¡Feliz Navidad, con bella luna llena!

Foto archivo.

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Por Teresa Gurza

A estas alturas de la temporada, como que ya choca entrar a las tiendas llenas de “ofertas”, esferas, monos de Santa Clós y esa nieve que todo cubre, aunque no tenga nada que ver con este Cocoyoc tropical.

Y no se diga la molestia que ocasiona la empalagosa música navideña; que los dueños de los comercios ponen a todo lo que da, porque han decidido que eso estimula las ventas; parafernalia, que cada año empieza con más anticipación y que en vísperas del 25, se torna insoportable.

Lo son también, esos plásticos que permanecen todo el día desmayados en los jardines de muchas casas, inflándose en cuanto empieza a oscurecer con las figuras del gordo, con sus renos y trineo; y que parecen símbolos de lo que son ahora, muchas de las convivencias familiares que para algunos sectores, se han convertido en pura compradera; de la que solo quedan al final, ilusiones desinfladas.

La Historia asienta que fue el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno, se fijó el 25 de diciembre como día para celebrar la Navidad; que para los jerarcas católicos es después de la Resurrección, la fiesta más importante del año eclesiástico; pero pienso que es mayor la Navidad, porque sin el nacimiento, no podría existir la resurrección.

La Iglesia primitiva adoptó ritos paganos para sus muchas celebraciones; y para esta copió, los grandes festejos que desde los primeros tiempos se hacían en el solsticio de invierno y la llegada de la primavera; entre ellos, el Saturnal romano en honor de Saturno, dios de la agricultura, y sus siete días de diversiones que empezaban el 19 de diciembre, con banquetes como punto central de las reuniones.

La Navidad de características similares a la actual, surgió en Europa hasta el siglo XIX; cuando se unió el árbol adornado originario de Alemania, a los villancicos cristianos; y con el tiempo, se extendió por Europa y América.

Dice Eduardo Galeano en su cuento corto Paradojas, que es parte de El Libro de los Abrazos, que la contradicción es el “pulmón” de la Historia; y que ni el propio Dios, se salvó de la paradoja.

Escribe al respecto: “Él eligió para nacer, un desierto subtropical donde casi nunca nieva; pero la nieve se convirtió en un símbolo universal de la Navidad, desde que Europa decidió europeizar a Jesús…”

Añade que el nacimiento de Cristo es hoy por hoy, el negocio que más dinero deja a los mercaderes; a esos mismos mercaderes que  había expulsado del templo.

Y tiene razón, porque el comercio ha provocado que las tradicionales reuniones de la temporada, estén transformadas en carreras por compras apresuradas; tronadas de dedos, porque no alcanza para lo que se quiere; y el pensamiento de que en Navidad los regalos y el consumo, son lo más importante.

Pero la frustración, el agotamiento y el estrés, que todo eso ocasiona sobre todo si no se pudo hacer y adquirir lo que se ansiaba, no dejan espacio al goce; y son una de las causas que provocan que en estas fechas, muchas personas se depriman.

Y es comprensible que eso ocurra, porque a  la difícil situación económica y los problemas recientes de nuestro país y del mundo, hay que añadir como motivo principalísimo de la tristeza sobre todo en los adultos, las enfermedades y la falta permanente o temporal de familiares y amigos.

No hay quien no tenga un ser querido ausente, por muerte o separación; y esas ausencias se sienten más en días como estos; en los que casi por obligación se tiene que estar alegre, cuando lo que realmente se experimenta es melancolía y congoja.

Y si a esta contradicción, añadimos las condiciones climáticas del frío y la falta de sol, que conducen a la disminución de las actividades al aire libre y sus efectos relajadores, ansiolíticos y euforizantes por la liberación de endorfinas que ayudan al equilibrio físico y al bienestar mental, se es más fácil caer en esa situación emocional que los especialistas llaman, “depresión estacional”.

En México no hay datos al respecto, pero algunas estadísticas de otros lados indican, que en Estados Unidos afecta al 20 por ciento de la población; y a más, en los países nórdicos donde los días son más cortos y la exposición al sol prácticamente nula.

Pero para subirnos el ánimo, esta Nochebuena llega con una bellísima luna llena; que no se veía en esta fecha, desde la Navidad de 1977. ¡Salud!

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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