Un Congreso dividido (por el control de armas) no puede entrar en receso

Por Amy Goodman y Dennis Moynihan

El debate sobre el control de armas dio un giro histórico el miércoles en Estados Unidos cuando miembros demócratas de la Cámara de Representantes llevaron a cabo una ocupación del Congreso por primera vez en la historia, al realizar una sentada en el recinto de la Cámara baja para exigir una votación sobre la denominada restricción “no fly, no buy” a la compra de armas.

Esta disposición mínima impediría comprar legalmente armas a los sospechosos de terrorismo que están en la lista de exclusión aérea de Estados Unidos. La protesta fue iniciada por el congresista de Atlanta y legendario defensor de los derechos civiles John Lewis. Lewis habló desde el estrado de la Cámara de Representantes: “A veces hay que hacer algo fuera de lo común.

A veces hay que inventar una solución cuando no la hay. Hemos permanecido callados por demasiado tiempo. Llega un momento en el que hay que decir algo. En el que hay que hacer un poco de ruido. En el que hay que dar un paso. Este es el momento. Ahora es el momento para intervenir”. Lewis abandonó el estrado y, junto a varios miembros del Congreso, se sentó en el suelo y se negó a ponerse de pie.

En el Congreso hay cámaras de televisión que transmiten en directo los discursos que tienen lugar allí a través del canal nacional de cable C-SPAN. Pero las cámaras están controladas por los republicanos y fueron apagadas. Al menos dos miembros de la Cámara de Representantes que participaron en la sentada transmitieron en vivo en las redes sociales los discursos de protesta a través de sus teléfonos móviles y las aplicaciones para transmitir videos.

A modo de protesta, C-SPAN tomó las imágenes en vivo que se emitían en las redes sociales y las retransmitió y, así, puso a disposición de los televidentes la demanda de control de armas censurada por los republicanos. “No se permite que las cámaras instaladas en el Congreso transmitan la sentada”, señaló C-SPAN mediante una leyenda en la parte inferior de la pantalla.

“Sin Proyecto de ley no habrá receso por vacaciones” coreaban los congresistas, rompiendo con estruendo el decoro habitual del Congreso. Uno tras otro, estos congresistas (todos ellos demócratas), se pusieron de pie para expresar su apoyo a una votación sobre la disposición “no fly, no buy”, que la representante demócrata de Nueva York Nita Lowey propuso el miércoles como enmienda al Proyecto de Ley de Presupuesto para la Seguridad Nacional.

Al igual que el proyecto de ley propuesto en el Senado por la congresista Dianne Feinstein, la enmienda de Lowey fue rechazada por los miembros de la mayoría republicana de la comisión. Según Lowey, la enmienda habría otorgado al “fiscal general la facultad de impedir la venta de armas de fuego a terroristas o sospechosos de terrorismo si el fiscal general tiene sospechas razonables de que el arma de fuego podría ser utilizada en actividades relacionadas con el terrorismo”.

Las mayorías republicanas de ambas cámaras del Congreso repiten como loros los argumentos de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). La principal crítica de la NRA es que personas inocentes pueden ser incluidas en la lista de sospechosos de terrorismo. “Es necesario establecer protecciones para que se pueda eliminar de la lista de sospechosos de terrorismo a los estadounidenses respetuosos de la ley que han sido incluidos en ella por error”, afirmó Chris Cox, director ejecutivo del Instituto para la Acción Legislativa de la NRA. Es sin duda admirable que se plantee la cuestión de estas deficientes “listas de vigilancia” y la preocupación de cómo las personas pueden ser excluidas de ellas.

Sin embargo, muchos republicanos están planteando el problema por primera vez ahora, lo que sugiere que lo único que les preocupa es que las listas de vigilancia limiten el número de personas que pueden comprar armas.

En virtud de la enmienda propuesta por Nita Lowey, que incluye hacer seguimiento a las personas que estuvieron en la lista de sospechosos de terrorismo en algún momento en los últimos cinco años, se habría podido detectar al asesino de Orlando, Omar Mateen. Mateen era un ciudadano estadounidense que había sido investigado dos veces por el FBI en los últimos años por sospechas de que simpatizaba con grupos terroristas, pero en ambas ocasiones las sospechas fueron desestimadas.

También se sabía que había golpeado a su primera esposa, que lo dejó después de cuatro meses de matrimonio. La violencia doméstica es otro indicio importante en casos de asesinatos masivos. A pesar de las señales de alerta, Mateen compró legalmente un rifle semiautomático del tipo AR, que utilizó pocos días después para matar a 49 personas y herir a muchas más.

El representante John Lewis afirmó justo antes de que comenzara la sentada en el recinto de la Cámara baja: “No podemos seguir haciendo la vista gorda a la violencia masiva con armas de fuego que sacude a nuestro país. Las matanzas se están volviendo cada vez más frecuentes. El momento del silencio y la paciencia se terminó hace tiempo. Instamos a los líderes de la Cámara de Representantes a que propongan a este cuerpo legislativo una legislación sobre el control de armas de sentido común. Dennos una votación.

Permítannos votar. Vinimos aquí a hacer nuestro trabajo. Vinimos a trabajar. El pueblo estadounidense exige que se adopten medidas”.
Esta histórica protesta estaba exigiendo lo que tan solo puede considerarse una medida insuficiente, que es postergar la posible compra de armas de fuego por parte de sospechosos de terrorismo.

¿Pero dónde quedó la demanda de reinstaurar la prohibición a las armas de asalto? Estas armas, diseñadas exclusivamente con la finalidad de matar personas, han permitido una y otra vez los asesinatos masivos, de Columbine a Newtown, pasando por Aurora, San Bernardino y Orlando.

A lo largo de su vida, John Lewis participó de muchas manifestaciones y ocupaciones y fue golpeado por la policía por exigir un cambio radical, por luchar por los derechos civiles. Quizá esta histórica ocupación del Congreso genere una ley de control de armas auténtica, significativa y duradera.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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