Cuestión de olanes

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Por Alfonso Villalva P.

“Con que los centros se junten, manque los olanes queden colgando” repetía, o dicen que repetía, mi general Villa como uno de esos refranes que parecían caracterizar una manera popular que sintetizaba su sabiduría -la de mi general-, esa que la vida azarosa y a salto de mata habían acuñado para él.

Fácilmente se lo puede imaginar usted diciéndolo, fabricando su imagen icónica que difícilmente escapa a las posesiones entrañables de nuestros pueblos, de los terrícolas de origen latino americano cuando nos asomamos por una rendija al santuario del Siglo veinte donde gravitan los justicieros que prometían cambiar las cosas y establecer esa realidad más justa que nunca acabó de llegar.

Villa, Zapata, Fidel y Ernesto. Solo algunos de todos aquellos que fieros en el campo de batalla clamaban por la equidad envueltos en la bandera del pobre, del explotado, del menos favorecido, del desheredado. Cada quien en su sitio geográfico, en su tiempo, con su modo peculiar, con su estilo privado de comunicar. Un panteón revolucionario, pues, que seducía, emocionaba, alentaba…

A mi general Villa lo puede imaginar usted a lomos del legendario Siete Leguas, con sus botas de campaña ceñidas y bien subidas hasta los muslos, sus anteojos, en fin. En acción, siempre en acción, al abordaje, tomando San Luis, Torreón, Zacatecas.

A galope tendido consolidando la individual y peculiar hazaña de ser el único personaje en haber invadido territorio americano en modo de guerra, con un ejército por detrás. En pasionales discusiones con el productor de Hollywood a quien contrató para que lo filmara en acción bélica.

Así, hace cien años, empacando miles de pobres con una carabina 30/30, machetes y un par de guaraches desvencijados, en los ferrocarriles que construyó el dictador cuyo derrocamiento no generó el cambio iluso que los iniciadores se crearon en su peregrina imaginación -Maderito y compañía-, y que, por tanto, fue apenas el inicio de una guerra civil sin cuartel que, en los hechos, más allá de definiciones históricas, se prolongó por más de cinco lustros y arrojó una cifra sangrienta de más de un millón de muertes.

“Con que los centros se junten, manque los olanes cuelguen”, y habría que preguntarse si en estos últimos cien años, más allá de los monumentos, leyendas románticas, veintiún cañonazos y guardias de honor de presidentes, ministros y funcionarios varios, nos hemos puesto a pensar como Nación dónde diablos se encuentran esos centros que pudiesen constituir un terreno común en el que podamos desplantar el futuro que esos revolucionarios con las armas, esos otros que regaron su sangre, y aquellos que contribuyeron con una pluma o un lienzo, un pincel o un poema, se hubieron imaginado.

Cuáles son esos olanes de los que se cuelgan los reivindicadores de los pobres y los desvalidos para evitar que los centros algún día se junten eliminando su fuente de ingreso y poder. Los olanes que jalan los intransigentes de derecha o los que se dicen de centro y se cuelgan de los olanes para que su nicho acomodaticio no desaparezca jamás.

La revolución mexicana pudiera ser concebida como un capítulo fascinante de historia o como un acicate a nuestra reflexión para recuperar esos sueños y con las herramientas actuales hacerlos cobrar vigencia en la oficina, el salón de clases, el periférico mientras conducimos el auto y especialmente nuestra conducta en el barrio, la colonia o el club deportivo. Sentirnos Villa, Zapata, Cabrera, Rivera, Frida, Siqueiros o Atl. Pues eso.

 

 

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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