Alas prestadas

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Por Alfonso Villalva P.

Lo que te sucede cuanto te expones a la obra, por ejemplo, de Betsabeé Romero es probablemente la combinación inexplicable de emociones que se generan de manera abstracta en al interior del revoltijo que constituyen tus huesos, intestinos, neuronas y espíritu.

Dejar de ser espectador de una obra de arte y ser invitado -más bien arrastrado- a internalizarte en ella y transformarte en un interlocutor de la sensibilidad planteada por la artista sin destinatario definido, hasta que tú te presentas frente a ella y se personaliza el mensaje en función de tu edad, tu nivel de instrucción, tu capacidad de observar, tu grado de sensibilidad, tus miedos, tus fobias, tus alegrías, tus amores, pero también tus cicatrices, tu ignorancia, tu frustración, tu crispación, tus envidias y tu sed de revancha.

El arte contemporáneo cuando se materializa de esa forma magistral, te recuerda lo que quizá has oído siempre pero pocas veces experimentado: la manera de sublimarte como ser, de aproximarte a tu propósito último o más elevado, es vincularte con el arte -la plástica, la música, las letras, el escenario, en fin, esa facultad del ser humano de re interpretar la vida en dimensiones acaso más audaces, más significativas.

Una vez que estás atrapado por una obra de arte, una vez que has roto la barrera de la vulgar cotidianidad, recuperas una lucidez quizá insospechada en ti, quizá nunca estrenada, o quizá rutinariamente presente en la lucha feroz con el desdibujado cuadro de vivir o sobrevivir a diario.

Uno de los efectos que tiene el arte, por ejemplo el de Betzabeé Romero, sobre ti, es ampliar los extremos de comprensión de lo que pasa en tu mundo al que ahora te asomas a traves de la diminuta pantalla de tu celular, de la programación por demanda en la internet.

Se cruzan de nuevo los cables que conducen los impulsos eléctricos de tus neuronas y te reconoces en plenitud con todo eso bueno que tienes, con todo lo positivo que hay en tu familia, en tu barrio. Te relames los bigotes recordando tus sueños y las ocasiones en que tu existencia te ha permitido ser un poco héroe, un poco samaritano, un poco ganador.

Quizá el arte te revoluciona las ideas y reconoces por qué los gobiernos, las organizaciones políticas o sindicales se empeñan frecuentemente en obstaculizar la proliferación del arte en las concentraciones humanas, en los programas educativos, en las calles… Por que es tan difícil dedicar tu vida a ser artista.

Ya bien revolucionado y plenamente enganchado de esa hiper realidad a la que te ha llevado alguien como Betzabeé Romero, sientes la tragedia y la esperanza con melancolía muy dentro de ti, y piensas en los niños que son explotados, en quien pierde a su familia en un ataque terrorista, en las agonías del cáncer, en las mujeres que son violentadas y convertidas en objeto por doquier.

Te reconoces en paz por lo que eres, ya expuesto irremediablemente a la propuesta estética, pero inquieto por el mensaje subversivo que entraña la protesta social, la denuncia humana, la advertencia de la decadencia en una instalación, un cuadro, una fotografía.

Es muy probable que la experiencia artística sea una deuda monumental que tenemos con nosotros mismos. Si. Acreedores y deudores en la misma persona. Es quizá esa pieza clave que alguien ha robado de nuestra batería cromosomática social y que es menester exigir su restitución, para vivir más plenos, para regodearnos en la aventura de vivir con propósito, para abatir el odio y la crispación que tan rentable es para los políticos y quienes pretenden seguir manipulando los destinos de millones de personas que parecen haber olvidad eso que nos da el arte, a cambio de una vida de rencores, descalificación y muerte. Una deuda que es antídoto a la precariedad humana.

Qué valor tiene en tu vida el hecho mismo de la existencia de alguien como Romero, Gabriel Orozco, Jeff Koonz o Andy Warhol. Reflexiona por ejemplo, mientras vuelas con las alas que ellos te prestan para mirar nuevamente tu existencia desde dentro y desde fuera, con otra gama cromática a la que creías conocer, con otras posibilidades para no sucumbir ante la línea plana de vivir para solo para sobrevivir.

Twitter: @avillalva_

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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