¿Qué significa Trump?

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Por Oscar Ugarteche

Donald Trump, como su nombre lo indica,[i] triunfó en las elecciones de Estados Unidos. Con una formación universitaria básica en la escuela de negocios de Wharton de la Universidad de Pensilvania amasó una fortuna y sobre todo visibilidad en los últimos cuarenta años. Como es tradición en los candidatos del Partido Republicano de las últimas décadas (Ronald Reagan, George W. Bush Jr.) es un hombre de pocas luces y escasa visión del mundo y sobre todo ignorante. Sobre todo es un hombre que no tiene mucha idea de las repercusiones que tiene sobre el mundo las políticas económicas que efectúan en dicho país. En cualquier caso, no le interesa.

Dice Zizek[ii] que hace 26 años Fukuyama había decretado el Fin de la Historia. El capitalismo democrático liberal se estaba instalando gradualmente en todo el mundo. Hoy la historia ha reaparecido con fuerza con el regreso triunfal de las divisiones, las crisis, la violencia y la amenaza de la guerra mundial. Se pregunta y nos pregunta ¿Cómo hemos reaccionado a este giro imprevisto en el Occidente desarrollado?

Yo me pregunto cómo hemos reaccionado a este giro en América Latina. En ambos casos es un giro político a la derecha. En Occidente es un giro más cercano al viejo fascismo con la legalización de la tortura, la detención arbitraria por tiempo indefinido y sin acusación, y el resurgimiento del discurso racista y misógino extremo. En América Latina tiene que ver con gobiernos tecnocráticos de espaldas a las demandas democráticas alineados políticamente con Estados Unidos y cerrados a las posibilidades de integración regional.

El regreso del racismo y la misoginia ocurre tras cuarenta años de incorporación en Estados Unidos de los elementos raciales y de presencia de la mujer en el discurso político en términos de igualdad por la labor tanto del American Civil Liberties Union y el National Association for the Advancement of Colored People (NAACP) como de las feministas en los años 60. Esto se obtuvo al costo al menos del asesinato de los hermanos Kennedy, de Malcom X y de Martin Luther King, sin tomar en cuenta los caídos en las revueltas por la igualdad (derecho al voto, igualdad de derechos ciudadanos, igualdad de trato- buses, taxis, escuelas, caminar en las veredas) de los afroamericanos en diversas ciudades del sur (Selma, Birmingham. Memphis, Montgomery, por nombrar las más significativas) y la incorporación de la mujer con igualdad de condiciones al mercado de trabajo y a la vida pública.

Trump ha regresado al podio político el discurso racista y misógino, dándole legitimidad tras cuarenta años. De esta forma se ha incorporado a lo que Anne Applebaum[iii] ha bautizado como la INTERNACIONAL POPULISTA que contiene al Partido de la Libertad de Austria, el Partido por la Libertad de Holanda, el UKIP británico, el Fidesz húngaro, Ley y Justicia de Polonia, y yo le agregaría el Frente Nacional francés, el Partido Popular danés, el Partido del Progreso en Noruega, y el Alternativa para Alemania.

En común, según el Boston Review , tienen un electorado masculino, blanco, de poca educación, y de trabajadores manuales o de servicios de poca calificación.[iv] Otros elementos del discurso común es que todo tiempo pasado fue mejor, por tanto es antiglobalización, pretenden acabar con las instituciones existentes, para recuperar, por la fuerza, otras del pasado (¡glorioso!). Para esto hay que hacer la revolución y expulsar a los inmigrantes volviendo a tener sociedades que son blancas (o totalmente nacionales), dar vuelta atrás a los derechos de las mujeres y de los homosexuales, terminar con la integración racial, la tolerancia religiosa y los derechos humanos. Para asegurar esto se debe acabar con las instituciones internacionales y los mecanismos de cooperación externa. Finalmente ellos proponen usar la violencia como método para obtener los resultados deseados.

Esta Internacional Populista trabaja con apoyo mutuo interviniendo en la vida política de los países donde sus partidos hermanos compiten. Por ejemplo el inglés Farage del UKIP apareció hablando en la campaña de Trump. También lo hizo el holandés Geert Wilders en una reunión de la Convención Nacional Republicana.

