Educación Temprana, crucial para niños latinos con dificultades de aprendizaje

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Por Esmeralda Fabian Romero

En el Condado de Los Ángeles los niños de origen latino menores de 5 años suman la mayoría entre los infantes listos para aprender y comenzar a recibir las ventajas de una educación temprana. Tales como tener éxito en los años escolares futuros y tener una mayor probabilidad de graduarse del bachillerato y de asistir a la universidad.

Pero para algunos niños con alguna deficiencia de aprendizaje, el asistir a preescolar o a algún centro de educación temprana les brinda una ventaja crucial: una menor probabilidad de terminar clasificados en un programa de educación especial.

Esto gracias a que los proveedores de cuidado infantil o educadores están capacitados para identificar las señales de alerta en sus primeros años de vida.

Esa ventaja fue la que Nancy Zambrano encontró, cuando su pequeño hijo Nicolás comenzó a asistir al centro de educación temprana Hope Street Family Center, donde a los 2 años de edad se le detectó una dificultad en el habla.

“Yo en si no me fije que el niño no tenía muchas palabras. En realidad aquí me ayudaron a darme cuenta de eso, porque como yo era madre primeriza, no tenía a nadie con quien compararlo”, recordó la madre originaria de Ecuador, quien llegó a Los Ángeles embarazada y sin conocer a nadie.

Educación Temprana, crucial para niños latinos con dificultades de aprendizaje
“Lo evaluaron y determinaron que a sus 2 años el tenía un lenguaje de 13 meses. Todo eso era lo que llevaba atrasado”, agregó.

Afortunadamente para Zambrano el personal del centro, la guió paso a paso y la refirió a un centro regional donde su hijo pudo recibir las terapias que necesitaba. Ahí mismo le diagnosticaron a tiempo otro trastorno de tipo sensorial, para el que también recibió tratamiento.

“Fue fantástico porque en un mes el niño ya estaba mejorando y lo mejor fue que le dieron las terapias en inglés y en español”, señaló la madre.

“Los padres no deben asustarse de lo que el niño pueda tener. Deben tomarlo con madurez y actuar como lo hizo Nancy. Verlo como un reto, no como un problema”, dijo la Dra. Lucia Liberman-Bert, coordinadora de servicios sociales y manejo clínico del Hope Street Family Center, quien trabajo directamente en el caso de Nicolás.

Otro tipo de deficiencias en el comportamiento que comienzan a presentarse desde temprana edad en algunos menores son el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la dislexia y hasta señales de autismo.

“La importancia de detectar habilidades socioemocionales es que los problemas de comportamiento y emocionales a temprana edad impiden el aprendizaje y suponen riesgos futuros para el ajuste escolar, el desempeño académico y al éxito vocacional a largo plazo en la adolescencia y la edad adulta”, sugiere el estudio From Neurons to Neighbohoods: The Science of Early Childhood Development.

En su libro Disconnected Kids, el Dr. Robert Melillo, fundador de los centros Brain Balance y autor de múltiples estudios del cerebro, indica que alrededor de 1.5 millones de niños en edad escolar (1 de cada 5 niños de 5 a 6 años de edad) será diagnosticado con algún tipo de desorden neurológico que le impedirá aprender e interactuar socialmente. “En la ultima década, en Estados Unidos el número de estudiantes en clases de educación especial ha crecido en un 49.6 por ciento”, sostiene Melillo en su libro.

Samantha Coelho es directora asistente del programa del centro Brain Balance en Huntington Beach, donde trabaja con niños y adolescentes que han sido diagnosticados con este tipo de trastornos. Ahí reciben terapia física y apoyo cognitivo bajo el programa creado del Dr. Mellilo, que busca balancear ambos hemisferios del cerebro.

“Los padres llegan al centro porque el comportamiento de sus hijos no les permite enfocarse adecuadamente en la escuela. Estos niños tienen un comportamiento negativo no porque sean indisciplinados, sino porque están pidiendo ayuda, porque no pueden aprender”, explicó Coelho. “En la mayoría de los casos los maestros son los que han identificado los problemas y alertado a los padres”, destacó.

