Cómo sobrevivieron 5 días una madre y su bebé en la selva colombiana

Yudier Moreno, en la imagen junto a un soldado, se recupera en un hospital.

Yudier Moreno, en la imagen junto a un soldado, se recupera en un hospital.

Por Natalio Cosoy

 

“Ese man salió como un roble de allá”.

El man es Yudier Moreno, un bebé de menos de un año.

Y el lugar del que salió, junto con su madre de 18 años, María Nelly Murillo, es el corazón de la selva del departamento del Chocó, en el oeste de Colombia, donde se encontraban perdidos tras sufrir un accidente aéreo el sábado pasado.

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Quien habla es uno de los hermanos mayores de María Nelly, Carlos Murillo.

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María Nelly viajaba con su bebé a una cita médica.

 

“‘De un avión no se salva nadie’,es lo primero que uno dice” al enterarse de un accidente, le contó el hombre a BBC Mundo.

María Nelly y su bebé eran los únicos pasajeros del pequeño Cessna 303 que viajaba de Nuquí, en la costa pacífica, hacia Quibdó, la capital departamental.

Ella es ama de casa, una de 14 hermanos de una familia dedicada a la agricultura.

Su madre había fallecido hace dos meses.

Iba con Yudier a una visita médica y a quedarse con una hermana.

Turbulencia

Según el relato que ella le transmitió a su hermano Carlos, en un momento el avión comenzó a atravesar una zona de fuerte turbulencia.

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El piloto del avión murió en el accidente.

 

Carlos dice que para María Nelly todo se dio como en un instante: “Cuando ella se percató, estaba estrellado el avión”.

El sábado al mediodía las autoridades perdieron contacto con el aparato y más tarde lanzaron un operativo de búsqueda.

Lograron llegar al lugar del accidente el domingo por la mañana, donde encontraron al piloto, Carlos Mario Ceballos, muerto en la cabina.

Pero María Nelly y Yudier no estaban allí.

Las autoridades activaron entonces un plan de rescate.

“No recordó que tenía al niño”

Mientras tanto, María Nelly ponía en funcionamiento todo su instinto de supervivencia.

Lo primero que hizo la mujer fue abrir la puerta trasera, donde se encontraba, y salir del aparato.

“En ese momento no recordó que tenía al niño”, cuenta Carlos.

Pero tras caminar unos diez metros, “recuerda que tiene un bebé y regresa”.

Quería decirle al capitán que se fueran de allí, porque había un principio de incendio y temía que la nave se quemara por completo.

María Nelly, cuenta Carlos, “se dirige hacia el capitán; al tocarlo se da cuenta que está muerto”.

“Le dio mucho pánico”.

Teléfonos y cocos

Se fue con el niño hacia una poza cercana; quería bañarlo porque sentía que estaba muy caliente por haber estado en el avión en el que hubo algunas llamas.

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El accidente tuvo lugar en la selva del departamento del Chocó, en el oeste de Colombia.

 

Al final el aparato no se incendió, y la muchacha regresó.

Una vez en el avión, cuenta el hermano, “abre la maleta del capitán, toma los teléfonos del capitán y los suyos, coge la bañera que llevaba y decide dejar el avión porque tenía mucho miedo”.

Durante el intento de rescate, cerca del avión, los equipos de búsqueda encontraron un celular.

Tenía más de 90 intentos de llamadas -en esa zona no hay señal- realizados después del día y la hora del accidente, le dijo a BBC Mundo el coronel de la Fuerza Aérea Héctor Carrascal, quien comandó el operativo.

Ese fue un indicio de que había sobrevivientes; sabían que María Nelly debía haber intentado de forma desesperada establecer algún contacto.

Además del teléfono, había otros indicios, cuenta Carrascal.

Excepto la trompa del avión, el fuselaje se encontraba muy completo.

Había en el lugar juguetes y ropa del niño.

Y restos de coco.

Leche

Efectivamente, cuenta Carlos Murillo, la joven tomó un machete que había en el avión y partió cocos que había en la carga.

Fue algo clave en su supervivencia, porque el coco fue su alimento principal.

