Prohíben las corridas de toros

Por Teresa Gurza

Mientras me entero por ese remedo de Informe que Peña Nieto ha encontrado en López Obrador a su villano favorito, tengo enfrente varios álbumes con fotografías de los más premiados ejemplares de la ganadería de toros de lidia Torreón de Cañas, fundada en 1927 por mi abuelo Rafael Gurza Escudero y su hermano menor Ignacio, en su hacienda del mismo nombre; y cuyas vacas y sementales fueron simiente de muchas de las actuales ganaderías.

1-Foto Rafael Gurza Escudero 1952

Veo también un montón de acciones de la Plaza de Toros de Torreón Coahuila seguramente sin valor económico, pero que me llevan a divagar sobre lo que representó para mi abuelo su inauguración en 1934, para sustituir a la estrenada en 1902.

Y pienso lo que sentiría, al enterarse que por 16 votos del PRI, PVEM, PSD y Nueva Alianza, el Congreso de Coahuila prohibió desde este sábado 29 de agosto, las corridas de toros; y que como sucedió en Sonora y Guerrero, perderán su empleo cientos de personas.

Me encanta el ambiente de las plazas tal vez porque para que mi abuelo pudiera presumirme, mi primera salida de bebé a un lugar público fue al palco del ganadero; al que años después, brincó un toro que casi me mata del susto para su decepción, porque soñaba con hacer de mí “una torera más buena y valiente que Conchita Cintrón”.

Pero siempre he estado más a favor del toro que de los toreros y odio a los picadores, a lo mejor porque muy chica lo acompañaba a los corrales a revisar como habían llegado los animales que se lidiarían los días siguientes, y los sentía amigos.

Y como estoy contra todas las prohibiciones, y más si las promueve el Verde, confío en que los empresarios taurinos coahuilenses ganen el recurso de amparo que dicen presentaron.

Torreón de Cañas es el nombre de una población del estado de Durango, que data de finales del siglo XVIII; y tomó su nombre, por gratitud a una familia Cañas, que restauró una modesta capilla que originalmente se llamó San Isidro del Torreón; y regaló a los campesinos del lugar, dos molinos de trigo, una curtidora, una fábrica jabonera y considerable cantidad de ganado ovino y vacuno que pastaba en grandes extensiones de terreno.

En 1901 la hacienda fue comprada y modernizada, por mi bisabuelo Antonio Gurza López; quien reconstruyó “la casa grande” y mandó edificar junto, una iglesia más en forma.

Cuando la fraccionó en 1911, una de las partes fue para mi abuelo y sus hermanos, que la dedicaron a la siembra de algodón y la producción de mantas; y años después, empezaron ahí la crianza de toros bravos teniendo como base vacas de Torrecillas y un semental de San Mateo, enriquecidos más tarde con ganado de su amigo zacatecano Julián Llaguno González.

Acción Plaza de Toros de Torreón Coahuila

Con el tiempo, Torreón de Cañas extendió su fama como criadero de toros finos que lidiaban matadores de prestigio como Lorenzo Garza y El Soldado, en las mejores corridas de la República Mexicana, donde ganaron “orejas de oro”, convirtiendo a esa ganadería, en una de las más notables del norte de México.

Según contaba mi familia, sus trabajadores estaban contentos y nunca pidieron reparto de tierras; pero no debe haber sido tan cierto, porque no les quedó una sola de las haciendas que tenían.

En 1938 campesinos de la cercana población Las Nieves, promovieron la primera dotación en beneficio de 98 ejidatarios con cuatro mil 180 hectáreas; y en 1947, solicitaron la ampliación del ya ejido de Torreón de Cañas, con 47 mil 524 hectáreas para otros 238.

Afligido por los que él llamaba “agraristas” y por una sequía de casi 10 años y presionado por mi papá, que se oponía a que estuviera solo en la hacienda expuesto a conflictos y peligros tan lejos de la capital del país donde vivíamos, mi abuelo vendió en 1948 el nombre Torreón de Cañas, su divisa y fierro, y la mayor parte de las vacas y toros a Luis Barroso; y no solo formaron Mimiahuapan, sino muchas otras empresas taurinas en México, Venezuela, Colombia y hasta España.

Y como no se daba por vencido, compró en Querétaro un pequeño campo llamado El Lobo a donde llevó el ganado que le quedó; pero al poco tiempo, tuvo que entregarlo a otros ejidatarios. Así eran las cosas.

PD: Felicidades a Toño Aspiros y Carlos Ravelo, por sus premios México de Periodismo.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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