Una nación, “un Dios”. Piénselo bien y con cuidado

Por Jorge A. BañalesDonald Trump 

El candidato presidencial republicano Donald Trump, en un discurso reciente en Philadelphia, prometió crear “una nación bajo un Dios”. La frase vino casi al final de su presentación, y Trump reiteró con énfasis y volumen creciente “un Dios, UN DIOS, UN DIOS”.

La historia está llena de detalles interesantes: este país creció robusto y saludable sin una mención a Dios en la Constitución y sin “juramento de fidelidad” hasta1892, y el tal compromiso con la bandera y la República no incluyó la expresión “bajo Dios” hasta la versión adoptada en 1942 por el Congreso, y oficializada en 1954. Entre los promotores más entusiastas de la adición “under God” estuvo la organización católica Caballeros de Colón, y el autor de la resolución en el Congreso fue un legislador demócrata de Michigan, Louis Rabaut.

Después de escuchar la promesa, o advertencia, tronante de Trump acerca de “un Dios”, uno se pregunta si todos entendemos lo que Trump quiso significar.

Quizá no, porque el concepto de Dios es muy diferente entre los creyentes, y al mismo tiempo hay millones de personas que no creen en Dios. O quizá sí, precisamente porque debido a esas diferencias entre los creyentes y la ausencia de fe entre los no creyentes, la admonición de Trump puede ser ominosa.

¿Cuál “un Dios”?

Sh’ma Yisra’eil Adonai Eloheinu Adonai echad es una de las dos únicas oraciones indicadas específicamente en la Torá: “Oye, oh, Israel, Dios es nuestro Señor, Dios es Uno”.

ʾilāha ʾillā-llāh, muammadur-rasūlu-llāh,  es la profesión de fé, shahada de los musulmanes: “No hay más Dios que Alá, y mahoma es su profesta”.

 “En verdad, el Uno se hizo tres, se hizo ocho, se multiplicó once veces, doce veces y hasta el infinito. Este Ser entró en todos los seres y se tornó Señor de todos los seres. Éste es Atman, en el interior y en el exterior, así es, adentro tuyo y en todo lo que te rodea” es la creencia central del hinduismo.

La mayoría de los pueblos nativos de América veneraban, y veneran, a un creador todo poderoso y omnisciente, el “Gran Espíritu”.

Pero, bueno, sólo el 9,5 por ciento de la población de Estados Unidos profesa creencias religiosas no cristianas, según el Centro Pew (http://www.pewforum.org/2015/05/12/americas-changing-religious-landscape)

¿Esta su “un Dios” incluido en la promesa de Trump?

De acuerdo con el mismo informe de Pew, hacia 2014 en EE.UU. el 70,6 por ciento de la población se declaraba cristiano (una disminución de 7.8 puntos desde 2007). El 46,5 por ciento de los cristianos se declaraba “protestante” (incluidos los evangélicos con 25,4 por ciento, los “protestantes mainline” con 14,7 por ciento, y las iglesias históricamente negras con 6,5 por ciento). Sólo el 23,9 por ciento de los cristianos en EE.UU. son católicos.

Muchos cristianos, de hecho, creen que los católicos, con sus santos y sus estatuas, veneran ídolos, que el Vaticano es la Babilonia descrita en el libro de Apocalipsis, que el Papa es el anticristo y que los católicos tienen creencias y prácticas que no son cristianas. A su vez muchos católicos creen que los mormones y los Testigos de Jeová no son cristianos de veras.

Otro 22,8 por ciento de los cristianos se describió en la encuesta de Pew como “no afiliados”. Estos “no afiliados” son los que llenan las mega-iglesias oficiadas por televangelistas y predicadores de creencias eclécticas y prácticas de negocio lucrativas.

¿Cuál es el “un Dios” al cual los cristianos piensan que Trump se refirió? ¿El Dios que nos habla directamente en trances inducidos por histeria colectiva o el que tiene intermediarios como los pastores, ministros, sacerdotes, obispos y cardenales?

Y, finalmente, hay un 22,8 por ciento de personas en el país que se declaran “sin filiación religiosa”, incluidos los ateos, agnósticos y los que “no creen en algo en particular”.

¿También ellos tendrán que “unirse bajo Un Dios”?

Dado que Trump parece haber encontrado religión hace muy poco tiempo bien podemos ser caritativos y darle un margen para su ignorancia. Pero quienes han leído historia y procuran ser coherentes con sus creencias ¿tienen derecho a ser igualmente gelatinosos acerca de lo que esto de “un Dios” significa?

Los próceres de la patria fueron sabios, en realidad muy sabios, cuando en su vida pública dejaron el asunto de Dios un tanto indefinido. No hay mención de Dios en la Constitución de EE.UU. aparte de la sección de firmas donde se lee: “Dado en Convención, por Consentimiento Unánime de los Estados presentes, el Día Diecisiete de Septiembre del Año de Nuestro Señor de mil setecientos Ochenta y siete.”

Uno debe recordar, sin embargo, que la expresión “Año de Nuestro Señor” era la forma común de indicar una fecha, tal como aún en el presente hablamos de 2011, era cristiana o “después de Cristo”, sin que ello sea una profesión de fe.

Y esto no significa que los próceres no eran religiosos. Eran religiosos, algunos de ellos muy explícitamente religiosos y, de hecho, por muchos años después de aprobada la Constitución de EE.UU., algunos Estados siguieron teniendo una religión oficial. Pero los próceres también compartían la opinión de que la nueva forma de gobierno que estaban estableciendo no debería involucrarse en asuntos de religión.

La gran ironía es que el éxito de Estados Unidos como un crisol multiétnico, con diversidad religiosa y una sociedad dinámica se debe, en gran parte, al establecimiento de su propia “fe nacional” peculiar: los cuasi santos Próceres de la Patria, los textos sagrados de la Declaración de Independencia, la Constitución, la Carta de Derechos; sus propios símbolos como la bandera, el águila, el Destino Manifiesto, todas las grandes ideas que forman una visión, un sentido de fe que unifica.

Ésa es la “religión nacional” que los niños de todos los grupos étnicos y sociales aprenden en la escuela, el mito unificador que hace grande a EE.UU. de veras. Es hacia esa “religión nacional” que se dirige el Juramento de Fidelidad: la bandera y la República.

Si Trump es elegido presidente ¿tendrán los soldados católicos, evangélicos, judíos, musulmanes, sikhs, indígenas americanos o practicantes de vudú que jurar fidelidad a “un Dios” cuando prometen que servirán a la nación y defenderán la Constitución?

No. Porque cualquiera puede ver que tal requisito sería divisivo.

O, tal vez, Trump, cuya única fe auténtica parece ser la adoración de sí mismo, será capaz de un gran milagro: que los judíos, musulmanes, cristianos de todas las denominaciones, hindúes, shakers, encantadores de serpientes, chamanes, curanderas, sufíes y quienes usan LSD para abrir las puertas de la percepción de pronto se den cuenta de que todos creen en el mismo y único Dios.

Que se embromen los ateos, los agnósticos y los “sin respuesta”. Ante tal milagro, Trump bien se merecerá la adoración que le obsesiona.

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