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Tras el accidente, a María Nelly se le olvidó por unos instantes que su bebé viajaba en el avión.

 

Aunque también, dice Carlos, bebía “leche del tarro que cargaba para el niño”.

Hay versiones encontradas sobre si María Nelly pudo o no amamantar al niño durante los cinco días que estuvieron en la selva.

Aunque De acuerdo su hermano, “le daba pecho y hacía batidos de leche en las hojas de los árboles”, que también le daba.

Pero según él, llegó un momento en que ya no lo pudo amamantar.

Así que “tomaba agua y le deba agüita a él”.

Esa zona es una de las más lluviosas del mundo, con lo que la mujer podía recogerla en grandes hojas o beberla de arroyos.

Fractura

El avión se había estrellado en la ladera de una colina de unos 600 metros de altura.

Luego de bañar a su niño y aprovisionarse, María Nelly comenzó a bajar un riachuelo, con dificultad, porque estaba herida.

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El coco fue el alimento principal de madre e hijo durante la odisea.

 

Tenía golpes y algunas quemaduras de primer y segundo grado en el brazo y la cara.

Pero lo que más le dificultaba la movilidad era una fractura en el tobillo derecho; además tenía un corte en esa pierna.

En un momento decidió armar un refugio precario con hojas y palos, para descansar.

Altavoces

Los equipos de rescate intentaban localizarla con un helicóptero equipado con un dispositivo para detectar emisiones de calor.

“El problema es que la selva es bastante espesa“, le dijo a BBC Mundo el mayor Cristian Mejía, de la Fuerza Aérea, piloto de helicóptero y quien coordinó localmente a esa fuerza en el rescate.

“La altura de los árboles está entre 50 y 60 metros y el terreno es bastante quebrado, entonces las labores no tienen éxito con esta aeronave”.

Entonces, dijo Mejía, el lunes decidieron intentar con otro helicóptero equipado con potentes altavoces.

Le transmitían mensajes de aliento, le daban ánimos.

“De acuerdo a las declaraciones que hemos recibido de algunas rescatistas ese mensaje fue clave, porque ella escuchó efectivamente el helicóptero y escuchó el mensaje que tenían para ella de devolverse por el camino”, dijo el coronel Carrascal.

A través de los altavoces también le indicaron que intentara dirigirse hacia un caserío, a siete kilómetros al oriente o que intentara volver al lugar del accidente.

“Para nosotros sería mucho más fácil poderla recuperar allí”, explicó Mejía.

Controles médicos

El hermano de María Nelly cuenta que entonces ella empezó a remontar el arroyo para intentar volver al avión.

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El operativo de rescate se lanzó pocas horas después de que perdieran contacto con el avión.

 

Pero “no alcanzó a llegar, porque ya estaba muy agotada. “Entonces decidió sentarse”.

Los equipos de rescate estaban a punto de ser relevados este miércoles; los 14 hombres que estaban buscándola se encontraban en el área desde el domingo y se estaban quedando sin provisiones.

“Ya casi perdiendo las esperanzas de encontrarla con vida, se logró visualizar a la señora”, dijo Carrascal.

Estaba a unos 400 metros del lugar del accidente, sentada, con su bebé en brazos este.

Fueron trasladados en helicóptero a Quibdó, donde recibieron atención médica y se les realizaron controles.

Yudier tenía una leve deshidratación, pero fuera de eso estaba en buen estado.

A María Nelly le practicaron unas primeras curaciones y estaba previsto que fuera trasladada en un avión ambulancia a la ciudad de Medellín, para que continuara su tratamiento.

“Felicidad”

Cuando se supo que habían hallado a su hermana y su sobrino, contó Carlos, “nos embargó la felicidad”.

Él cree que el hecho de haber crecido en la zona y conocer la selva la ayudó a sobrevivir.

Después de los cinco o siete años ya cortaba plátano, pelaba arroz, pescaba, le dijo a BBC Mundo.

“Por eso siempre les dije a los rescatistas ‘ayudémosla, ayudémosla, está viva, está viva'”.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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