A los Reyes

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Por Alfonso Villalva P.

Los reyes magos, como cada año, enviaban representantes plenipotenciarios a la Alameda central de la Ciudad de México para recibir las peticiones de los niños, quienes, bajo solemne juramento de buena conducta, presentaban pliegos petitorios más largos aún que los de cualquier sindicato que se respete.

Dentro de la confusión de las multitudes, -siempre las hay, nos lo advirtió Monsivais-, los reyes magos se congelaron al conocer la solicitud de Etziquio, un niño de nueve años, de clase media, que estudiaba el cuarto año en una primaria, un niño de la Colonia del Valle.

Etziquio Martínez no pedía juguetes. Se presentó ante Melchor, espetándole, con voz firme, mirada fija, mandíbula rígida: “yo quiero recuperar la dignidad que me robaron los que me han precedido. Exijo, pues lo merezco, una ciudad limpia, en la que pueda respirar sin temor a adquirir enfermedades insólitas; una ciudad en la que pueda estudiar tranquilamente, sabiendo que nadie acuchillará a mi madre al regreso del mercado para robarle el brazalete de bisutería que le regaló papá en su aniversario; una ciudad en la que los funcionarios cumplan y que al corrupto se le confine en prisiones atroces”.

“Protesto airadamente –continuó Etziquio- por el fétido futuro que me están preparando mis mayores, quienes impunemente arrojan sus desperdicios a la calle –excreciones incluidas-, preparando un festín de asquerosidades en detrimento del mañana. Exijo, además, normas de aplicación estricta para detener el vergonzante desperdicio de agua que todos realizan o consienten, desgraciándome el futuro, pues la sequía significará violencia y codicia generalizadas”.

“También demando, en nombre de mis compañeros de escuela y de edad, educación para todos, no solo para los que tenemos alguna posibilidad económica, por mínima que esta sea. Que se estimule la difusión cultural, y se vilipendie a los malnacidos que manipulan nuestra superación”.

“Quiero que me concedan la oportunidad de dar un ultimátum a todos aquellos que abusan de la ya deteriorada infraestructura citadina, y con desorden, corrupción y avaricia, impiden el mejoramiento de la vialidad, el transporte y la planeación urbana. Finalmente, exijo a los capitalinos que saben leer, y no lo hacen, que tomen los libros como antídoto a la decadencia urbana, enriqueciendo la razón, para regresar a la cordura como tabla de salvación a mi porvenir”.

Así dijo a Melchor Etziquio Martínez, un niño de nueve años, de clase media, que estudiaba el cuarto año en una primaria de la Colonia del Valle.

Twitter: @avillalva_

FaceBook: Alfonso Villalva P.

About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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