El surgimiento de este movimiento es análogo al surgimiento del fascismo, dice Mazower[v]. La diferencia es que mientras el fascismo estaba asustado por la llegada de la revolución bolchevique y el surgimiento de partidos comunistas dentro de sus países, hoy, desde mi punto de vista, están asustados ante la pérdida de poder mundial. La debilidad hegemónica occidental (estadounidense, británica y europea) ante un mundo cambiante lleva a esto. La islamofobia ha sustituido el antisemitismo en Europa y la latinofobia apareció renovada en Estados Unidos.

Entre los rasgos del fascismo, dice Mazower, citando a Fritz Stern, está la irracionalidad del pueblo y el misterioso carisma del dictador. Si bien el fascismo no puede regresar por las condiciones históricas que le dieron pie, hay elementos que siguen vivos como el racismo y la xenofobia. Dice Mazower que hay que preguntarse por quienes han perdido la fe en el gobierno parlamentario, en sus mecanismos de control y equilibrio y sus libertades básicas.

Agrega que los partidos políticos se han vuelto más extremistas y han comenzado a considerarse mutuamente ilegítimos. La policía y el poder judicial se han politizado recordando a la república de Weimar. El verdadero problema está, dice, en las condiciones que permiten el surgimiento del líder.

El diagnóstico económico[vi] de Trump es que en los últimos siete años, 14 millones más de personas han abandonado la fuerza de trabajo lo que da la menor tasa de participación en la fuerza de trabajo desde los años setenta.

▪ 1 de cada 5 hogares estadounidenses no tiene un solo miembro de la familia en la fuerza de trabajo.

▪ 23,7 millones de estadounidenses en sus primeros años de ingresos [edades 25-54] están fuera de la fuerza de trabajo – un aumento de 1,8 millones en los últimos siete años.

▪ El PIB real creció sólo un 1,1% en el segundo trimestre del 2016. En los últimos siete años, el PIB real creció un 2,1% el período más lento de siete años desde al menos la década de 1940.

▪ Es la más débil recuperación llamada desde la Gran Depresión.

▪ Los ingresos por hora y los ingresos débiles son hoy más bajos que en 1973.

▪ El número de estadounidenses que reciben bonos de comida durante la presidencia de Obama ha aumentado en más de 12 millones de personas.

▪ 2 millones más de latinos están en la pobreza hoy que cuando el presidente Obama tomó su juramento hace menos de ocho años.

▪ 45% de los niños afroamericanos menores de 6 años viven en la pobreza.

▪ 1 en 6 hombres americanos entre las edades de 18-34 están en la cárcel o fuera del trabajo.

▪ La deuda de préstamos estudiantiles supera los 1,3 billones de dólares, casi duplicándose bajo la administración de Obama.

▪ Desde que el presidente Obama asumió el cargo, la deuda nacional se ha duplicado.

▪ El déficit comercial de los Estados Unidos en bienes alcanzó casi 800 mil millones de dólares el año 2015 solamente.

▪ La tasa de propietarios de viviendas en los Estados Unidos cayó a 62,9 por ciento en el segundo trimestre del 2016, la tasa más baja en 51 años.

Este diagnóstico descriptivo de la economía americana no permite ver ni los problemas de productividad ni los de cambio estructural en curso. Tampoco permite ver los problemas de concentración del ingreso y la debilidad fiscal americana fruto de las reducciones fiscales corporativas llevadas a cabo desde los años 50 en todos los gobiernos republicanos. La visión del presidente electo por el Partido Republicano es crear una economía dinámica en auge que creará 25 millones de nuevos puestos de trabajo durante la próxima década.

Buscará – no dice como – aumentar el crecimiento del PIB en un 1,5 por ciento daría lugar a 18 millones de empleos por encima de las cifras proyectadas de trabajo de 7 millones, produciendo un total de 25 millones de nuevos puestos de trabajo para la economía estadounidense.