Alan Romero, quien fue diagnosticado con TDAH a los 8 años de edad, asistió al centro Brain Balance, donde recibió dichas terapias con resultados exitosos. En la mayoría de los casos los niños que concluyen este programa logran alcanzar las habilidades del grado escolar correspondiente con su edad, superando un retraso de dos o más grados escolares, apuntó Coelho.

Contrario a Nicolás, En el caso de Alan no fue hasta que inició el primer grado de primaria que sus maestros alertaron a sus padres de que su comportamiento lo estaba retrasando en su aprendizaje.

“Como maestra y como directora he visto casos con niños que no tienen control de sí mismos o que no tienen socialización. Los maestros en nuestros centros pueden identificar si un niño puede tener ADHD (TDAH, en español). Ellos reciben este tipo de entrenamiento y saben como pueden intervenir o apoyar a en corregir el comportamiento”, explicó Celia Ayala, directora de LAUP (Los Angeles Universal Preschool)

Actualmente LAUP provee asistencia y fondos financieros a 500 planteles y hogares con programas educativos para 20 mil niños en edad temprana en todo el Condado de los Ángeles.

“Piensas que esta chiquito o que la maestra no es paciente con él. Pero cuando termina el primer grado, pasa al segundo, luego al tercero y el problema de comportamiento ya es de aprendizaje, entonces sabes que tienes que actuar y apoyarlo hasta donde sea necesario”, recordó el padre de Alan, Ramiro Romero.

“Si ya esperamos a que el niño este reprobando grados en segundo o tercero, ya estamos fallando, porque después ellos pierden confianza en si mismos”, sostiene Ayala. “Es una conversación difícil, porque para los padres nuestros hijos son perfectos, pero tenemos que escuchar a los expertos”.

Aun así, algunas madres como Julia Mendoza todavía creen que sus hijos están mejor criados con los abuelos. “No tengo planes de poner a mi hijo en preescolar o llevarlo a una guardería. Creo que nadie puede cuidar mejor a mi hijo que mi mamá”, sostuvo Mendoza, madre de un niño de 3 años.

Su caso es un reflejo de lo que sucede con la gran mayoría de niños hijos de inmigrantes. De acuerdo con Barbara DuBransky, directora del programa de desarrollo de First 5 LA, el 47 % de los hijos de inmigrantes de 0 a 5 años de edad están siendo criados en un ambiente “informal”.

Ayala opina que los abuelos efectivamente aportan mucho al desarrollo del bebé pero no reemplazan las ventajas de una educación temprana de calidad.

“Sabemos que las abuelas las tías, las abuelas podemos hacer mucho brindando un ambiente amoroso, pero no todos tenemos la preparación en observar, evaluar y diagnosticar. Algo que los maestros sí”, enfatizó.

Liberman-Bert destacó que uno de los grandes problemas entre la comunidad latina es darle importancia a las criticas de la gente el no informarnos, y el miedo. “Miedo a los papeles, al idioma, que lo van a abusar, que lo van a señalar. Nada de eso es más importante que el bienestar del niño. (intervenir)Lo más temprano, lo mejor”, subrayó.

La temprana detección de necesidades especiales no solo es crucial pero hasta conveniente, ya que los centros regionales, operados con fondos estatales, apoyan el desarrollo adecuado de los niños hasta los 3 años, generalmente sin costo para los padres.

Zambrano es el claro ejemplo de que el apoyo recibido en el centro educativo de su hijo fue crucial. “Hay que informarse, leer los papeles que nos dan desde que nacen en el hospital, ponerlo en practica, observar si los bebés están haciendo lo que se supone deben hacer y no tener miedo, ¡actuar!”.

Este artículo fue producido como parte del New America Media’s 2016 Early Childhood Education fellowship.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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