Sí, era penal

 Por Alfonso Villalva P.

 

No es culpa tuya, sino de las circunstancias. Sabes quien eres, no te hagas el turista. Pero aclarando, la culpa nunca ha sido tuya, lo se y lo leo diariamente en las redes sociales, en la prensa escrita, en la digital; lo escucho en las sobremesas propias y ajenas. No es que tu lo hubieses querido o planeado así, son esas fuerzas ocultas chocarreras que vienen siempre a empujarte a la solución pragmática, a salir del paso, a salvar el pellejo expresando el proverbial “Mire Usted, joven, como le podemos hacer…”

Es curioso pero cuando el acto de corrupción, injusticia o abuso en cuestión tiene un beneficiario distinto a ti, se vuelve una oportunidad esquizofrénica para señalar con índice de fuego, para rasgarte las vestiduras en nombre de la modernidad, el progreso y la democracia y, particularmente, el concepto más bien esotérico del deber ser.

Ha de ser, quizá, una herencia maldita en nuestro código genético responsabilidad de la Malinche, o la diosa Tezcatlipoca, o quizá esos criollos que querían hacerse de un país para beneficio propio y se inventaron conceptos tan sexys y mercadológicamente eficientes como la libertad de una nación, que a la postre hasta los hicieron héroes nacionales en un libro de texto gratuito financiado por el antes llamado Partido Nacional Revolucionario.

No se de quien sea responsabilidad pero esto es así, como el caso del Piojo Herrera y la final de la Copa de Oro, o las elecciones presidenciales de 1988, de 2006. “Haiga sido como haiga sido…”, nos ensenaron a decir. Se haya violado la ley que sea, el principio que sea, se haya atropellado a quien sea; no importa en la medida que nosotros nos levantemos con el triunfo, el trofeo, nos quedemos con el cargo, estemos lejos de llegar tras las rejas.

Qué le vas a hacer, si así somos. Abusones, ventajistas. Y no es culpa tuya meterte en la cola –de las tortillas, el pasaporte, o la que sea-, generar una doble fila de autos para incorporarte al Periférico. Sí, porque aunque no nos guste reconocerlo, así somos. Víctimas de las circunstancias. Tu mundo es así, no lo niegues. Y te levantas enardecido con palabras soeces para afirmar sospechas como hechos, para santificar a tus padres o a tus tíos, jefes o benefactores que quizá manipulen con la efigie del Tata Cárdenas, de Gómez Morín o de Reyes Heroles, según la conveniencia. Te levantas flamígero para mandar a las garras de Belcebú al enemigo, al adversario, aún cuando mañana puedas estar en las filas opuestas, y hagas lo mismo pero al revés, y defiendas lo indefendible.

¡Son unos ladrones, corruptos, hijos del cochupo y la complicidad! Gritas a los cuatro puntos cardinales mientras sobas la mano de un sujeto con un billete de cien pesos para evitar la fila en la verificación vehicular. Mientras invitas a unas copas al inspector de la delegación para ablandarlo y que pase por alto el daño ecológico y la destrucción masiva de especies causado por la construcción irregular de tu casa.

Condenas al fuego eterno al político de hoy olvidando al de ayer y excusando al de mañana con la esperanza de que ese sea tu compadre o tu compañero de secundaria. Eres enemigo del verde y calcinas en leña verde a los futbolistas y artistas varios que violaron la ley electoral a cambio de un puñado de billetes ¡Si! En la medida en que no te inviten a una plurinominal o a operarles un ayuntamiento.

Ni la Casa Blanca, ni una final de fútbol, ni un policía corrupto nos definen como Nación. No. No te equivoques. Pero mírate al espejo si haces el favor. La Nación la defines tu y todos los que sentaron en la letrina al gordito de la clase que no se pudo defender. La defines tu y todos los que subieron a la internet las fotos de la novia desnuda que accedió por amor a posar en la webcam. La defines tu y tu padre que vive de comisiones por contratos con el gobierno. La construyes tu cuando trabajas con mediocridad, cuando no vas al colegio y te burlas de quien estudia y de tu maestro. La defines tu cuando operas una línea de autobuses de transporte y la retacas de personas poniendo en riesgo su vida y dignidad. La defines tu cuando, en fin, vilipendias a quien habla diferente, y desplazas a tu mujer, a tus ancianos, a los que tienen un color de piel distinto al tuyo o viven con discapacidad.

No era penal, lo sabíamos y así, volteamos para el otro lado y nos dejamos seducir por la misma injusticia que se volvió trending topic un año antes cuando nos tocó estar al otro lado de la balanza alineando de víctima. No era penal, pero seguimos financiando una guerra millonaria de mexicanos contra mexicanos en nombre de nuestra estúpida versión moderna de Eliot Ness y la prohibición. No era penal, y los recursos multimillonarios que teníamos para desarrollo social los destinamos a una cruzada por el hambre que no pasó ni media auditoria de comprobación y solamente generó, acaso más pobres. No era penal, pero tu despachas en tu puesto de tortas colgado de un diablito, tu padre sigue a la NFL con un sistema de antena que roba la señal, y tu senador tiene más autos en su cochera que un museo histórico automotriz en Alemania.

Qué le vamos a hacer, así somos. Y ese maldito cambio, otra vez ausente. Nada cambió, a no ser que, aunque sigamos siendo los mismos audaces que explotamos influencias y habilidades varias, ahora somos todos contra todos, igual de inocentes que antes; igual sin culpas, como antes. No era penal, ni jamás lo será, a menos que ese gol nos clasifique, porque entonces sí, por la madre que nos ha parido, sí que era penal.

 

Twitter: @avillalva_

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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