Reformar las políticas con un plan tributario para el crecimiento – bajar impuestos a lo Reagan y Bush-, un nuevo marco regulatorio moderno, una política comercial de América-Primero, un plan de energía desencadenada estadounidense y el “plan de peniques”. Sobre energía ha dicho que volvería a poner las minas de carbón de nuevo en línea y desatar los beneficios económicos de la minería del carbón.[vii]

Con esto espera aumentar el crecimiento de 2.0 a 3,5 por ciento por año en promedio, con el potencial de alcanzar una tasa de crecimiento del 4 por ciento.

Ha dicho que cree en el estado mínimo, es decir que haría una reforma estructural donde el peso del gobierno se reduciría en el PIB, desregularía y dejaría al mercado los desbalances, y sobre todo quitaría las interferencias en los procesos de inversión, lo que es importante en el tema de la energía por los efectos ambientales de tales inversiones. Ha dicho que no cree en el calentamiento climático y que cancelará 100,000 millones de dólares en gastos para el cambio climático con las Naciones Unidas en dos periodos presidenciales, y en su lugar usar ese dinero para proveer infraestructura americana incluyendo agua potable, aire limpio y seguridad.[viii]

En cuanto el papel de Estados Unidos en el mundo, ha dicho que no cree en la OTAN ni en Naciones Unidas, que ambas son muy costosas para lo que son y que si dejan de existir no hay problema pero que él pondrá a Estados Unidos primero, lo que encaja con la doctrina neoconservadora del Proyecto del Nuevo Siglo Americano de Bolton, Kagan y Kristol, entre los más conocidos y del Proyecto para la Nueva Seguridad Americana de Kagan, Zoellick, y Fontaine.

Esta visión libertaria del mundo y de la economía está apoyada por su equipo económico que es esencialmente del mundo financiero. Si la crítica era que con Clinton gobernaba Wall Street sobre Main Street, con Trump es igual.

▪ Los asesores son:
▪ Tom Barrack, Colony Capital
▪ Andy Beal, Beal Bank
▪ Stephen Calk, Federal Savings Bank
▪ Dan DiMicco, former CEO of Nucor
▪ Steve Feinberg, Cerberus Capital Management
▪ Dan Kowalski, deputy policy adviser for the Trump campaign
▪ Howard Lorber, Vector Group
▪ David Malpass, Encima Global antes de Bear Sterns
▪ Steven Mnuchin, Dune Capital antes de Goldman Sachs
▪ Stephen Moore, Heritage Foundation
▪ Peter Navarro, University of California Irvine
▪ John Paulson, Paulson & Co.
▪ Steve Roth, Vornado Realty

Finalmente, con la carga ideológica de la Internacional Populista y con los vacíos de conocimientos la interrogante es cuánto podrá hacer el presidente electo de su agenda. ¿Desmantelará las discusiones sobre desarrollo sostenible y cambio climático? Si lo logra, ¿esto hará a Estados Unidos más poderoso?

Si echa a todos los mexicanos ¿la economía de los Estados de Texas y Arizona como se verán afectadas? ¿Qué pasará con la agricultura? ¿Con la mano de obra barata? ¿Cómo reaccionará el sector automotriz estadounidense y europeo si desarma el TLCAN? La ignorancia es osada y hay la historia de los años 20 para recordarnos que sí son capaces de salirse de Naciones Unidas y la OTAN, como se salieron en 1921 de la Liga de las Naciones que Wilson fundó en 1919. También son capaces de poner aranceles de 180% como puso Hoover en 1930, empujando al mundo a una depresión inconmensurable. Lo han hecho antes. Pero hay historia escrita sobre las consecuencias. Esto sin duda frenará sus pulsiones tanáticas o encenderá luces de alerta a su entorno.

Lo que es irreversible es la liberación de los prejuicios raciales contra los mexicanos en particular y los latinos en general y la misoginia. Eso que es irracional está liberado y junto con un discurso sobre la violencia para los fines “correctos” puede tener efectos muy perjudiciales para todos. El surgimiento de un Ku Klux Klan anti latino no sería extraño.

Mientras tanto el 9 de noviembre la bolsa de Nueva York reaccionó con felicidad a la elección. El resto del mundo reaccionó con nerviosismo.

Fuente: América Latina en Movimiento (ALAI)

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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