Niñitos con miedo

Miles de niños heridos, como este en Alepo, Siria, mueren por falta de atención médica.

Miles de niños heridos, como este en Alepo, Siria, mueren por falta de atención médica.

Por Teresa Gurza

De acuerdo con reportes de la Organización Mundial de la Salud, (OMS), uno de cada dos niños fue víctima de violencia física, sexual o psicológica el año pasado; lo que significa que la padecieron alrededor de dos mil millones de niñas y niños, el 54 por ciento de la población infantil a nivel mundial.

Parte de esa violencia se muestra en fotografías cada vez más frecuentes en los medios de comunicación donde aparecen niños sufriendo o padres cargando los cuerpos inertes de sus hijos, como las de estos días en Alepo.
Quizá la más famosa fotografía de pequeños aterrados, es la de la niña vietnamita Kim Phuc de nueve años que hace ya más de cuarenta, corría desnuda y gritando “quema quema” porque el napalm con que Estados Unidos bombardeó su aldea, le había derretido la ropa y la piel; con ella, el fotoperiodista de la AP, Huynh Cong ‘Nick’ Ut, transmitió los horrores de la agresión estadunidense a Vietnam, mejor que cualquier texto.

Y entre las muchas imágenes recientes que muestran similares horrores, está la de Omran; el niño de cinco años al que vemos todo ensangrentado y sentadito en la silla anaranjada de una ambulancia tras el bombardeo a su casa ubicada en la ciudad Siria de Alepo; población donde según el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Peter Maurer, se está dando “uno de los conflictos urbanos más devastadores de los tiempos modernos”.

La foto de Omran, recuerda la de otro niñito sirio, Aylan Kurdi, ahogado a los tres años de edad al volcar la barcaza en la que su familia buscaba llegar a una isla griega; y encontrado boca abajo con sus shorts azules y camisita roja, en la arena mojada de una playa ajena.

Meses después, una fotografía de Reuters de diciembre de 2015 muestra a una niña llorosa aferrada a la espalda de su madre que con dos hijos más, se arrastra para pasar una alambrada en la frontera de Hungría; mientras el padre intenta minimizar con una cobija, los arañazos de las púas.

Esas imágenes y las de dos niñitas que en diferentes partes del mundo viven infancias atemorizadas, muestran a pequeños afectados por decisiones de jefes de gobierno que ordenan guerras y no quieren parar el tráfico de armas.

El 31 de marzo del año pasado el diario chileno El Mercurio, publicó la de Adi Hudea de cuatro años quien con los labios apretados, los brazos levantados y el miedo reflejado en sus grandes ojos cafés, se rendía ante la cámara de Osman Sagirli, que creyó era un fusil, en el campamento de refugiados de Atmen, en la frontera entre Siria y Turquía.

“Estaba usando un teleobjetivo, explicó el periodista, cuando vi a la niña y la enfoqué… y cuando miré la foto y su pavor me conmovió; porque normalmente al ver una cámara, los niños corren o sonríen; pero en los campos de refugiados, se asustan, reflejando los sentimientos que agobian a sus familias.”

Imágenes de miedos infantiles son también, las de pequeños mexicanos huérfanos y errantes por el narco y la policía; y la de una gringuita a la que su maestra explicó qué debía hacer, en caso de que una persona armada llegara disparando al jardín de niños.

“Tomé esta foto, escribió su madre al circularla en la red, porque al verla encima del excusado me pareció graciosa y se la quise enviar a mi marido; pero me quebré cuando me explicó qué estaba practicando lo que aprendió en el kínder para hacerlo bien en caso de peligro, porque su maestra les había indicado que si la escuela era atacada, debían correr al baño, encerrarse y subirse sobre los muebles, para que no se les vieran los pies y así poder despistar a los asesinos… En ese momento pensé con profunda tristeza, que mi hijita de tres años ya no ignoraba la maldad humana…”
Son así mismo violencia, el hambre y la pobreza que hemos visto en niños de Biafra y ahora de Yemén y Nigeria, solo piel y huesos.

Testimonios que por desgracia no escasean en México; como en la fotografía de cuatro niñitos indígenas de Guerrero, tristes, desnutridos, descalzos y de rostros curtidos, que pese a no tener más de seis años de edad, trabajaban junto a su madre -casi de la misma estatura- en la pizca del ejote en un campo agrícola de Guanajuato y publicada por Reforma, el 2 de julio de 2014.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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