¿Qué hace Isabela en frente de la OEA?

 Si usted visita la Organización de Estados Americanos en Washington, DC, será recibido en la acera por una estatua de la Reina Isabel la Católica, defendiendo el camino de entrada al majestuoso edificio.   Isabela fue reina de la naciente España, producto de la fusión, durante su reinado, de Castilla, que heredaba ella, con Aragón, por parte de su marido Fernando.  

Rescataron de los moros los territorios de Al Andalus, y, después de la muerte de Isabel, Fernando añadió a Navarra, consolidando así a España como la principal potencia europea de entonces.  

Muy bien para España, pero, ¿qué hace Isabela, quien nunca pisó los suelos de América, en frente de la OEA?  Su estatua, regalo de España, fue dedicada el 14 de abril de 1966.  Desde 1931, el 14 de abril se observa en 21 países americanos el Día de las Américas, recordando la fecha en 1890 cuando, en la primera Conferencia Internacional Americana, realizada en Washington, se creó la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas, predecesora de la Organización de los Estados Americanos (OEA), fundada en 1948.

Todo lo cual explica cuándo sucedió, pero no esclarece el misterio, ni por qué cada Día de las Américas se realiza una ofrenda floral a la estatua de Isabela.  Después de todo, España pudo regalarla—muy agradecidos, muy agradecidos, muy agradecidos—pero eso no requiere que los estados americanos la pongan por lo tanto de anfitriona del edificio de la unión americana, ni le pongan flores.  No vamos a encontrar a una estatua de Atahualpa o de Cuauhtémoc frente a La Moncloa en Madrid, dándoles la bienvenida a los españoles que visiten su palacio de gobierno, ni ante los edificios de la Unión Europea o de la OTAN.  

Entonces ¿qué hace la Isabela representándonos? ¿Es que es ella la expresión idónea de nuestros pueblos?  ¿O se trata de un recordatorio de que, para algunas personas, América no existió hasta que dos reyes feudales españoles, con miras a  descubrir una mejor ruta mercantil a la China, lanzaron a un marinero aventurero genovés que inesperadamente se topó con gentes que dio por llamar indios?” 

Será por eso: Isabel tuvo la visión necesaria para descubrirnos, aunque fuera inesperadamente.  Y si no nos descubre, ¿dónde estaríamos?

En 1492, los moros abandonan su último reducto al norte de África, victoria  reivindicada tanto por española como por cristiana. Ese año, los reyes afianzan la conquista de Gran Canaria, La Palma y Tenerife.  El orgullo nacionalista combina con la ya existente Inquisición, derivando en la expulsión de los judíos y de la conversión forzosa de los musulmanes que quedaban.  En 1492, Colón y su expedición tocan tierra en las Bahamas.

Los conquistadores bebieron de la belleza y riqueza de las nuevas tierras, y dedicaron su conquista al oro, a su dios, y a la Corona. 

Entre las enfermedades, las guerras, y la explotación, la colonia trajo la muerte de los indígenas por millones. Veamos los siguientes datos de Wikipedia.

Muy probablemente se trata del mayor desastre demográfico de la historia: la despoblación del Nuevo Mundo, con todo su terror, con toda su muerte.  

El investigador norteamericano H. F. Dobyns ha calculado que un 95% de la población total de América murió en los primeros 130 años después de la llegada de Colón.  Por su parte, Cook y Borah, de la Universidad de Berkeley, establecieron luego de décadas de investigación que la población en México disminuyó de 25,2 millones en 1518 a 700 mil personas en 1623, menos del 3% de la población original…México recién recuperaría la población que poseía en el siglo XV, en la década del 60 del siglo XX. 

El historiador peruano Villanueva Sotomayor sostiene que:

Todo indica que el Tahuantinsuyo tenía quince millones de habitantes. En los tiempos de la Colonia la población indígena disminuyó drásticamente. En efecto, en 1620 la población llegaba sólo a los 600 mil habitantes. De 1532 a 1620, había 14.400.000 habitantes menos, en apenas 88 años.

La disminución media por década fue de 1.655.172 habitantes. Por año: 165.517 habitantes. Por día: 453 habitantes.     ….

