Chía conquista el mercado estadounidense

Juan Pablo Altamirano, a la derecha, y su socio Pedro Peñalver, en los campo de chía de GoldFoods en Santa Cruz, Bolivia.

Juan Pablo Altamirano, a la derecha, y su socio Pedro Peñalver, en los campo de chía de GoldFoods en Santa Cruz, Bolivia.

Juan Pablo Altamirano es un empresario argentino que se dedica desde hace más de 25 años al campo.

Empezó en la industria de frijoles pero desde hace unos años vive en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, dedicado al cultivo de quinua (quinoa) y chía.

Hoy, su misión no solo es exportar un producto de calidad sino dar a conocer un alimento ancestral olvidado durante siglos, pero rescatado por la ciencia: la chía.

La chía es una semilla conocida ya en el mundo prehispánico. Su cultivo se localizó principalmente en México y sirvió de alimento al poderoso ejército azteca, que lo utilizaba tanto como medicina como complemento nutricional.

Con la Conquista, la cosecha se suprimió estratégicamente al darse cuenta los españoles de las propiedades energéticas de la chía.

Esta semilla, conocida también como Salvia Hispánica, pasó al olvido hasta hace poco más de una década, cuando un grupo de investigadores de la Universidad de Arizona (UA), redescubrió las cualidades que la hacen un súper alimento.

Así, la chía  contiene el doble de proteína que cualquier otra semilla o grano (22%), ácidos omega 3 y 6, y una excelente fuente de calcio, fósforo, cobre, magnesio, potasio y zinc para el organismo.

Uno de los investigadores del equipo de UA que redescubrió el valor de la chía era argentino y fue así como esta semilla llegó a Salta, en el norte de Argentina, de donde es originario Altamirano.

El empresario, junto a su socio Pedro Peñalver, fundaron hace siete años la empresa GoldFoods (http://goldfoodsusa.com) para dedicarse al cultivo, procesamiento y comercialización de estos granos ancestrales dentro de los reglas del comercio justo y de una agricultura sostenible.

Tras darse a conocer el estudio de UA se volvió a cultivar chía en México, Uruguay, Argentina y, especialmente, Bolivia.

“Normalmente la chía producida en Bolivia tiene valores nutricionales y microbiológicos más estables que el resto de los países de Sudamérica, ya que por razones climáticas la cosecha se realiza en invierno con menores precipitaciones y sin la ocurrencia de heladas”, aseguró el empresario.

Consciente de que el campo tiene sus tiempos, la paciencia ha sido clave para que GoldFoodsUSA entre hace 18 meses al competido mercado estadounidense que este año importó 35.000 toneladas de chía y que se espera sean 50.000 para el 2016.

Con el 30% de su producción orgánica, la empresa quiere ofrecer un producto que llegue a los consumidores de manera natural, sin la presencia de químicos.

“En GoldFoods no permitimos que nuestra chía llegue a la venta ya madura. La temporada de cosecha coincide con la época del año cuando hay la precipitación más baja. Esto le da a nuestras semillas su color – un gris negruzco – que no se ve a otros productores de chía. Esta es una de las razones por las cuales nuestra chía se considera de mayor calidad”, enfatizó Altamirano.

Su producto, cultivado por 40 familias del altiplano boliviano,  se usa en ensaladas, batidos, galletas, panes, barras energéticas y cientos de recetas saludables.

Quizás en esta semilla tan nutritiva estén muchas respuestas al problema de la alimentación mundial.

Muestras de chía.

Muestras de chía.

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