El inventor de las telenovelas

Por Teresa Gurza

Valentín Pimstein Wainer, murió este martes a los 91 años de edad, en su natal Santiago de Chile.

Conocido como padre de las telenovelas, Valentín tuvo claro desde muy chico que quería dedicarse a contar historias y persiguió su sueño con pasión.

Inteligente, entusiasta, divertido, generoso y muy trabajador, le encantaba platicar anécdotas de su vida; sobre todo, las relacionadas con alguna de las muchísimas telenovelas que inventó.

Lo conocí igual que a su esposa Victoria, hace unos 15 años; cuando volvieron a residir en Santiago tras seis décadas fuera y 56 años de vivir en México, internacionalizando “estrellas” y enriqueciendo y haciendo grande a Televisa con su talento; y no sólo en el área dramática.

Formaba con Victoria que le sobrevive, una pareja solidaria, cálida y culta; y así lo reconocen actrices, actores, colaboradores y amigos.

Era tan optimista, que parecía que nunca hubiera pasado momentos difíciles; pero los tuvo y muchos.

Hijo de emigrados ruso-judíos, “recuerdo a mi mamá siempre embarazada y oyendo radionovelas; y a mi papá siempre trabajando para poder mantenernos”, Valentín organizaba desde los seis años, funciones de teatro con hermanos y primos a los que pintaba bigotes, colocaba diademas y hacía actuar ante familia y vecinos; recibiendo por ello palizas de su padre don Marcos, que quería se dedicara a algo de provecho; “entonces se pensaba, que así se podía cambiar una vocación”.

El creador de tantos sueños, empezó a tener los suyos la primera vez que se sintió rechazado; lo que ocurrió, cuando ninguno de los compañeritos de su escuela, asistió a su cumpleaños por ser judío; marginación que se le hizo patente de sopetón y lo marcó para convertirse, en un contador de historias en las que la vida siempre puede mejorar.

A los 25 años salió de Chile con pocos pesos, buscando llegar a México para conectarse con el productor de cine, Gregorio Walerstein.

El dinero alcanzó solo hasta Guatemala; donde consiguió trabajo como chofer de una mujer dueña de seis Cadillacs, que usaba guantes y pieles en verano; lo que provocó las risas de Valentín y su despido.

Sin un quinto ni lugar donde dormir, entró como mozo-reportero a Radiomundo; y fue velador, chofer, mesero y cocinero del restaurante El Pelícano.

Aburrido dejó Guatemala y arribó a México con algunos dólares y sin conocer a nadie, para buscar a Walerstein.

Consiguió su dirección y fue a pedirle trabajo como productor; le respondió que en el dudoso caso de necesitarlo, lo llamaría.

Pero Valentín decidió esperar ahí mismo.

“Pasé un año leyendo Historia de México, sentado en un sillón verde de su antesala. Me enamoré de Pancho Villa y comía lo que me invitaba un chileno becado para estudiar medicina; siempre eran tortas de huevo con chorizo de Toluca y las llegué a odiar”.

Siguió ahí “sentadito”, hasta que se requirió de urgencia un chofer para llevar artistas a Acapulco y como estaba a mano, lo emplearon; y se mostró tan eficiente, que le dieron otras chambitas; empezó a ayudar a producir películas y se mudó “a un cuartito infecto donde se colaban aire, lluvia y frío, frente a Televicentro”.

En una de sus idas a la televisora, conoció a Cuco Sánchez quien lo habilitó como mariachi de su bar La Rendija, que estaba de moda entre políticos y sus movidas; y donde además de cantar, leía la suerte y vendía seguros.

“’Mira, le dijo Cuco, en la madrugada todos están borrachos y lo que menos importa es si eres chileno y cantas mal, así que te me bajas el sombrero hasta los ojos y entonas lo que sea”.

Hábil para contactarse con la gente, conoció a Emilio Azcárraga Milmo “que llegaba con niñas muy guapas y unos 20 huevones que lo padroteaban”; intentó venderle un seguro y no lo convenció; pero a cambio, lo invitó a trabajar en Televicentro.

En esas estaba, “cuando un viernes de 1962, me llamó Victoria Eugenia Ratinoff una bella compatriota que pasaba por México, para entregarme una carta de familia”.

Se gustaron, el sábado la llevó a Xochimilco y a bailar a la Zona Rosa, y el lunes se casaron; y aunque su encuentro y boda fueron como de telenovela, su matrimonio fue amor del bueno y cumplieron 55 años de casados con tres hijos y seis nietos.

La invitó a ver una de sus películas “pero le pareció un churro horrible y decidí dedicarme a otra cosa”; y como Azcárraga le reiteró la oferta de trabajo, empezó con un programa dominical de venta de autos; incluyó después lanchas y modelos en bikini, que encantaron a televidentes y patrocinadores.

A poco, empezó a hacer radionovelas y telenovelas y debió superar intrigas y envidias, muchas veces en situaciones chistosísimas; como cuando debió disfrazarse de mujer glamorosa para ser recibido por el ejecutivo de Televisa, Víctor Hugo O’farril, que solo atendía a chicas bonitas.

Uno de sus primeros éxitos fue Gutierritos; hubo después muchísimos más, que se difundieron en 125 países; como La Colorina, Rosa Salvaje, y Los ricos también lloran, que causó furor hasta en Moscú.

About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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