Cuando Colón llegó a América la población de España y Portugal juntas no llegaban a 10 millones de personas y en toda Europa vivían entre 57,2 y 70 millones. La población total de los pueblos originarios superaba varias veces la cantidad de españoles y portugueses en todas las estimaciones, y Dobyns la ha estimado en 110 millones.

Los imperios inca y azteca, cada uno, superaban en población a españoles y portugueses. Treinta años después, España y Portugal ya superaban en población a los mexicanos y quechuas y un siglo después tenían más habitantes que toda la población indígena americana.

En esas condiciones la posibilidad de que se mantuvieran en pie las culturas e imperios desarrollados autónomamente en América por milenios, era inverosímil. España, que llegó a América con menos de la mitad de la población mexicana, 20 años después tenía el doble, y 100 años después tenía más de diez veces la población mexicana. Frente a la magnitud de estos datos y el exterminio que por sí solos produjeron de las sociedades americanas, la incidencia de los factores militares o culturales en el proceso de conquista pueden considerarse menores.

El historiador estadounidense Charles Mann dice que España "no habría vencido al Imperio (Azteca) si, mientras Cortés construía las embarcaciones, Tenochtitlán no hubiera sido arrasada por la viruela en la misma pandemia que posteriormente asoló el Tahuantinsuyu… La gran ciudad perdió al menos la tercera parte de población a raíz de la epidemia, incluido Cuitláhuac".

Algo similar sucedió con el Imperio Inca, derrotado por Francisco Pizarro en 1531. La primera epidemia de viruela fue en 1529 y mató entre otros al Emperador Huayna Cápac, padre de Atahualpa. Nuevas epidemias de viruela se declararon en 1533, 1535, 1558 y 1565, así como de tifus en 1546, gripe en 1558, difteria en 1614 y sarampión en 1618. Dobyns estimó que el 90% de la población del Imperio Inca murió en esas epidemias.

No cabe duda alguna que el colapso demográfico de la población original de América fue una causa esencial de su derrota militar.

Hasta aquí los datos extraídos de Wikipedia.  A la diezma de los pueblos indígenas habría que añadir la trata de esclavos africanos por parte de España, que no terminaría hasta mediados del siglo XIX, y que significaría la muerte de millones de personas y la despoblación y destrucción de múltiples naciones africanas.  Todo esto fue el resultado de la colonia impulsada por Fernando y por Isabela, la misma que hoy nos recibe al llegar a la OEA.

¿Quién aprobó la puesta de la estatua de Isabela?

En 1966, la OEA contaba con estos miembros o sus representantes, entre otros:

La dictadura militar de Brasil.
La dictadura de Francois Duvalier en Haití.
La Nicaragua de Tachito Somoza.
El gobierno militar en Bolivia del General Alfredo Ovando Candia, quién tres años después daría un golpe de estado contra el presidente electo.
En Guatemala, el Coronel Enrique Peralta Azurdia, quien derrocó al General Ydígoras Fuentes por medio de un golpe de estado.
En Honduras, oficiales golpistas bajo el General Oswaldo López.
En El Salvador, el Partido de Conciliación Nacional, asociado a los militares.
En Ecuador, el mandatario provisional Clemente Yerovi (marzo de 1966), nombrado por una junta militar.
La junta nombrada durante la ocupación de la República Dominicana por fuerzas armadas de EU.
El presidente Lyndon Johnson de EEUU, quien ordenó la invasión de la República Dominicana y un apoyo total al golpe militar en Brasil mientras conducía la guerra contra Viet Nam.

Basta para dar una idea de la América de 1966.  (En 1962, Cuba había sido suspendida por la OEA por no encajar dentro de los principios democráticos de la organización.  Fidel Castro dijo entonces que “la OEA no es más que un ministerio de colonias yankis, un bloque militar contra los pueblos de la América Latina.”)

Entendemos, entonces, quiénes colocaron a la estatua de la reina.  Hoy, 40 años después, allí sigue ella, impasible, como extraño y anacrónico símbolo de la unión americana que debe ser la OEA. 

Pero todo cambia.  En este siglo, América Latina y el Caribe ya no son los mismos que antes, como nos recuerda la elección por un margen record en Bolivia de Evo Morales, presidente indígena e indigenista.   Ya los pueblos no tienen vocación de colonias. Tampoco la OEA es la misma de antes.   Cabe entonces preguntar: ¿Qué hace Isabela en frente de la OEA?

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