Malvinas: todo lo que Argentina pide es que se le dé una oportunidad al diálogo

Por Cecilia Nahón

Embajadora de Argentina en Washington

Embajadora Cecilia Nehón. Foto archivo.

Embajadora Cecilia Nehón. Foto archivo.

En los últimos meses, Estados Unidos ha alcanzado dos acuerdos históricos que han dominado los titulares de los medios de comunicación y el debate político local: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba después de más de 50 años y, más recientemente, el Plan Integral de Acción Conjunta acordado por Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania, junto con la Unión Europea, con la República Islámica de Irán sobre el programa nuclear de este país.

El Gobierno argentino recibió con satisfacción estos procesos de negociación, reafirmando su compromiso inquebrantable con la solución pacífica de las controversias internacionales y su profunda creencia en el diálogo y las negociaciones diplomáticas como la mejor herramienta para alcanzar soluciones efectivas y duraderas, en el marco de los principios de las Naciones Unidas.

Ambos acuerdos presentan diferencias sustanciales y derivan de circunstancias particulares. Sin embargo, existe un elemento común entre ellos que merece ser destacado: la voluntad de comprometerse en negociaciones a través del diálogo y la diplomacia para lograr resolver conflictos existentes por décadas. En ambos casos, las palabras, no las armas, rompieron el estancamiento.

Diálogo es exactamente lo que Argentina está pidiendo para resolver la “Cuestión de las Islas Malvinas”, una disputa de 182 años con el Reino Unido sobre la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Situadas a sólo 187 millas náuticas de la costa patagónica, las Malvinas están profundamente arraigadas en la sociedad argentina. Todos los argentinos, sin distinción, vivimos con similar intensidad un sentimiento de desposesión respecto de esta parte de nuestro territorio nacional. Esto ha sido así desde 1833, cuando el Reino Unido invadió las islas expulsando a la población y autoridades argentinas e implantando en su lugar a su propia población.

Aunque en Estados Unidos a menudo se asocia esta cuestión exclusivamente con su más trágico episodio, el conflicto de 1982, la “Cuestión de las Islas Malvinas” no es sólo una causa nacional, sino regional y global que exige diálogo y negociación. Argentina no está sola en sus esfuerzos por el diálogo sobre Malvinas. La comunidad internacional ha expresado reiteradamente su firme apoyo a la posición de nuestro país. Este año se cumple el 50º aniversario de la adopción de la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la primera de su clase que reconoce la existencia de una disputa de soberanía y hace un llamamiento a sus únicas dos partes, los Gobiernos de Argentina y el Reino Unido, a alcanzar un acuerdo mediante negociaciones. Desde entonces, más de 40 resoluciones de las Naciones Unidas han buscado lo mismo sin alcanzar resultados.

En marcado contraste con la convocatoria permanente de Argentina al diálogo, el Reino Unido ha ignorado todos los llamamientos de la comunidad internacional a reanudar las negociaciones y, en cambio, se mantiene en una actitud beligerante que remite a un anacrónico colonialismo. La militarización del Atlántico Sur, que actualmente abarca ejercicios militares, el lanzamiento de misiles en el área y el crecimiento del presupuesto militar, ha sido fuertemente condenada por América Latina, una región pacífica y libre de armas nucleares.

A pesar de esto, es el Reino Unido quien, con frecuencia y de manera injusta, acusa a Argentina de constituir una amenaza para las Malvinas. Tal vez se trate de una estratagema conveniente para justificar lo injustificable: un presupuesto y presencia militares contra un enemigo inexistente. Curiosamente, el Reino Unido llevó a cabo negociaciones con la dictadura militar que tomó ilegalmente el poder en Argentina y que llevó al país a la guerra en 1982, pero se ha negado sistemáticamente al diálogo y a la negociación desde la recuperación de la democracia en nuestro país. Asimismo, exacerbando una situación injusta, el Reino Unido insiste en la realización de actividades unilaterales en la zona en litigio, como la exploración y explotación ilegal de los recursos naturales renovables y no renovables.

Argentina está decidida a recuperar el ejercicio pleno de la soberanía sobre las islas pacíficamente y de conformidad con el derecho internacional. Esta decisión es reflejo de la vocación de nuestro país por la paz y el diálogo en todos los ámbitos. En la actualidad, Argentina es una democracia vibrante que ha promovido activamente una política de derechos humanos reconocida internacionalmente, persigue la no proliferación nuclear y constituye un ejemplo de coexistencia religiosa y étnica, en tiempos en que estos temas están en el centro de los conflictos internacionales.

De conformidad con las resoluciones de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA), entre muchas otras organizaciones internacionales, Argentina reafirma una vez más su disposición a reanudar las negociaciones bilaterales con el Reino Unido para llegar a una solución definitiva de la disputa de soberanía.

Los acuerdos recientemente alcanzados por Estados Unidos, haciendo a un lado décadas de desconfianza, debieran ser una fuente de inspiración para que el Reino Unido acepte sentarse a la mesa de negociación y se una a este espíritu de diálogo sobre la “Cuestión de las Islas Malvinas”. Como la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha dicho en varias ocasiones, si Cuba y Estados Unidos pudieron sentarse a dialogar, Argentina y el Reino Unido debieran ser capaces de hacer lo mismo: “no podemos vivir en un mundo civilizado y sistemáticamente rechazar el diálogo”.

Versión en inglés, en The Huffington Post: http://www.huffingtonpost.com/cecilia-nahon/malvinas-all-argentina-is_b_8089672.html

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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