Atole y estudio

 

Foto archivo.

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Por Teresa Gurza

Casi 26 millones de alumnos de educación básica entraron esta semana a 258 mil planteles, esperando pasar año con buen promedio.

Será difícil; porque además de las malas condiciones en que están el 90 por ciento de las escuelas, muchísimos niñas y niños deben enfrentar estudio y crecimiento con solo una telera y una taza de atole en el estómago.

Y mientras los dueños de 83 empresas fabricantes de artículos escolares y más de 100 mil papelerías se relamen pensando lo que se llevarán, padres y madres de familia sacan cuentas, hacen cruces y piden préstamos, para poder palomear las listas de sus hijos.

“Son excesivas”, dice una señora que no puede conseguir mil pesos para comprar lo de Esther, que entró a tercero de primaria.

Añade que los útiles que regala el gobierno llegan dos o tres semanas después del primer día de clases, y las maestras los quieren desde ahora; que los juegos de geometría “se quiebran de nada” y a las mochilas se les abren las costuras y se les rompe el plástico que es tan delgado, como el de forrar libros; y las buenas y durables, no bajan de 350 o 400 pesos, “y eso que no son la de marca que quiere mi niña”.

 

“Imagínese si eso piden en primaria, lo que tengo que comprar yo para ésta, que pasó a secundaria” interviene molesta una mujer mientras ésta, la mira con ojos tristes.

Y hay que añadir los pasajes, “150 semanales para ella y otro tanto los de mi mamá que la lleva y recoge, porque yo trabajo…”

Ahí cerca, un jornalero a quien sus compañeros de vivero llaman el santo “porque hago milagros para mantener a cinco, ganando 160 diarios” se estruja los dedos por las cuotas de entrada, 500 pesos por dos niños en la escuela de Rancho Viejo; y por el costo de los uniformes: “blanco los lunes, con blusa, calcetas y chaleco, 260 sesenta pesos; del diario con batita, blusa, chaleco y calcetas, 200; de física con pants, camisa y sudadera, 180; y súmele los zapatos, 300 los negros de piso; 250 los tenis corrientitos, mejorcitos hay que pagar 500 o 600; ora sí, que ni con milagros; vivo estresado”.

Pero el gobierno no le estresa que al 90 por ciento de las escuelas oficiales, les falte agua, luz, drenaje, paredes, techos, canchas, pizarrones o mesa-bancos; y hasta presume, de que beca a menos del cuatro por ciento de los niños.

En la Benito Juárez del poblado de San Andrés, municipio de Tlayacapan, por ejemplo, los baños rara vez tienen agua, se tapa la fosa séptica y tardan semanas en vaciarla, no hay bebederos y solo los niños cuyos padres pueden cooperarse para garrafones, toman agua potable; los demás sufren frecuentes enfermedades intestinales.

Madres y maestros coinciden en que el gobernador Graco “recién entrado, suprimió la alimentación que se daba en jardines de niños y primarias”; y deben llevar ahora comida de su casa; o dinero para comprar por 20 pesos una torta, o dos quesadillas y un agua de frutas.

También quitaron las becas; “pero parece que van a volver a bajar el proyecto para niños aplicados” dice una mamá que habla como funcionaria, porque su suegra es vocal.

Su vecina se queja de que las vocales solo invitan a esos programas a sus conocidas, o a las de muchos niños.

“Es difícil entrar; hay que estar pendientes y pasársela en reuniones y apoyos; y si una trabaja, no siempre puede…”

Los becados de Prospera recibían, “dos mil pesos y cacho cada dos meses; parece mucho, pero casi todo se va en pasajes porque las mamases tenemos que ir obligadas, a pláticas de salud o de los apagones analógicos; yo fui pero de nada sirvió, porque sortearon las pocas teles que llegaron, y no me tocó”.

Tampoco andan bien las secundarias.

La Telesecundaria San José de los Laureles de Tlayacapan no tiene agua potable, ni bebederos, ni cancha de juegos, ni cisterna; y un solo maestro da todas las clases de la materia que sea, a 150 niños.

Y las mamás se turnan para hacerles desayuno y comida; les dan en la mañana, atole y una telera o 4 galletas Marías y al mediodía, albóndigas o tacos de soya con alguna verdura; y los papás hacen faenas para cortar la maleza y que tengan espacio para jugar.

¿Será que así es como están moviendo a México?

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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