Mosquitas muertas


Por Teresa Gurza

Estando el mundo y México tan enfermos revueltos, problemáticos y divididos, quise escribir esta vez sobre algo en lo que mujeres y hombres, viejos y jóvenes, ricos y pobres, izquierdistas y derechistas, coincidiéramos.

Pensando y pensando, encontré pocos asuntos en los que no hubiera alguna divergencia; pero creo que todos estamos de acuerdo, en que los mosquitos son odiosos.

Una de las lecturas que más me impresionó de niña, fue una narración china de un campesino muy humilde que vivía con sus hijos pequeños, en un lugar infestado de zancudos.

Y para impedir que los picaran, se abría la camisa y no se movía hasta que los insectos se retiraban gordos y satisfechos, por la sangre que le habían sacado.

He recordado ese cuento muchas veces; pero sobre todo, cuando hace unos 25 años en una casita de obreros de la presa El Infiernillo en Michoacán, vi un bebé tan picado que no tenía un espacio libre de ronchas y desesperado y llorando se retorcía de comezón y dolor, ante la desesperación de su madre que lo untaba de pies a cabeza, con polvo de haba; porque ahí no había médico, ni tenía para llevarlo a Lázaro Cárdenas.
Por alguna razón a mí no me pican; pero siempre al matarlos, pienso en ese niñito para darles con más ganas.
Y es que con excepción de los políticos corruptos, hay pocos seres más molestos que los zancudos y su zumbido; basta con uno, para pasar la noche dando manotazos o periodicazos para librarse, cuando menos, del ruido.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, OMS, la mitad de la población mundial está en riesgo permanente, de padecer alguna de las enfermedades que causan estos insectos.

Y más ahora que con el calor y las lluvias, aumenta su número y la posibilidad de contraer malaria, paludismo, dengue, chicongunya, fiebre amarilla, o el zika que ha causado a muchos niños deformidades y microcefalia.

No me acuerdo donde leí, que sólo las hembras pican; porque la sangre que succionan es indispensable para la formación de sus huevos; y que los machos, prefieren alimentarse del néctar de flores.

A lo mejor de ahí viene la expresión, “mosquitas muertas”, que tan bien le cae entre otras, a Josefina Vázquez Mota.

Veo en Wikipedia, que los insectos causantes del Dengue y el Zika se llaman Aedes aegypti; y pueden identificarse fácilmente porque tienen rayas blancas en sus patas.

Información no muy útil; porque no va a estar una pendiente de ver cómo son las patas del animal, antes de lanzarle el toallazo.

Las mosquitas que trasmiten paludismo, se llaman Anopheles y se caracterizan, por ser más grandes que las Aedes; pican solo al amanecer o en las tardes y preferentemente en codos y rodillas de humanos; pero en ocasiones, van contra perros, gatos o caballos.

Hay también, unas medio primas de las Anopheles que causan una enfermedad tropical llamada Trancazo, que le dio a mi mamá en Acapulco hace como 50 años, postrándola todas las tardes de los meses de vacaciones, con fuertes dolores y altas temperaturas.

Informa la OMS, que las mosquitas de todas clases depositan alrededor de 900 huevos cada vez y que prefieren hacerlo en agua limpia o poco turbia; en dos o tres días, los huevos se convierten en larvas, que crecen hasta ser adultas listas para picar; pero solo trasmiten enfermedades si una ya infectada, pica a una persona susceptible.

Y ¡aguas!, porque pueden estar muy cerca de nosotros aunque no las veamos, ya que suelen vivir semanas agazapadas en plantas, rincones obscuros, aguas estancadas, cortinas y persianas.

Sea cual sea su escondite, tamaño y diseño, los males causados por sus picaduras tienen síntomas parecidos: dolores articulares y musculares, fiebre alta, náuseas, sarpullido, vómitos, inflamación de los ganglios linfáticos, dolores intensos de cabeza y detrás de los globos oculares; que en el caso del Dengue Hemorrágico, llegan a ser mortales.

Puede ser también letal, la Chikungunya; cuyo nombre deriva de una dolencia africana que significa “doblarse de dolor”; y sus intensísimas molestias y dolores pueden durar meses o incluso años, porque no existe ni tratamiento ni vacuna.

Por eso, es mejor combatirlas sacudiendo bien la casa, vaciando recipientes con agua estancada, echando insecticida, prendiendo velas; o mejor aún, tomando vitamina B y colocando plantas que tienen aromas que les disgustan, como citronela, yerbabuena o lavanda, que además de oler riquísimo y ser relajante, evita los alacranes.

About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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