Matrioskas y panistas

Senador Ernesto Ruffo. Foto archivo.

Senador Ernesto Ruffo. Foto archivo.

Por Teresa Gurza

 

Nuevamente Reforma dio a conocer grabaciones ilegales de conversaciones privadas.

Ahora, el 11 de agosto aseguró en primera plana tener audios donde el senador Ernesto Ruffo ofrecía a nombre de Ricardo Anaya protección política a cambio de ayuda económica, al gobernador Guillermo Padrés y a uno de sus secretarios, frente a posibles aprehensiones al dejar el puesto.

Ruffo aseguró que no es suya la que dicen es su voz, responsabilizó al PRI del “montaje”, y presentó demanda por suplantación de nombre.

Padrés negó haber hablado con Ruffo, pero no con quien supuestamente lo suplantó; y dio como disculpa para no querellarse, estar “centrado en el proceso de transición con el equipo de la Gobernadora electa, Claudia Pavlovich”.

El secretario enmudeció.

Si la conversación entre Padrés y quien quiera que haya sido su interlocutor fue cierta, el gobernador además de incauto es corrupto; y reconoce estar desesperado porque al salir de la gubernatura, podrá ir a la cárcel.

Y para quitarse los “problemitas”, se le hizo fácil actuar como cualquier mafioso del crimen organizado y aceptar la protección del futuro dirigente de su partido, a cambio de entregarle dinero público para su campaña.

Pero, mientras el caso se aclara, se complica más, o se olvida como ha pasado con los moches panistas, esa forma de taparse unos con otros me recordó a las matrioskas rusas.

Casualmente acabo de leer un cable de la AFP, informando que una exposición vigente hasta el 13 de septiembre en el Museo de Artes Decorativas de Moscú, revela que estas populares muñecas hechas de láminas de madera y encajadas unas dentro de otras, no son rusas sino japonesas y llegaron a Rusia a finales del siglo XIX.

La directora del museo Elena Titova al ser entrevistada por esa agencia, informó que las matrioskas han adoptado con los años diversos diseños “desde las alegres campesinas de la época zarista hasta los obreros y cosmonautas de la era soviética, pasando por Lenin, Stalin o Vladimir Putin” y se han convertido en recuerdo turístico imperdible.

Y contó que en 1890, Japón estaba de moda en Rusia y el industrial y mecenas Savva Mamontov regresó de un viaje a esa isla, con siete “divinidades de la Fortuna”; la más grande de las cuales representaba a Fukurokuju, el dios calvo de la sabiduría y la felicidad.

Poco después el pintor ruso Serguei Maliutin tomando esa figura como modelo, creó en su taller de artesanía ubicado en Serguiev Posad, una ciudad del Anillo de Oro donde está el famoso monasterio de la Trinidad, la versión rusa del juguete, que consiste en una campesina feliz que acoge dentro de ella, a toda su descendencia; incluyendo al recién nacido.

“La muñeca se hizo rápidamente muy popular en Rusia y recibió el nombre de “matriona” que significa campesina y cuyo diminutivo es matrioska”.

Y en 1900 causó sensación en la Exposición Universal de París, donde ganó una medalla de bronce.

Después de las campesinas, surgieron las matrioskas “bolcheviques” de los años 1920, representando a obreros, personajes históricos revolucionarios e incluso a enemigos del pueblo como el “kulak“, nombre despectivo dado a los campesinos ricos, con sus gorras en la cabeza y brazos cruzados sobre sus enormes vientres.

Como sucedió con todas las ramas de la producción, a partir de 1930 el Estado soviético se apropió de la elaboración de esas muñecas y puso fábricas en las principales ciudades; y hasta en Chukotka, fueron torneadas por esquimales del Ártico.

En su empeño por encarnar donde fuera lo que llamaban internacionalismo soviético, los dirigentes de la URSS ordenaron hacer matrioskas ucranianas, bielorrusas y de otras siete nacionalidades.

Y como con cada acontecimiento nacional surgían nuevos modelos, hubo muñecas cosmonautas con cascos, escafandras y cohetes.

Al desintegrarse la Unión Soviética, empezaron a hacerse matrioskas caricaturizando a políticos nacionales y extranjeros; y ahora hay hasta de Obama.

Pero “en la versión más tradicional, dice Titova, con su encanto intemporal, siluetas sólidas y rostros serenos, son actualmente un símbolo ruso porque encarnan el carácter nacional”.

La relación entre los capos del PAN con las matrioskas se me ocurrió, al enterarme de que estas muñecas encierran además de a su descendencia, la idea muy extendida entre los rusos, de que la verdad se esconde detrás de las apariencias; pero tarde o temprano siempre sale a la luz.

¿La veremos salir en este incidente panista que pareciera inauguración pública, de una especie de camorra nacional?

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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