay cosas que ellos no pueden hacer y que los perros sí.

De acuerdo con la doctora Nathalia Gjersoe, profesora de psicología comportamental de la Universidad Abierta del Reino Unido, los perros son particularmente buenos como mascotas porque tienen muchas habilidades psicológicas que otros animales carecen.

Por ejemplo, los perros pueden leer y reaccionar al lenguaje corporal humano.

Como consecuencia, muchas personas en Occidente viven con ellos y consolidan “fuertes vínculos sociales”.

Collinson asegura que hay investigaciones científicas que sugieren que cuanto más nos gusta una persona o un animal, más complicadas creemos que son sus mentes.

“Pensamos que los perros tienen mentes muy complejas”, le dijo Gjersoe a la BBC. “Es por eso que la idea de comerlos es desagradable, de la misma manera que pensaríamos que comernos a uno de nuestros amigos es asqueroso”.

¿Inmoral?

Pero la conexión especial que se puede sentir con los perros no es el único factor que impide que muchas personas coman carne de perro.

Nuestra cultura y los procesos de socialización juegan un papel clave: lo que digan los demás de nuestros hábitos alimenticios es crucial.

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La foma en que percibimos los animales es clave para determinar si los comemos o no.

 

El asco es contagioso. Lo aprendemos fácilmente de los demás y nos dice lo que es aceptable y lo que no lo es”, indicó la doctora Kathleen Taylor en el artículo “Why we don’t eat dogs” (“¿Por qué no comemos perros?”) publicado en el periódico británico The Guardian.

Es así como entra en juego un nuevo factor: la moral.

Taylor señala que comer carne de perro viola la norma establecida y pone a la persona que lo hace en riesgo de convertirse en un paria social que violó un código moral.

“Te convierte en una persona que no es de fiar y proclive a violar otras normas más importantes”, señaló Taylor.

“Físicamente, la repulsión nos mantiene saludables al alejarnos de las fuentes de infección. Nos advierte de peligros que no podemos ver: patógenos y venenos. La misma señal es igualmente efectiva cuando se trata de peligros sociales y morales invisibles”, explicó la doctora.

“La repulsión te mantiene limpio y puro, alto en la escala moral. Es lo que te protege de ser castigado por tu comunidad, o peor, de verte a ti mismo con repulsión”, agregó Taylor.

Sin riesgo

Sin embargo, lo que los occidentales califican de repugnante en el ámbito alimenticio puede variar de país en país.

Nuestro tabú sobre el consumo de perros dice algo de ellos y mucho de nosotros. Los franceses, que adoran a sus perros, a veces se comen a sus caballos. Los españoles, que adoran a sus caballos, a veces se comen a sus vacas. Los indios, que adoran a sus vacas, a veces se comen a sus perros”, escribió Jonathan Safran Foer, autor del libro “Eating animal” (“Comiendo animales”) en un artículo publicado en The Wall Street Journal llamado “Let them eat dogs” (“Déjenlos que coman perros”).

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Los que se oponen al festival de Yulin denuncian el trato que se da a los perros que se comen.

 

El autor asegura que comer carne de perro no es de ninguna manera perjudicial.

“Bien cocinada, la carne de perro no presenta más riesgos para nuestra salud que cualquier otra carne”.

Para Cruz Martínez, dietista y nutricionista especialista en cultura alimentaria de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas, las razones detrás de abstenerse de comer carne de perros son fundamentalmente culturales y se basan en la disponibilidad de las proteínas en determinado lugar y en el costo que implica su obtención.

“Las causas de que no se coma una especie determinada y de que se convierta en mascota, sigue dependiendo de su enclave en el sistema global de producción de alimentos y de otros bienes y servicios de cada cultura”, le dijo a BBC Mundo a través de un correo electrónico.

“Los occidentales se abstienen de comer canes no por una cuestión de vínculo emocional, sino fundamentalmente porque éstos constituyen una fuente de carne ineficaz frente a la variedad de alternativas alimentarias de origen animal disponibles”, indicó la experta.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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