Prosigue la búsqueda de 24 militares chilenos desaparecidos en la nieve

La nieve y la lluvia dificultaban este domingo el avance de patrullas que por cuarto día buscaban a 24 militares chilenos desaparecidos en la montaña, después de encontrar los cadáveres de otros 21 soldados del regimiento de Los Angeles, 500 km al sur de Santiago.

Las patrullas rescataron los últimos siete cuerpos en la víspera, en las alturas de Antuco, donde una tormenta de nieve sorprendió a los militares el miércoles pasado cuando realizaban una marcha de entrenamiento entre dos refugios cordilleranos separados por una distancia de 25 km.

El comandante en jefe del Ejército, general Juan Emilio Cheyre, informó el domingo que los últimos cuerpos fueron identificados por sus familiares y reiteró el compromiso del Ejército de continuar por tiempo indefinido el patrullaje de las montañas situadas entre el volcán Antuco y la Laguna del Laja.

Aunque en la víspera las condiciones climáticas mejoraron y permitieron el trabajo de los helicópteros y las patrullas terrestres, los servicios meteorológicos anunciaban que durante la jornada se desencadenarían intensas nevadas, lluvia y vientos en la zona donde se concentra la búsqueda.

Un grupo de 112 sobrevivientes fue rescatado el sábado desde el refugio de “Los Barros”, hasta donde se replegaron después de la tormenta, y su llegada al regimiento local desencadenó la incontenible alegría del reencuentro con sus familias que los aguardaban.

Las víctimas de la “Tragedia de Antuco”, la peor del Ejército chileno en tiempos de paz, eran soldados menores de 20 años que cumplían su servicio militar.

“Mientras estuvimos allá nunca supimos que había muertos, porque los oficiales nos subían el ánimo y nos mantenían constantemente en actividad”, relató la joven Paola Herrera, una de las seis mujeres militares que integraban el grupo.

“Lo único que hicimos fue orar, para que el tiempo mejorara y nos pudieran evacuar”, dijo otra militar, Cecilia Salazar, en declaraciones al diario Las Ultimas Noticias.

Soldados conscriptos que pidieron reserva de sus nombres, porque afirmaron tener prohibido hablar con la prensa, recordaron que pudieron salvarse deslizándose a gatas entre la nieve o aferrados al compañero que marchaba delante.

La alegría de los sobrevivientes marcó sin embargo un contraste con la angustia de los familiares de los desaparecidos, que aguardan información en el regimiento y algunos de los cuales responsabilizan a los oficiales superiores por la “Tragedia de Antuco”.

María Mellado, que se identificó como portavoz de los familiares, difundió una declaración en la que dice que estos no entienden “las razones que tuvieron los oficiales para mandar a la muerte a nuestros hijos, protegiéndose ellos de la tempestad de nieve en el refugio”.

“¿Por qué nuestros hijos? ¿Dónde están los hijos de la clase más acomodada de nuestro Chile? ¿Por qué todos los muertos representan a los más pobres?”, se preguntó la vocera, en un comunicado que hizo llegar a la AFP a través del correo electrónico.

La madre de Jonathan Bustos, uno de los desaparecidos, relató que discutió con el oficial instructor, que a su vez intentó explicarle lo que ocurrió con el grupo donde marchaba su hijo.

“Se volvió para atrás porque se les habían caído algunos. Les dijo que siguieran marchando, y cuando miró, no había ninguno. Eran 28 cabros (muchachos) perdidos,..¡28 cabros que dejó botados…!”, protestó a viva voz Gloria Bastidas.

El presidente Ricardo Lagos llegó la tarde del sábado a Los Angeles para expresar su solidaridad a los familiares de las víctimas y a los soldados que sobrevivieron a la tormenta de nieve o “viento blanco”.

“Hoy despedimos a estos soldados del Ejército de Chile como héroes de la paz”, dijo Lagos, hablando en el patio del regimiento ante los féretros que contenían los primeros cuerpos rescatados, cubiertos con la bandera chilena y rodeados de una guardia de honor.

Al dirigirse a los familiares, luego de un oficio religios

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