Feliz año 2017

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Por Teresa Gurza

Copiando a mis amigos Anita y Marcos Leonel Posadas que así me felicitaron, les deseo a todos que pasen el 2017, sanos y contentos, con ilusiones y buenos recuerdos.

Escribo este artículo ya para terminar el 2016, recordando fines de año pasados.

De niña y adolescente con mis papás, alguna vez intentando patinar en hielo en el Rockefeller Center frente al árbol de Navidad y casi siempre en Acapulco con amigos suyos y sus hijos, disfrazándonos mientras nuestros padres festejaban; fue ahí, donde un fin de año bailé por primera vez en mi vida de cachetito en el bar La Rana, sobre la costanera al Revolcadero y no me lavé la cara esa noche, para no perder la sensación suave y maravillosa que dejó en la mía, la mejilla de un pelotari.

En Valparaíso y Buenos Aires con queridos amigos.

En Polpaico, Chile, totalmente enamorada y sin que nada más importase.
Años después en la parroquia de San Pedro Mártir compartiendo la cena comunitaria.

En la República Dominicana, en lo que hoy es el famoso Punta Cana y era solo una bellísima playa sin grandes hoteles, jugando bingo en mesas populares instaladas en las calles.

En Cuba helándome por el frio del aire acondicionado, que ponían a todo lo que daba en los hoteles.

En Moscú gozando los Zalyuts como llaman a los cañonazos de fuegos artificiales que salían de diversos puntos, mientras comía sandwichitos de caviar y daba de cuando en cuando mordiditas al helado de vainilla que llevaba en la bolsa del abrigo y por estar bajo cero no se derretía.
En la taiga siberiana a muchos grados bajo cero, platicando al aire libre mientras caían al suelo hielitos formados por los alientos; fenómeno que allá se conoce como el susurro de las estrellas.

En los Montes Tatras bebiendo vinito caliente con especies, antes de asistir a una misa campesina donde aldeanas bailando frente a un altar adornadísimo, seguían arrullando al Niño en pañoletas de colores.

En Praga con camaradas latinoamericanos, brindando casi cada hora para celebrar el inicio de año en los horarios de cada país.

En Morelia aterrada por las balas que se suelen disparar en todas partes, en esa fecha.

En Celaya con hermanos, cónyuges e hijos que entonces allá vivían y usando ropa interior roja y amarilla para la buena suerte.
Muchas veces en Viña del Mar con Matías; sintiéndome la mujer más feliz del mundo por estar con ese hombre excepcional contemplando el espectáculo de los fuegos artificiales y su reflejo en el mar y cenando langosta.

En Mendoza Argentina con Matías y sus nietos consentidos Maucito y Kiko, que quisieron celebrar la Nochevieja “a la mexicana”; y lo hicieron, tirando con sus rifles de diábolos desde la ventana del hotel a la placita de enfrente.

En Pucón al sur de Chile, inaugurando la casa de Pablo el hermano de Matías y de su divertida y cálida familia; cuyas hijas hicieron para las mujeres, largos trajes de noche con manteles de papel.

Han sido muchos años y muchos los diferentes lugares y rituales usados para empezar bien el año nuevo; y ahora desde Cocoyoc, ruego para que el que viene sea bueno para todos.

Podríamos acabar el 2016, en el que vimos tanta tristeza, corrupción falta de solidaridad y tontería, dinamitando su número; como en su artículo de esta semana en Reforma nos cuenta Jorge Alcocer que hizo el comentarista de noticias John Oliver (Last week tonight), en su última transmisión del año.

Recuerdo ahora, un artículo de Guillermo Altares en El País del 24 de noviembre, en el que se relata que desde la Navidad de 1951 el mundo andaba mal; y como se pensaba que era porque se estaba imponiendo a Europa unas fiestas consumistas y poco espirituales y solidarias que nada bueno traerían, las iglesias católica y luterana se unieron para protestar contra la paganización de la Navidad y el protagonismo creciente de Santa Clos.

Y el 23 de diciembre de ese año, encendieron una hoguera frente a la catedral francesa de Dijon, y lo quemaron; acto que fue recogido por El País, de una crónica escrita entonces en el diario France Soir por Levi Strauss, uno de los según intelectuales franceses más lúcidos y leídos del siglo XX.

Dinamitemos o quememos pues juntos, al 2016 para empezar con alegría y esperanza el 2017; y lograr un año sano, tranquilo y lleno de bendiciones.

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About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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